Martes, 07 de septiembre de 2010

Son varios los caminos por los que podemos acercarnos al Se?or Jes?s y as? vivir una existencia realmente cristiana, es decir, seg?n la medida de Cristo mismo, de tal manera que sea ?l mismo quien viva en nosotros (ver G?l 2,20). Una vez ascendido a los cielos el Se?or nos dej? su Esp?ritu. Por su promesa es segura su presencia hasta el fin del mundo (ver Mt 28, 20). Jesucristo se hace realmente presente en su Iglesia no s?lo a trav?s de la Sagrada Escritura, sino tambi?n, y de manera m?s excelsa, en la Eucarist?a.

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?Qu? quiere decir Jes?s con "venid a m?"? ?l mismo nos revela el misterio m?s adelante: "Yo soy el pan de vida. El que venga a m?, no tendr? hambre, el que crea en m? no tendr? nunca sed." (Jn 6, 35). Jes?s nos invita a alimentarnos de ?l. Es en la Eucarist?a donde nos alimentamos del Pan de Vida que es el Se?or Jes?s mismo.

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?No est? Cristo hablando de forma simb?lica?

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Cristo, se arguye, podr?a estar hablando simb?licamente. ?l dijo: "Yo soy la vid" y ?l no es una vid; "Yo soy la puerta" y Cristo no es una puerta.

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Pero el contexto en el que el Se?or Jes?s afirma que ?l es el pan de vida no es simb?lico o aleg?rico, sino doctrinal. Es un di?logo con preguntas y respuestas como Jes?s suele hacer al exponer una doctrina.

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A las preguntas y objeciones que le hacen los jud?os en el Cap?tulo 6 de San Juan, Jesucristo responde reafirmando el sentido inmediato de sus palabras. Entre m?s rechazo y oposici?n encuentra, m?s insiste Cristo en el sentido ?nico de sus palabras: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida" (v.55).

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Esto hace que los disc?pulos le abandonen (v. 66). Y Jesucristo no intenta retenerlos tratando de explicarles que lo que acaba de decirles es tan solo una par?bola. Por el contrario, interroga a sus mismos ap?stoles: "?Tambi?n vosotros quer?is iros?". Y Pedro responde: "Pero Se?or... ?con qui?n nos vamos si s?lo t? tienes palabras de vida eterna?" (v. 67-68).

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Los Ap?stoles entendieron en sentido inmediato las palabras de Jes?s en la ?ltima cena. "Tom? pan... y dijo: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo." (Lc 22,19). Y ellos en vez de decirle: "expl?canos esta par?bola," tomaron y comieron, es decir, aceptaron el sentido inmediato de las palabras. Jes?s no dijo "Tomad y comed, esto escomo?si fuera mi cuerpo.es un s?mbolo de mi sangre".

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Alguno podr?a objetar que las palabras de Jes?s "haced esto enmemoria?m?a" no indican sino que ese gesto deb?a ser hecho en el futuro como un simple recordatorio, un hacer memoria como cualquiera de nosotros puede recordar alg?n hecho de su pasado y, de este modo, "traerlo al presente" . Sin embargo esto no es as?, porquememoria,?anamnesis?o?memorial, en el sentido empleado en la Sagrada Escritura, no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamaci?n de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los hombres. En la celebraci?n lit?rgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales. As?, pues, cuando la Iglesia celebra la Eucarist?a, hace memoria de la Pascua de Cristo y ?sta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreci? de una vez para siempre en la cruz permanece siempre actual (ver Hb 7, 25-27). Por ello la Eucarist?a es un sacrificio (ver Catecismo de la Iglesia Cat?lica nn. 1363-1365).

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San Pablo expone la fe de la Iglesia en el mismo sentido: "La copa de bendici?n que bendecimos, ?no es acaso comuni?n con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ?no es comuni?n con el cuerpo de Cristo?". (1Cor 10,16). La comunidad cristiana primitiva, los mismos testigos de la ?ltima cena, es decir, los Ap?stoles, no habr?an permitido que Pablo transmitiera una interpretaci? n falsa de este acontecimiento.

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Los primeros cristianos acusan a los docetas (aquellos que afirmaban que el cuerpo de Cristo no era sino una mera apariencia) de no creer en la presencia de Cristo en la Eucarist?a: "Se abstienen de la Eucarist?a, porque no confiesan que es la carne de nuestro Salvador." San Ignacio de Antioqu?a (Esmir. VII).

Finalmente, si fuera simb?lico cuando Jes?s afirma: "El que come mi carne y bebe mi sangre...", entonces tambi?n ser?a simb?lico cuando a?ade: "...tiene vida eterna y yo le resucitar? en el ?ltimo d?a" (Jn 6,54). ?Acaso la resurrecci?n es simb?lica? ?Acaso la vida eterna es simb?lica?

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Todo, por lo tanto, favorece la interpretaci? n literal o inmediata y no simb?lica del discurso. No es correcto, pues, afirmar que la Escritura se debe interpretar literalmente y, a la vez, hacer una arbitraria y brusca excepci?n en este pasaje.

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Si la misa rememora el sacrificio de Jes?s, ?Cristo vuelve a padecer el Calvario en cada Misa?

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La carta a los Hebreos dice: "Pero ?l posee un sacerdocio perpetuo, porque permanece para siempre... As? es el sacerdote que nos conven?a: santo inocente...que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada d?a... Nosotros somos santificados, mediante una sola oblaci?n ... y con la remisi?n de los pecados ya no hay m?s oblaci?n por los pecados." (Hb 7, 26-28 y 10, 14-18).

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La Iglesia ense?a que la Misa es un sacrificio, pero no como acontecimiento hist?rico y visible, sino como sacramento y, por lo tanto, es incruento, es decir, sin dolor ni derramamiento de sangre (ver Catecismo de la Iglesia Cat?lica n. 1367).

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Por lo tanto, en la Misa Jesucristo no sufre una "nueva agon?a", sino que es la oblaci?n amorosa del Hijo al Padre, "por la cual Dios es perfectamente glorificado y los hombres son santificados" (Concilio Vaticano II. Sacrosanctum Concilium n. 7).

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El sacrificio de la Misa no a?ade nada al Sacrificio de la Cruz ni lo repite, sino que "representa, " en el sentido de que "hace presente" sacramentalmente en nuestros altares, el mismo y ?nico sacrificio del Calvario (ver Catecismo de la Iglesia Cat?lica n. 1366; Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios n. 24).

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El texto de Hebreos 7, 27 no dice que el sacrificio de Cristo lo realiz? "de una vez y ya se acab?", sino "de una vez para siempre". Esto quiere decir que el ?nico sacrificio de Cristo permanece para siempre (ver Catecismo de la Iglesia Cat?lica n. 1364). Por eso dice el Concilio: "Nuestro Salvador, en la ?ltima cena, ... instituy? el sacrificio eucar?stico de su cuerpo y sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz." (ver Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium n. 47). Por lo tanto, el sacrificio de la Misa no es una repetici?n sino re-presentaci? n y renovaci?n del ?nico y perfecto sacrificio de la cruz por el que hemos sido reconciliados.


Publicado por mario.web @ 15:11
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