Viernes, 10 de septiembre de 2010

La anticoncepci?n de emergencia provoca da?os de gravedad. Porque bajo esta f?rmula enga?osa (?anticoncepci?n de emergencia?), especialmente con el recurso a la p?ldora del d?a despu?s, se esconde la b?squeda no s?lo de impedir la concepci?n, sino de destruir la vida del hijo si ya hubiese iniciado a existir.

La anticoncepci?n de emergencia provoca da?os de gravedad. Porque bajo esta f?rmula enga?osa (?anticoncepci?n de emergencia?), especialmente con el recurso a la p?ldora del d?a despu?s, se esconde la b?squeda no s?lo de impedir la concepci?n, sino de destruir la vida del hijo si ya hubiese iniciado a existir.

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Hay mujeres que, despu?s de una relaci?n sexual, recurren a estos m?todos porque tienen miedo de iniciar el embarazo. Pero al actuar as? ?disparan? de un modo indiscriminado contra todo lo que pueda ocurrir en su cuerpo.

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Este modo de actuar provoca da?os enormes. Ahora s?lo queremos poner en evidencia tres.

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El primero consiste en promover un uso menos responsable la sexualidad.

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La sociedad moderna ha logrado que millones de hombres y mujeres vivan las riquezas presentes en la propia sexualidad fuera de su contexto plenamente responsable. Porque tener relaciones sexuales no es simplemente un juego, ni un normal acto de ternura, ni una expresi?n de amistad pasajera. Es mucho m?s, pues implica a dos personas que, desde su fecundidad, se dan plenamente el uno al otro y quedan as? abiertos a la posible llegada de un hijo. Ese darse plenamente s?lo es correcto en un compromiso completo, en el matrimonio, y con la actitud responsable de quienes est?n dispuestos a acoger, cuidar y amar a los hijos que puedan ser concebidos desde el amor de los esposos.

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Si el sexo es vivido fuera de su sentido profundo, se cae en un sinf?n de deformaciones. Una de ellas consiste en considerar al otro o a la otra simplemente como objeto de placer, o como c?mplice en la b?squeda de mi placer. Otra consiste en ver la vida sexual como algo desligado del matrimonio, cosa que ocurre tristemente en tantas personas que aceptan la fornicaci?n o el adulterio como si as? no cometiesen ninguna falta grave. Otra lleva a una mentalidad antivida, a trav?s del uso de una serie de m?todos que ?aseguren? que el hijo no llegar? nunca a existir, o que si empieza a vivir ser? eliminado cuanto antes.

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Aqu? radica el segundo da?o de la anticoncepci?n de emergencia: el que se busque destruir en el seno de sus madres a sus hijos.

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Es cierto que la mayor?a de las veces la anticoncepci?n de emergencia no act?a sobre un embri?n, porque no todas las relaciones sexuales permiten que inicie una nueva vida humana. Pero tambi?n es cierto que en muchos casos s? se ha dado la concepci?n, y entonces la p?ldora del d?a despu?s (u otros m?todos) condenan al embri?n a una muerte silenciosa y oculta, pero no por ello menos muerte ni menos injusta.

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Lo anterior lleva, precisamente, a un tercer da?o: la angustia y la duda en la que puede vivir una mujer despu?s de haber recurrido a estos m?todos. ?C?mo saber si el uso de la p?ldora del d?a despu?s provoc? la muerte de un hijo, o no tuvo mayores consecuencias? La duda queda anclada en el coraz?n de muchas mujeres que, por no confiar en Dios y por no abrirse al respeto y cari?o que merece cada hijo, ?dispararon? un d?a contra sus cuerpos sin saber con certeza si estaban matando o no a un hijo muy peque?o.

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Quedan otros da?os que podr?an se?alarse sobre la p?ldora del d?a despu?s, como los peligros para la salud de la mujer, que ?bombardea? su cuerpo con sustancias que buscan que el organismo no funcione bien. Pero el da?o m?s profundo, el m?s grave, el que puede dejar secuelas d?as, meses, y a?os, es esa duda, esa incerteza que puede asomarse una y otra vez: ?habr? matado a mi hijo?

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Con una educaci?n seria y objetiva al amor y a la responsabilidad, la anticoncepci?n de emergencia dejar? de ser un producto tristemente famoso en el mercado. En su lugar, habr? m?s j?venes valientes y decididos a tomar en serio el amor y a evitar relaciones sexuales antes del matrimonio. Habr? esposos que vivir?n su entrega mutua no con miedo al hijo, sino con esperanza para que, si Dios as? lo quiere, ning?n peque?o sea excluido en la casa de sus propios padres. Habr? compa??as farmac?uticas dedicadas a servir a la vida y a ayudar a la maternidad, y no orientadas a la muerte de los embriones. Habr?, en definitiva, un mundo m?s justo y, sobre todo, m?s decidido a amar, a acoger, a servir a quienes llenan de alegr?a nuestra tierra maravillosa: a los hijos, que son tambi?n hijos amados por el Dios de la vida.

FERNANDO PASCUAL, LC ? CONOZE.COM

Doctor en filosof?a por la Universidad Gregoriana.

Profesor de H? de Filosof?a, Filosof?a de la Educaci?n y Bio?tica.


Publicado por mario.web @ 5:39
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