Martes, 07 de septiembre de 2010

Ron Rolheiser (Tradujo para Ciudad Redonda, Carmelo Astiz

?Qu? queremos decir cuando afirmamos que "hacemos un
sacrificio"? ?He sacrificado mi carrera por mis hijos! ?Me
sacrifico much?simo por mi trabajo! ?El amor exige muchos
sacrificios! ?Algunas veces tenemos que sacrificar hasta nuestra
misma vida para ser ?ntegros! ?Cristo se sacrific? por nuestros
pecados! ?La Eucarist?a es un sacrificio!

[5] Teniendo en cuenta lo que es com?n a todas estas expresiones,
podemos extraer la definici?n de sacrificio que trae el diccionario
Webster: "La entrega o renuncia de algo de valor en aras de otra
cosa".

?sa es una buena definici?n, pero contiene en s? m?s de lo
que parece a simple vista, como es evidente cuando nos fijamos en el
concepto de sacrificio en las Escrituras jud?as y cristianas. Toma,
por ejemplo, la famosa historia de Abrah?n, cuando Dios le pide que
sacrifique a su hijo Isaac. ?Qu? hay, en el fondo, detr?s de la
invitaci?n de Dios a Abrah?n de sacrificar a Isaac sobre un altar?

Los elementos externos de la historia son ?stos: Abrah?n ha
anhelado durante muchos a?os tener un hijo. Finalmente, aunque la
situaci?n es humanamente imposible, Sara concibe, y Abrah?n recibe
un hijo, Isaac, a quien se le describe como el "?nico", su
"tesoro, "su vida". Pero entonces Dios invita a Abrah?n a
tomar a Isaac y ofrecerlo en sacrificio. Abrah?n, con el coraz?n
angustiado, est? conforme con la petici?n de Dios, y lleva para
ello la le?a, el fuego y un cuchillo; en el camino todo el rato tiene
que responder a la curiosidad de su hijo acerca de por qu? no lleva
una v?ctima para el sacrificio.

Cuando llegan al lugar del sacrificio, Abrah?n recoge la le?a,
enciende el fuego, amarra a Isaac, y entonces llega a blandir el
cuchillo para matarlo. Pero Dios interviene, interrumpe el sacrificio
y, en cambio, proporciona a Abrah?n un carnero para que lo ofrezca
como sacrificio. La historia acaba con Abrah?n e Isaac volviendo
juntos a su tierra. ?Qu? lecci?n profunda podemos captar en
esta historia?

En un primer nivel, la lecci?n es que Dios no quiere sacrificio
humano alguno; pero hay una lecci?n m?s profunda, m?s ?ntima
que nos ense?a algo sobre la necesidad innata, dentro de nosotros, de
ofrecer sacrificios. Dicho sencillamente, la lecci?n es ?sta: Para
recibir algo como don, lo tenemos que recibir dos veces. ?Qu?
implicaciones tiene esto?

Un don o regalo, por definici?n, es algo que no se merece, pero que
se da gratis. ?Cu?l es nuestro primer impulso cuando nos regalan
algo? Nuestra respuesta instintiva es: "?No puedo aceptar esto!
?No lo merezco!" En esencia, ese gesto, esa saludable respuesta
instintiva, es un intento de devolver el regalo a su due?o. Pero,
naturalmente, el donante reh?sa recoger el regalo y nos lo vuelve a
ofrecer asegur?ndonos: "Pero yo quiero que tengas esto".?
Cuando lo recibimos por segunda vez, es ya m?s aut?nticamente
nuestro, porque, al intentar devolverlo, reconocimos saludablemente que
era un regalo, inmerecido.

?ste es el juego exacto de din?micas en la historia de Abrah?n
cuando se ofrece para sacrificar a Isaac. Su hijo Isaac llega a ?l
como el regalo m?s grande, m?s inmerecido de su vida. Su buena
disposici?n para sacrificarlo va paralela al gesto instintivo:
"?No merezco esto! ?No puedo aceptar esto!" Y devuelve el
regalo a Dios, su donante. Pero el dador, todo Amor ?l mismo,
interrumpe el gesto sacrificial de Abrah?n y le ofrece el regalo del
hijo por segunda vez. Ahora Abrah?n puede recibir a Isaac sin
reservas, como don. Cuando regresan a casa, Isaac es ya hijo de
Abrah?n de un modo nuevo, como nunca antes lo hab?a sido.
Abrah?n tuvo que recibir el don dos veces, sacrific?ndolo la
primera vez.

?sa es la esencia del sacrificio: Recibir algo adecuadamente,
incluida la vida misma, exige que lo reconozcamos precisamente como don,
como algo inmerecido. Y hacer eso requiere sacrificio, una
disponibilidad para devolver a su dador algo del regalo o el regalo
entero.

Vemos esto como la din?mica subyacente en el ritual del sacrificio
antiguo. Por ejemplo: Un labrador recoger?a una cosecha. Pero, antes
de que ?l o su familia comieran aunque fuera un simple bocado, el
labrador tomar?a algo de ella (los "primeros frutos", las
primicias) y lo ofrecer?a a Dios en forma de sacrificio, normalmente
quem?ndolo, de forma que el humo ascendiendo a los cielos devolviera
algo de la cosecha a Dios, a quien el labrador percib?a como el
dador real de aquella recolecci?n. Despu?s de sacrificar algo de
esa manera, el labrador y su familia podr?a ya disfrutar del resto
sin reservas morales, porque, al intentar devolverlo a su autor, tomaban
ellos m?s conciencia de que todo era regalo y don de Dios. Ahora
pueden ya ellos disfrutarlo sin sentido alguno de culpa precisamente
porque, por medio del sacrificio, lo han reconocido como don.

?sa es la quintaesencia de todo sacrificio, ya sea el sacrificio de
una carrera a causa de nuestros hijos o bien el sacrificio de Jes?s
en la cruz. El sacrificio reconoce el don como don. Como en la historia
de Abrah?n, el sacrificio intenta devolver el regalo a su dador, pero
el dador manda interrumpir el sacrificio y devuelve el don al
beneficiario, de una manera todav?a m?s profunda.

Disfrutar?amos inmensamente m?s nuestras vidas, si
entendi?ramos bien esto.


Publicado por mario.web @ 11:23
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