Martes, 16 de marzo de 2010

Todos hemos visto los efectos que en la superficie tersa de un estanque, produce el arrojar una piedra. Desde su pequeño epicentro se dan una serie de olas concéntricas, cada vez más amplias que llegan hasta la orilla más lejana. Es una imagen perfecta de la repercusión que se da en la comunidad humana a causa de los actos personales.

 

En efecto: Ningún acto, bueno o malo que una persona realiza, deja de tener su trascendencia o repercusión, a favor o en contra del bien de la comunidad, del bien de los demás.

 

Por el organismo espiritual que formamos todos los bautizados (Cuerpo Místico de Cristo) fluye, de continuo, la corriente de la gracia divina, que va vivificando todas las partes de ese organismo.

 

Ni más ni menos que lo que pasa en el cuerpo humano, con la sangre. Cuando esta fluye por las venas y arterias, rica en oxigeno y elementos nutrientes, todo el cuerpo se beneficia. Al contrario los efectos son perniciosos y hasta mortales, cuando la sangre esta contaminada por toxinas o carente de nutrientes.

 

¡Que responsabilidad y también que misión tan altruista, el poder contribuir cada persona con su comportamiento bueno o malo en la suerte, vitalidad o muerte de los demás!


Tags: piedra, estanque

Publicado por mario.web @ 18:38
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