Lunes, 06 de septiembre de 2010

CON EL CORDERO SE OFRECI? A S? MISMA?

?? ?Cu?l es la participaci?n de la Virgen Mar?a en el Misterio de la Cruz?

"La participaci?n de mi Madre en el Misterio de la Cruz es un hecho ?nico en la historia del g?nero humano y tambi?n en la historia del Cielo.

Mi Madre, solo Ella entre todas las mujeres, es verdadera Sacerdotisa. Ella, bien erudita en las Sagradas Escrituras, iluminada sobreabundantemente por el Esp?ritu Santo, aceptando la maternidad divina bien sab?a lo que iba a ser de Ella.

Por lo dem?s, el viejo Sime?n, sin t?rminos medios le dijo: "y t?, oh mujer, tendr?s el coraz?n traspasado.. . etc."

Mi Madre conserv? en su coraz?n esta tremenda profec?a, para Ella l?mpida y transparente, tanto que la misma profec?a fue como hoja afilada que le traspas? el coraz?n durante toda su vida.

Mi Madre fue verdadera Sacerdotisa. ?

No en el sentido com?n, en el que lo son en cierto modo, los bautizados y los confirmados. Ni siquiera en el sentido ministerial, sino en modo diferente, y todav?a m?s profundo, de quien ha recibido el Sacramento del Orden.

Mi Madre fue y es verdadera Sacerdotisa en cuanto que en la cima del Calvario ofreci? al Padre la V?ctima pura y santa, el Cordero de Dios, su Hijo y con el Cordero se ofreci? a s? misma.

Ella es tambi?n v?ctima por los pecados.

Presente, consciente, copart?cipe, no sufri? la acci?n, pero - con el Hijo suyo divino - fue verdadera protagonista del drama de la Redenci?n en el que se centra la historia del g?nero humano.

En este doble ofrecimiento, que se renueva en cada Misa, est? la acci?n por la cual el Sacerdote es verdaderamente tal. Nunca en efecto el Sacerdote es tan Sacerdote como cuando, junto a M?, me ofrece a M? mismo y a s? mismo al Padre.

Por esto mi Madre es corredentora.

Para realizar este ofrecimiento mi Madre ha debido anonadarse enteramente a s? misma. La v?ctima se destruye, la v?ctima se consuma. Ella ha debido destruir su coraz?n de Madre santa y pura, la m?s santa entre todas las madres.

Ha debido sacrificar e inmolar todo sentimiento suyo, ha debido y querido repetir su ?fiat? y, como Jes?s y con Jes?s ha dicho: ?no se haga, oh Padre, mi voluntad sino la tuya?.

S?lo un amor indescriptible, incomprensible, un amor sin dimensiones humanas la ha hecho capaz de tan grande prodigio.

Mi Madre, como Sacerdotisa, ha testimoniado a Dios y a los hombres la m?s grande prueba de amor que consiste en sacrificar no la propia vida, sino la vida de Aquel a quien m?s se ama.?

Tremenda sorpresa?

Los hombres saben poco y reflexionan menos todav?a sobre lo poco que saben.

Los hombres y muchos ministros m?os y almas consagradas, no consideran que el Misterio de la Cruz se renueva incesantemente. D?bilmente creen en la sublime realidad del Misterio de la Cruz, que se perpet?a en el Santo Sacrificio de la Misa.

Los sacerdotes no piensan que junto a M?, que estoy presente en la Hostia consagrada, est? mi Madre como en el Calvario, que ofrece al Padre, al mismo tiempo que a M?, tambi?n a s? misma.

Piensa, hijo, qu? tremenda sorpresa ser? un d?a para muchos de mis ministros el descubrir el hecho de haber sido s?lo materialmente, Conmigo y con la Madre m?a y suya, protagonistas de estos grandes misterios.

Reflexiona en cu?ntos frutos no logrados, en cu?ntas almas no santificadas por la ceguera culpable de muchos ministros m?os.

Reflexiona en los sacrilegios continuos.

Mi Madre est? y permanece en perfecta comuni?n Conmigo. En Ella se han cumplido grandes cosas. ?Qu? ejemplo es mi Madre para todos los sacerdotes!

Si mis sacerdotes se inspiraran en esta perfecta comuni?n que interviene entre M? y mi Madre, luchar?an cotidianamente por el aniquilamiento total del propio yo.

Ofreci?ndose al Padre junto a M?, sigui?ndome en la Cruz en lugar de seguir al mundo, experimentar? an que mi yugo es suave y ligero.? Ver?an el ?rbol de mi Iglesia, riqu?simo de frutos.

Hijo, el mundo se est? precipitando hacia la ruina como una terrible avalancha. Cuando una avalancha inicia su descenso, raramente se la advierte; su movimiento inicial es imperceptible, luego, poco a poco, crece y se hace arrollador.

Pues bien, la avalancha ha iniciado su marcha y los hombres ciegamente no advierten el desastre hacia el que se precipitan.

La alarma se ha dado, casi in?tilmente. Poqu?simos la han acogido; much?simos la han ignorado.

Pero lo que m?s entristece mi Coraz?n Misericordioso y el Coraz?n Inmaculado de la Madre m?a y vuestra, es el hecho de que demasiados sacerdotes hayan ignorado las m?ltiples llamadas venidas del Cielo. Tremenda responsabilidad. ..

?Rezar, reparar, ofrecer!

Esto urge decir; esto urge hacer.

?

Mons. Ottavio Michelini
28 de Julio de 1975?


Publicado por mario.web @ 8:19
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