Martes, 07 de septiembre de 2010

Los cristianos, en cuanto llamados a reproducir en s? mismos la
imagen de Cristo (cf Ef 4, 13), han de hacer ver con el testimonio
irrefutable de su vida que Dios es el mejor Amigo del hombre, que no
tiene 'celos' del hombre, sino 'celo' por el hombre. Y que reconocerle
como Creador y como Padre es encontrar el verdadero fundamento de la
dignidad de la persona humana y descubrir su verdadera originalidad
frente a todos los dem?s seres del universo.

[5] Y especialmente los cristianos-religios os, en virtud del
radicalismo de nuestra fe, tienen que demostrar que la vida consagrada,
aun teniendo en cuenta las inevitables renuncias y sacrificios que lleva
consigo, es capaz de forjar aut?nticas personalidades humanas,
realizadas, maduras y, por consiguiente, felices. Y sabemos que
demostrar es mucho m?s que `mostrar', que poner delante.
Porque es hacer ver con argumentos convincentes. Es lo que afirma,
gr?ficamente, la expresi?n castiza: "Meter por los ojos".
De manera que no haya m?s remedio que `verlo', aunque uno no
quisiera. S?lo, de ese modo, la vida consagrada ser? de verdad
cre?ble y se convertir? en un testimonio fehaciente de ese Dios,
que es Amor para el hombre y que, por lo mismo, quiere y busca su plena
realizaci?n y su definitiva felicidad. Por eso, Juan Pablo II, a los
pocos d?as de iniciar su misi?n pastoral como Papa, habl? del
triple testimonio que ha de dar en la Iglesia todo religioso y toda
religiosa: "El testimonio, ante todo, de la coherencia seria con los
valores evang?licos y con el propio carisma... El testimonio, luego,
de una personalidad humanamente realizada y madura, que sabe establecer
relaci?n con los dem?s, sin prevenciones injustificadas, ni
imprudencias ingenuas, sino con apertura cordial y sereno equilibrio. El
testimonio, por ?ltimo, de la alegr?a" (1). He aqu? un
verdadero "programa de formaci?n", inicial y permanente.

La personalidad se constituye y se define por la recta independencia:
Recta independencia en el 'ser' y en el 'actuar'. En esto coinciden la
noci?n metaf?sica y la psicol?gica de personalidad. Y, siendo
las tres dimensiones m?s hondas de la persona humana el pensamiento,
la libertad y el amor, la personalidad integral abarca estas tres
dimensiones y supone una cierta plenitud psicol?gico moral y un
desarrollo arm?nico y progresivo de acuerdo con la edad de esas
mismas dimensiones. De este modo, surgen: la personalidad intelectual, o
la recta independencia en el pensar (esp?ritu cr?tico); la
personalidad volitiva, o la recta independencia en el actuar (sentido de
responsabilidad) ; y la personalidad afectiva (madurez afectiva), o la
recta independencia en el amar. Ser de verdad persona, en el sentido
pleno y cabal de la palabra, es el `derecho' y, al mismo tiempo,
el `deber' m?s fundamental de todo ser humano. Pero lo es,
todav?a m?s, y por especiales razones, del religioso y de la
religiosa.

Entre las tendencias o constantes, que con mayor fuerza se vienen
manifestando, en la vida consagrada, desde el mismo Concilio hasta
nuestros d?as -y que, sin duda, seguir?n vigiendo en el futuro- se
destacan el reconocimiento expl?cito y la vigorosa afirmaci?n de
la primac?a de la persona humana -como ya hemos recordado- y, al
mismo tiempo, la valoraci?n tambi?n `prioritaria' de la
vida comunitaria Dos tendencias, que -si se entienden bien- son
realmente complementarias, porque se implican y se explican mutuamente.
Con dos peligros graves, cuando se confunde la 'persona' con el
'individuo'; y la 'comunidad' con el 'grupo', que ser?an "el
individualismo disgregante y el comunitarismo nivelador" (VFC 39).
El individualismo, desde el punto de vista psicol?gico y
sociol?gico, es un verdadero 'atentado' contra la 'persona', porque
destruye la aut?ntica 'personalidad' . Y, desde el punto de vista
teol?gico, es una 'condenaci?n' , porque excluye del ?mbito
propio de la salvaci?n. Y el comunitarismo es la disoluci?n de la
verdadera comunidad.

La persona es un ser abierto, que tiene y mantiene comuni?n y
comunicaci?n profunda con otras personas y, en definitiva, con Dios.
El individuo, en cambio, ha roto toda vinculaci?n profunda con los
otros, aisl?ndose de las dem?s personas, y vive cerrado sobre
s? mismo... Ca?n, en el desierto despu?s de haber matado a su
hermano, huyendo de Dios y de s? mismo es el s?mbolo humano y
religioso del 'individualismo' . La persona s?lo es de verdad persona
en relaci?n profunda con las dem?s personas, es decir, en
comunidad. Y una comunidad s?lo merece de verdad este nombre, cuando
es comunidad de personas.

La persona es siempre creadora de comunidad, porque es sujeto activo y
pasivo de relaciones interpersonales, que son las ?nicas que crean
comunidad. Un conjunto de personas constituyen una comunidad. El
individuo s?lo es capaz de crear grupo o simple equipo de trabajo,
pero no verdadera comunidad. Y, por su parte, la comunidad aut?ntica
es 'creadora de personas', porque es escuela permanente de
'personalizaci? n' y de crecimiento personal, por medio de relaciones
interpersonales cada vez m?s estrechas y profundas. Por eso, si una
comunidad 'ahoga' o diluye la originalidad de cada persona, no es
verdadera comunidad, sino grupo. La 'comunidad' destaca el valor y la
'personalidad' de la persona. El 'grupo' pone de relieve lo colectivo,
es decir, lo neutro e impersonal. La comunidad se caracteriza por la
unidad y por el pluralismo. En cambio, el grupo se caracteriza por la
simple uniformidad exterior. La unidad enriquece, mientras que la
uniformidad empobrece. Pablo VI hizo esta grave afirmaci?n: "Si
algunos religiosos dan la impresi?n de estar oprimidos por su vida
com?n, la que por el contrario hubiera debido haberles hecho crecer,
?no se deber? a que falta aquella cordialidad y amabilidad con que
se alimenta la esperanza?" (ET 39).

La praxis de la vida comunitaria consiste en ir entretejiendo, sin
desfallecimiento y sin descanso, una red de relaciones interpersonales,
cada d?a m?s profundas, que mantengan a las personas en mutua
abertura y en mutua comuni?n. Unas relaciones de conocimiento y amor
que las libere de la soledad y las vaya enriqueciendo natural y
sobrenaturalmente y les vaya posibilitando el fiel cumplimiento de su
misi?n. No se trata -ni siquiera como ideal- de tener todos las
mismas ideas, los mismos sentimientos, un mismo car?cter o
desarrollar todos la misma actividad. Esto -si fuera posible- ser?a
empobrecedor.

Como presupuesto necesario, para vivir en intercomuni?n, hay que
valorar a todos y a cada uno de los miembros de la comunidad como
persona. Por consiguiente, cada uno debe ser considerado y tratado
siempre:

-como persona, que debe realizarse a s? misma en la interrelaci?n
e intercomuni?n
fraterna;

-como persona, que est? destinada directa e inmediatamente a Dios;

-como persona, que es hija del Padre en su Hijo Unico, por la acci?n
del Esp?ritu Santo;

-corno persona, que no puede ser `dominada' por nada ni por
nadie, ni manipulada o utilizada como instrumento en orden a una
empresa, aunque sea de apostolado, sino que debe ser admitida
amorosamente a la intercomuni?n fraterna y a la colaboraci?n en la
misi?n apost?lica; teniendo muy en cuenta que la verdadera
colaboraci?n es siempre de persona a persona, y no de persona a
instrumento.

En definitiva, "el que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se hace a s?
mismo m?s hombre" (GS 41). Porque la divinizaci?n es la m?s
plena realizaci?n humana de la persona.


Publicado por mario.web @ 11:20
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