Viernes, 10 de septiembre de 2010

La sociedad contempor?nea sufre un peligroso desconcierto espiritual, que se agrava a diario debido a ciertas leyes que alteran el sentido profundo de instituciones b?sicas ?como es, por ejemplo, el matrimonio-, a la tergiversaci?n manipuladora de conceptos tan decisivos como libertad, independencia, amor..., a la falta de criterios s?lidos en el enfoque de los problemas decisivos de la existencia.

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Para formar debidamente la personalidad de ni?os y j?venes en un ambiente social desconcertado se requiere tener ideas muy precisas y l?cidas acerca de lo que es la persona humana, las leyes de su desarrollo, el ideal que impulsa su crecimiento... Tales ideas se adquieren al descubrir las doce fases del proceso de desarrollo personal. Ese descubrimiento m?ltiple ?realizado en la obra de Alfonso L?pez Quint?s Descubrir la grandeza de la vida, Ed. Puerto de Palos, Buenos Aires- nos permite vivir una serie de transfiguraciones (el cambio de ciertos objetos en ?mbitos, la superaci?n de la actitud ego?sta de dominio y manejo, la transformaci?n de la mera vecindad en una relaci?n de encuentro...). Estos ascensos a niveles superiores de realizaci?n nos producen admiraci?n, gozo y entusiasmo. Entramos, con ello, en el ?mbito de la ?Pedagog?a de la admiraci?n?. Cuando un ni?o o un joven se adentra en ?l, inicia una carrera de sucesivas elevaciones que lo llevar?n a un estado de libertad interior y, por tanto, de madurez intelectual y espiritual.

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Lo decisivo en la vida es elevarse del nivel 1 ?caracterizado por el af?n interesado de manejar objetos- al nivel 2 ?el del encuentro generoso y creativo- y asentar ?ste en la roca firme del nivel 3 ?el de la opci?n incondicional por los grandes valores: bondad, justicia, verdad, unidad, belleza- y del nivel 4 ?el que fundamenta la incondicionalidad de tal opci?n en el hecho de que todos los seres procedemos de un Ser infinitamente bueno, justo y bello, que nos cre? a su imagen y semejanza y nos otorg? as? una dignidad inquebrantable-1.

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No debemos dedicar mucho tiempo a la cr?tica de la mentalidad dominante y a la defensa de las normas y los criterios que juzgamos necesarios para encauzar debidamente la vida. Hemos de apresurarnos a poner ante la vista de ni?os y j?venes la grandeza que adquiere nuestra vida cuando la situamos en el nivel debido, y ayudarles a ir descubriendo -con asombro- lo que este g?nero de vida nos depara.

El hombre es un ?ser de encuentro?

Todo lo que la existencia nos ofrece se condensa en el acontecimiento del encuentro: encuentro del beb? con los padres y hermanos, encuentro con el paisaje, el aire y la luz, el agua y el viento, el sol y el firmamento, y, en un nivel superior, encuentro con las distintas clases de valores, con el prodigio del lenguaje y el silencio, la nobleza de un acto de entrega sacrificada, la hondura enigm?tica de un amor incondicional, el atractivo inefable de la belleza, la relaci?n trascendente del hombre con el Creador, infinitamente distante y, a la vez, entra?ablemente ?ntimo.

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Estas experiencias de encuentro pertenecen a los niveles 2, 3 y 4. No podremos ni vislumbrar su importancia si nos movemos en el nivel 1. El mejor profesor de ?tica, Est?tica, Metaf?sica y Religi?n perder? el tiempo en buena medida si no ayuda a los alumnos, al comienzo del curso, a elevarse al nivel 2, el nivel de la creatividad y el encuentro en el que se alumbran los valores.

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Suscitar el respeto, la estima y la admiraci?n ante lo aut?nticamente valioso es el punto de partida de toda formaci?n humana s?lida. La impresi?n de asombro que nos produce lo valioso, cuando se nos manifiesta de forma luminosa -y se nos muestra, por tanto, en su verdad-,

1 El tema de los niveles de realidad y de conducta lo expuse con cierta amplitud en CONSUDEC 1018/19 (2006) p. 12 y 1020 (2006) p. 12.

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Alfonso L?pez Quint?s


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es una fuente de entusiasmo y buen ?nimo para toda la vida. Esa verdad esplendorosa de lo admirable se nos revela en forma de belleza. He aqu? la forma de belleza que salvar? al mundo2, pues lo encamina por la ruta del ascenso a lo que construye nuestra existencia y la realiza cabalmente.

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La experiencia del encuentro es b?sica en la actividad formativa

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En varias leyes de educaci?n recientes se fija como meta de los centros escolares formar a los alumnos para la paz, la tolerancia, la salud, la prevenci?n de adicciones patol?gicas, el amor, la convivencia, la expresi?n justa, el razonamiento coherente, la toma reflexiva de decisiones... Tales objetivos no se logran ?como se ha cre?do a veces- con el mero hecho de que los profesores traten estos temas en alg?n momento de sus clases. La clarificaci?n de esas cuestiones s?lo puede realizarse a la luz de un an?lisis bien articulado de los distintos niveles de realidad y de conducta en que puede moverse el ser humano.

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1. La educaci?n para la paz y la tolerancia. ?C?mo formar a ni?os y j?venes de modo que sean tolerantes y pac?ficos en sentido profundo? A mi entender, tal formaci?n s?lo es posible si despertamos en ellos el entusiasmo por la unidad y el amor incondicional a la verdad, actitudes que pertenecen al nivel 3.

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  • ????????? La paz no implica s?lo ausencia de conflictos; supone la creaci?n positiva de v?nculos de convivencia. Esta actitud creativa implica sacrificios, que s?lo podemos realizar a impulsos del af?n de crear unidad.

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  • ????????? La tolerancia no se reduce a la aceptaci?n de cualquier idea o conducta. Eso ser?a mera indiferencia, y no implicar?a creatividad alguna y, por tanto, desarrollo de la personalidad y fundaci?n de verdadera vida comunitaria. La tolerancia aut?ntica supone estima del otro, de las cualidades que pueda tener en orden a clarificar una cuesti?n o un modo de conducta. Ser tolerante es estar dispuesto a buscar la verdad en com?n, con independencia de todo inter?s partidista. Esa voluntad incondicional de vivir en la verdad, de la verdad y para la verdad suscita en nosotros una actitud de sencillez, que nos lleva a admitir que, cuando conocemos algo, estamos en la verdad pero no en la verdad toda. Veo a mi amigo Juan por la calle y le doy la mano para saludarle. Al hacerlo, me encuentro con ?todo Juan?, pero no con ?Juan todo?. Es la persona de Juan la que me sale al encuentro, no s?lo su mano o su mirada. Pero no todas las vertientes de la vida de Juan se me hacen presentes al saludarle. Algo an?logo sucede con la verdad. A veces estamos seguros de conocer algo de verdad, y tenemos raz?n en defender esa verdad con firmeza y tes?n. Pero errar?amos si pens?ramos que conocemos de modo exhaustivo esa cuesti?n. De aqu? se deduce que la verdad plena no podemos encontrarla a solas, sino en comunidad. Necesitamos de los dem?s para ir conociendo la realidad desde m?s y m?s perspectivas.

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Para garantizar la tolerancia no bastan unos ?m?nimos ?ticos?. Se necesita amar incondicionalmente la verdad ?lo cual es un ?m?ximo?-, y estimar al otro y colaborar con ?l, aunque sea nuestro adversario en una determinada circunstancia. Esta apertura de esp?ritu constituye otro m?ximo. Si queremos elevar a los alumnos a esta alta cota de convivencia, no debemos limitarnos a proclamar ante ellos la excelencia del esp?ritu tolerante. Debemos ayudarles a descubrir que el otro es una ?realidad abierta? -es decir, un ?mbito-, que nos ofrece determinadas posibilidades para que las asumamos activamente al tiempo que le ofrecemos las nuestras. Tal interacci?n fecunda supone una ?experiencia reversible?, que es de por s? receptiva y activa a la vez. Esta actitud de reciprocidad es la quintaesencia de la verdadera tolerancia. Puede un ni?o no haber o?do nunca la palabra ?tolerancia?; si realiza experiencias reversibles, es tolerante en el sentido

2 Aludo a la conocida afirmaci?n de Fedor Dostoiewski de que ?la belleza salvar? al mundo? (El idiota, III, cap. V). Es sabido que el autor se refiere, en concreto, a la belleza de la figura humano-divina de Jes?s.

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m?s profundo del vocablo. Como sabemos, las experiencias reversibles se dan en el nivel 2, el del respeto, la estima y la colaboraci?n. Es el lugar por excelencia de la actitud tolerante. (Los conceptos de ??mbito? y ?experiencia reversible? son expuestos en la obra Descubrir la grandeza de la vida, Puerto de Palos, Buenos Aires, y en el primer volumen de la Biblioteca del educador, publicada por la misma editorial).

2.??? La educaci?n para la libertad aut?ntica. Si soy respetuoso con la realidad porque adopto en la vida una actitud de sencillez, dejo que la realidad se vaya manifestando tal como es en todas sus implicaciones, y estoy abierto a recibir las posibilidades que me ofrezca. Al asumir activamente tales posibilidades, despliego una actividad creativa, soy libre para ser creativo. Me atengo a la realidad, tal como se me manifiesta. Esta manifestaci?n de la realidad es su verdad. Al atenerme -u obligarme, en el sentido etimol?gico de ?vincularme profundamente?- a la verdad de cada realidad (lo que es, las exigencias que me plantea, las posibilidades que me ofrece...), me veo promocionado por ella, no coaccionado. Debo, ciertamente, acotar mi ?libertad de maniobra? (que pertenece al nivel 1), pero me muevo con seguridad y eficacia en mis actividades creativas (nivel 2). Soy, por tanto, libre con ?libertad creativa?. Cuando nos movemos en el nivel 2, podemos decir con todo rigor que la verdad nos hace libres. Reconozco libremente la autoridad que la verdad tiene sobre m? en cuanto me promociona como persona, aunque no tenga mando o poder coercitivo.

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Educar para la libertad no es viable si se confunde la ?libertad de maniobra? con la ?libertad creativa? por no distinguir debidamente los niveles 1 y 2. Todas las aportaciones que queramos hacer a la formaci?n de los ni?os y los j?venes deben estar encuadradas en el proceso de descubrimiento de las doce fases del desarrollo humano. Dentro de ?l adquieren verdadero sentido y plena eficacia.

3.??? La educaci?n para la salud. Educar para la salud es imposible si no se aprende antes a descubrir los diferentes valores y jerarquizarlos (niveles 2 y 3). Lo agradable, por ejemplo, es un valor, pero lo es no s?lo porque nos satisface sino porque detecta valores m?s altos y nos remite a ellos. Mi salud es un valor m?s alto que el agrado que me proporciona un alimento sabroso. Pero tampoco la salud es el valor supremo. Consagrar las fuerzas que me otorga una buena salud a cuidar a un enfermo o educar a un ni?o encierra un valor todav?a m?s alto. Si tal servicio lo realizo porque soy consciente de que fundar unidad es una ley de todo el universo, su valor adquiere un matiz peculiar que lo enriquece sobremanera. Un creyente que vea el cosmos como fruto de un acto amoroso del Creador y considere que, al crear unidad, proseguimos su labor creadora y cerramos el c?rculo de amor del universo, dando a ?ste su m?xima dignidad y poni?ndolo en verdad, confiere a sus actos de servicio y a sus relaciones de convivencia un valor supremo.

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Si sabemos conceder a la salud el rango que le compete, no dudaremos en hacer sacrificios para cultivarla, sabiendo que, adem?s de ser gratificante para nosotros, puede actuar de pelda?o para lograr valores todav?a m?s relevantes. Sin esta disposici?n gozosa al sacrificio ?bien entendido-, no prestaremos atenci?n a cuanto se nos diga sobre la necesidad de cuidar debidamente la salud. (Esta idea la explano en El arte de cuidar la salud, librito de pr?xima publicaci?n en CONSUDEC).

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4.??? La educaci?n para la prevenci?n de adicciones. En el cuidado de la salud juega un papel decisivo la prevenci?n de toda clase de adicciones patol?gicas. Para fomentar esa labor preventiva se han creado asociaciones benem?ritas que llevan a cabo una labor intensa: preparan diversos materiales (pel?culas, novelas y cuentos que aluden a alg?n valor relevante) y los distribuyen en multitud de colegios a fin de que los alumnos conozcan los grandes valores y los asuman personalmente. En algunos casos, es de lamentar que tales materiales ?muy cuidados en cuanto a la forma- no reporten los beneficios que eran de esperar. Tal fracaso pod?a haberse previsto, porque la ingente labor realizada carece de un m?todo adecuado a la meta que persigue. Los folletos que acompa?an a tales materiales ofrecen toda clase de indicaciones eruditas, pero no sugieren las claves para extraer de las historias narradas el fruto debido en orden a la formaci?n de ni?os y j?venes. Esto lleva a muchos colegios a no utilizar esos materiales como medio educativo. A mi modo de ver, los materiales que se

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ofrezcan deben tener como meta aumentar en ni?os y j?venes la capacidad de discernir, por su cuenta, c?mo han de orientar su conducta si quieren crecer como personas y ser felices.

Conocer de cerca el poder destructivo del v?rtigo es la medida m?s eficaz para prevenir adicciones patol?gicas

Seg?n la Pedagog?a de la admiraci?n, la metodolog?a adecuada actualmente para formar a ni?os y j?venes no es la que se dirige a ?ense?arles valores?, ?comunicarles una serie de principios morales?, ?darles pautas de conducta?..., sino la que les ayuda a ?descubrir todo ello por s? mismos?. Respecto a la prevenci?n de adicciones, esta metodolog?a se dirige a lograr que los alumnos descubran que los procesos de ?v?rtigo? o fascinaci?n halagan al principio, no les exigen nada, les prometen una r?pida y conmovedora plenitud y, al final, les quitan todo. Lo contrario sucede con los procesos de ?xtasis, que al principio son muy exigentes, lo prometen todo y acaban d?ndolo al final. Cuando, a trav?s del an?lisis de pel?culas o relatos literarios, se consigue que ni?os y j?venes distingan con claridad los procesos de v?rtigo y los de ?xtasis, se logra que ganen la perspectiva necesaria para ver pel?culas y leer obras literarias con penetraci?n suficiente para prever a d?nde se encamina cada uno de los personajes. No s?lo se hacen cargo de lo narrado en esas obras; toman altura y determinan la conveniencia o la peligrosidad de ciertas actitudes y acciones. Se observa a menudo que luego utilizan, en sus conversaciones privadas, los conceptos clave expuestos en esos talleres y los aplican acertadamente a su vida cotidiana. Esta familiaridad con la teor?a del v?rtigo y el ?xtasis resulta decisiva en su formaci?n porque les permite orientarse en la vida con rapidez y hondura.

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Numerosos alumnos han confesado que este m?todo les ha permitido dar un salto a un nivel superior de conocimiento, a una nueva forma de ver la vida y situarse ante las decisiones cotidianas. ?Ahora ya no necesito ?ha manifestado m?s de uno- que me digan en pormenor lo que debo hacer en tal o cual situaci?n. Lo descubro yo mismo?. Esta es la meta de todo educador: conseguir que los alumnos se sientan capaces de discernir con seguridad lo que les conviene hacer y lo que han de evitar.

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Actualmente, ni?os y j?venes se ven acosados a diario por multitud de ideas, opiniones, im?genes y orientaciones a menudo opuestas, y no les resulta f?cil discernir lo que les ayuda a construir su personalidad y lo que provoca su bloqueo. Necesitan, urgentemente, claves de orientaci?n que les den luz, seguridad en s? mismos, capacidad de distinguir los maestros y los embaucadores. Si salen de las aulas preparados de esta forma, realizar?n una labor muy positiva en la sociedad, porque ser?n buenos gu?as de s? mismos y de otros. Este aut?ntico liderazgo cultural repercute en la vida social de forma extraordinariamente ben?fica.

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5. La educaci?n para el amor. El amor personal aut?ntico se da, como toda forma de encuentro, en el nivel 2. La mera pasi?n acontece en el nivel 1. El amor personal no es producto de un instinto (nivel 1); es fruto de una actitud creativa (nivel 2), como resalta en los an?lisis realizados en La formaci?n para el amor, volumen III de la Biblioteca del Educador.

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Los valores se descubren al vivir en el nivel 2

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Estos cinco ejemplos nos muestran que hay diversas modalidades de actividad educativa, y es ?til informar a los alumnos sobre sus caracter?sticas y su importancia. Pero tal informaci?n apenas les ayudar? a formarse como personas si previamente no se les ayuda a elevarse al nivel 2 de realidad y de conducta. De ah? que los denominados ?valores transversales? deban ser analizados a la luz que brota en nuestra mente cuando realizamos los doce descubrimientos vividos en la obra Descubrir la grandeza de la vida y experimentamos las transfiguraciones que acontecen al subir del nivel 1 al nivel 2. Pueden los profesores hablar una vez y otra de tales valores desde sus perspectivas peculiares, pero no lograr?n nada s?lido si no dejan patente la funci?n que ejerce cada uno en nuestro proceso de desarrollo personal.

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Formar a ni?os y j?venes es acercarlos al ?rea de irradiaci?n de los grandes valores

Mostrar este nexo entre los valores y el crecimiento personal es la tarea espec?fica de los tutores o formadores. No es aconsejable, por ello, identificar la labor tutorial con la ?ense?anza de valores?. Los valores no podemos ?ense?arlos?, al modo como se ense?a un contenido que no compromete a quien se hace cargo de ?l, por ejemplo los r?os de un pa?s; hemos de ayudar a ni?os y j?venes a adentrarse en su ?rea de irradiaci?n a medida que realizan los doce descubrimientos de forma creativa, ascendiendo del nivel 1 al 2, del 2 al 3, e incluso al 4, en el caso de los creyentes. Al descubrir el ideal de la unidad y optar decididamente por ?l, los alumnos logran captar por dentro la riqueza interna de los grandes valores. Entonces quedan verdaderamente persuadidos de la necesidad de realizarlos en su vida.

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Formar a los alumnos significa orientarlos hacia la realizaci?n plena de su vida personal, lo cual implica cumplir las exigencias del encuentro, asumir los frutos que de ?l se desprenden y realizar los siete descubrimientos que se derivan de la opci?n por el ideal de la unidad: el descubrimiento de la libertad creativa, el sentido de la vida, la creatividad, la importancia del pensamiento relacional, el lenguaje como veh?culo del encuentro, la fecundidad de las experiencias ext?ticas, el sentido aut?ntico de la afectividad humana3. Es in?til ofrecer a los alumnos explicaciones te?ricas ?por excelentes que sean- sobre ciertos valores si no se les ayuda a preparar el ?nimo para responder a su apelaci?n.

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Esa preparaci?n se adquiere a medida que se realiza el encuentro personal con las realidades valiosas del entorno. Los valores de estas realidades se nos patentizan en nuestro encuentro con ellas. De aqu? se deriva que es la realidad misma de cada alumno la que pone de manifiesto qu? valores juegan un papel destacado en su despliegue personal. Cuando el alumno advierte que ciertos valores se hacen valer en su vida por su interna fecundidad, pone sumo empe?o en asumirlos activamente, es decir, creativamente. Esta interiorizaci?n creativa de los valores irradia luz para comprender por dentro, en su g?nesis, en qu? medida son capaces de generar una vida plena y feliz.

Las ideas expuestas esquem?ticamente en este art?culo son ampliadas en los seis vol?menes de La Biblioteca del educador (Puerto de Palos, Buenos Aires) y ser?n objeto de an?lisis detenidos en el primer curso de los tres que ofrecer? en Internet a partir de mediados del mes de septiembre 2006. (Informaci?n en www.escueladepensamientoycreatividad.org)?

Alfonso L?pez Quint?s


Publicado por mario.web @ 5:15
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