S?bado, 06 de marzo de 2010

Invoquemos al Espíritu Santo:

“Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María Santísima, tu amadísima Esposa”.

 

Dios es Amor

 

Dios es Amor, Dios es Bueno: “nadie es bueno sino solo Dios” (Lc 18, 19). Las criaturas son buenas porque participan de la bondad esencial de Dios. Dios carece de pecado, por eso es tres veces santo: “Santo, Santo, Santo, es el Señor” (Isaías 6, 3); es absolutamente benigno con nosotros, sus criaturas: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito” (Jn 3, 16).

Vemos en el Antiguo Testamento que Dios elige y se revela al pueblo de Israel solo por amor. Y por amor no cesó de salvarlo y perdonarle sus pecados e infidelidades.

San Juan dirá que “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8. 16); es decir, que el ser mismo de Dios es Amor.

Dios siempre quiere nuestro bien porque nos ama y nos creó a todos para que después de esta vida que es una prueba, vayamos a gozar de Él para siempre en el Cielo.

NO debemos perder de vista JAMÁS esta verdad: Dios es Amor. Porque puede suceder que los golpes de la vida nos hagan desfigurar el rostro de Dios. Eso es lo que quiere Satanás con las pruebas que nos pone en el camino y que Dios permite: hacernos desconfiar de Dios, de su amo, de su bondad para con nosotros. Pero pase lo que pase, creamos firmemente que Dios lo quiere o lo permite por amor.

Un ejemplo de esto lo tenemos claramente en el libro de Job, en donde leemos cómo el demonio es el que le produce a Job toda clase de males, permitidos por Dios para el adelantamiento del santo varón. Sería muy bueno que lo leamos y meditemos frecuentemente.

Dios no es el que nos pone a prueba ni tampoco el que nos tienta, sino que permite al enemigo que lo haga, y a nosotros nos da los auxilios necesarios para salir vencedores, porque Dios transforma en bien todo el mal que se hace.

¿Acaso Dios Padre no ama a su Hijo?

Claro que lo ama. Tanto es así que ese amor que se tienen el Padre y el Hijo es el Espíritu Santo. Pues bien, a pesar de todo lo terrible que tuvo que pasar Jesús, Él no duda de la bondad y el amor de Dios ya que al final de su padecer le llama “Padre”: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46).

Tomemos ejemplo del Maestro y jamás dudemos de la bondad y el amor de Dios.

Y si no entendemos por qué nos pasan ciertas cosas, digamos: “En el cielo voy a verlo todo claramente y comprenderé que Dios lo permitió por su gran, infinito amor hacia mí”.

Que la Virgen nos ayude en esta tarea de creer que Dios es Amor, como Ella lo hizo en el terrible momento al pie de la Cruz de su Hijo.

 


Tags: Dios, amor

Publicado por mario.web @ 22:42
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