Lunes, 22 de marzo de 2010


Jaume Boada i Rafi O.P.

 

Hermano: pon en descanso tu propio corazón.

 

Tu, que buscas a Dios; tu, que sientes en tu alma el deseo de orar; tu, que percibes la voz del Señor que te invita a un encuentro profundo con El, no desoigas su voz. Ten la serenidad y la disponibilidad necesarias para "perder tu tiempo" con Dios. Renuncia por un momento a tu actividad. Deja este ritmo de vida marcado, inexorablemente, por las agujas del reloj.

 

Vive tu tiempo para Dios como "un tiempo fuera del tiempo".

 

Esta atento... No duermas, pero tampoco tengas prisa.

 

Piensa en ti. Busca recrear tu propio interior. No creas que esta actitud es egoísta.

 

Las personas que comparten tu vida no solo necesitan de ti, o de tu servicio, o de tu disponibilidad. Esperan que tu les puedas decir con tu vida una palabra que nazca de dentro, una palabra del alma, una palabra que suene a silencio.

 

No vivas en actitud prescindente o alienada. Piensa que es necesario que renueves tu interioridad.

 

Para ello, dile al Señor un si muy grande, muy sincero. Estas dispuesto a encontrarte con El. Después, en la vida, tendrás que ser su testigo.

 

Ten en cuenta que en estos días te asediara la tentación de la actividad o de las prisas. Te molestara el recuerdo de las cosas que aun tienes por hacer. No te dejes vencer por estas preocupaciones. Ahora tienes un tiempo para renovarte a fondo, haciendo nuevo tu corazón, mas disponible para amar y para darse.

 

Llora, si, llora por ti. Reconoce tus pecados y, con ellos, el gran pecado de la superficialidad. Llora por tus egoísmos.

 

Deja a un lado el planteamiento activista de tu vida, la eficiencia, el "hacer por hacer" a cualquier precio, olvidando, incluso, lo mas necesario, olvidando que eres tu y el Señor quienes hacen el camino.

 

Valora tu tiempo como un tiempo de Dios y para El. Busca hacer de tu vida una ofrenda de alabanza y de adoración al Padre por amor.

 

Pero, para ello, no puedes ignorar y desconocer la realidad del Señor vivo y presente en tu propio corazón, que llama sin cesar a la puerta de tu alma: "Estoy a la puerta y llamo -dice el Señor-. Si alguien me abre, cenare con el y el conmigo".

 

Vive siempre en Dios, plenamente arraigado en la vida y, desde ella, aprende a orar la Palabra. Aprende a orar la Palabra, es la Palabra del Señor, tu Dios, tu Señor, tu Amor, tu Vida. Y para ello, busca sin cesar caminos de oración en tu vida. Buscar es amar y amar es buscar, el Espíritu Santo guía tu ruta. Escúchalo.

 

Mete a Dios en tu vida. Libérate para conseguirlo de todas aquellas ataduras que te dificultan el camino para descender a tu propio corazón.

 

No dudes en guardar en tu vida espacios reservados a la soledad y al silencio. Este es un tiempo privilegiado para ello.

 

En la soledad y en el silencio comprenderás la verdad de las palabras de Guillermo de Saint-Thierry: "El que vive en Dios nunca se siente menos solo que cuando esta solo". Y Esto es así porque saborea su felicidad. Entonces es dueño de si mismo, porque disfruta de Dios en el y de el en Dios.

 

Ama la soledad, donde el Señor te hablara al corazón para recordar su amor primero. Allí te capacitaras para acoger la Palabra, para orarla en tu vida.

 

"Una palabra hablo el Padre -dice San Juan de la Cruz-, que fue su Hijo". Y esta Palabra siempre habla en el eterno silencio. Y en silencio ha de ser oída del alma.

 

Reconoce que caminar por la ruta del corazón te exigirá subir a la montaña y al desierto con el Señor para orar y para ser tentado, para ser probado.

 

El Espíritu te conducirá hacia el Monte Sinai para reconocer la trascendencia de Dios y la inmensidad inabarcable de su misterio.

 

Pero también tendrás que subir a la montaña, donde podrás contemplar el rostro transfigurado y luminoso del Señor. Recuerda, sin embargo, que para los discípulos predilectos de Jesús, fue una visión fugaz, como para darles a entender que "mas estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor; dice, de nuevo, San Juan de la Cruz-, que todas las consolaciones y visiones espirituales y meditaciones que puedas tener".

 

No dudes en mantener tu fidelidad al camino que has emprendido cuando la oscuridad o el desconcierto se adueñen de tu alma. Ten fe. El te ha llamado. Vive con amor tu andar, pues no consiste el amor en sentir mucho, sino en experimentar gran desnudez y sufrimiento por alcanzar a contemplar el rostro del Señor a quien amas. El te ha hecho caminar en el deseo de contemplar su rostro.

 

Que puedas decir, en verdad, con el apóstol Pablo: "Para mi, vivir es Cristo", ya que, en encontrar esta vida has puesto tu empeño y tu vocación consagrada.

 

Conduce también tu corazón al Monte de los Olivos, que es el lugar donde aprenderás a vivir amorosamente y en cruz la voluntad del Padre. Desde este Monte veras ya el Calvario, el lugar de la Cruz.

 

No temas la Cruz, no la rehuyas. Para que tu alma pueda encontrarse cara a cara con el rostro del Señor, tendrás que poder decir, como Pablo, el apóstol a los Gálatas: "Estoy crucificado con Cristo. Vivo yo, mas no soy yo, es Cristo quien vive en mi".

 

También subirás al Monte de las Bienaventuranzas. Escucharas en tu alma las palabras de Jesús. Te encontraras, cara a cara, con la Palabra , el Verbo. El Señor Jesús, que te dice con fuerza: "Ten la alegria que yo tengo, la alegria plena. Se feliz. Bienaventurados los pobres de alma. Bienaventurados los limpios de corazon. Bienaventurados los que sufren persecucion por causa de la justicia.. Bienaventurados… bienaventurados…".

 

Abandonate, para ello, al querer de Dios, aunque sea muchas veces un querer de Cruz.

 

"No te canses, que no entraras en el sabor y la suavidad del Espiritu -dice Juan de la Cruz-, si no te dieres a la mortificacion de todo esto que quieres".

 

Que tu alimento sea el evangelio, y tu apoyo el libro de los Salmos, oracion de la vida y de la fe.

 

Canta a la vida con gozo, pues el Senor esta en ti, Salvador y Rey. Si, El se hara mas cercano cuando mas atras dejes tu propio camino y vayas realizando lo que El quiere para ti.

 

Conviertete en hombre nuevo creado a imagen y semejanza de Dios. Para ello reconoce tu pecado y canta su misericordia que no tiene fin.

 

Abrete a la misericordia y dejate salvar por el amor.

 

Confia tu oracion al viento del Espiritu. Reconoce para ello tu pobreza. Que la humildad, la pequenez de alma te haga libre. Aceptate con tus pobrezas y con tus limitaciones. Haz como el nino que se deja llevar por la mano amorosa del Padre.

 

Busca la comunion interior en la paz contigo mismo, en la serenidad y docilidad con la que aceptas las manifestaciones de Dios, y en la caridad, el amor fraterno que es tu norma de vida entre los hermanos. Se para todos ellos, sacramento del encuentro de todos con el Senor. Amalos y aceptalos en tu vida.

 

No hagas tu camino en solitario. Vive en comunion con los que comparten tu vida. La soledad en la que haces tu camino hacia el corazon, hacia el encuentro con Dios, ha de ser una soledad en comunion.

 

Mira, desde la perspectiva que te ofrece el camino esencial de tu busqueda de Dios, el rostro nuevo que adquieren los hermanos. Reconoce en los mas pequenos y pobres, en los que mas sufren, el rostro de Cristo herido.

 

No dudes en pasar del amor a la soledad contemplativa, al encuentro de comunion con los hermanos. Hazte presente en ellos y hazlos presente en este tiempo de silencio. Son siempre parte esencial de tu camino de encuentro con Dios.

 

Descubre las manos que se tienden ante ti pidiendo tu ayuda, tu pan, tu consuelo. No llegaras al templo de Dios si pasas de largo ante el hermano herido en el camino. Recuerda la parabola del Buen Samaritano.

 

Vive el amor con libertad. No te ates, no condiciones tu vida con una manera de amar que te aparte del camino. Aprende a amar y a escuchar, pero ama si ilusiones, ama a tus hermanos tal y como son. Que no te limite el amor si los encuentras manchados por el polvo de la vida o el sudor y las lagrimas del dolor.

 

Ten un corazon bueno y se testigo de la ternura de Dios.

 

Sientate en la mesa de comunion que es la Trinidad Santa que habita en tu alma. Ella esta en ti, hace camino contigo. Es una fiesta de comunion.

 

Encuentrate con el rostro de Cristo grabado en la cruz. Vive con intensidad su presencia sacramental en el Sagrario. El Maestro esta aqui y te espera.

 

Reconoceras, a lo largo de tu ruta, que lo que mas buscas y deseas ya esta en ti.

 

Vive la comunion con la presencia divina de la gracia que esta en lo mas profundo de tu ser y haz como Maria: se docil a la obra de Dios en ti. Magnifica la grandeza de su amor con la misma verdad con la que reconoces tus limites.

 

Acoge al Espiritu Santo. Guarda en ti la Palabra , vive en Cristo y, como Maria, canta su misericordia sin fin.


Tags: buscas, Dios

Publicado por mario.web @ 14:40
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