Viernes, 10 de septiembre de 2010
25 de enero de 1999. Estadio Azteca, Ciudad de M?xico. Hora: 18:34
?Miles y miles de personas abarrotan el recinto deportivo, por lo menos unas 110.000. Todos con un mismo objetivo y un mismo esp?ritu. La experiencia de hallarme en medio de todo ese gent?o me estremece el alma. Ese evento est? siendo un verdadero encuentro de una ?ndole completamente diferente a lo que normalmente suced?a en ese estadio, donde de ordinario se vitoreaban y gritaban, entre otras cosas, los goles y los nombres de las estrellas del f?tbol mundial.

12 de enero de 2008, Ciudad de Roma. Hora: 13:37
Por la puerta del comedor de nuestra casa est? entrando un se?or vestido elegantemente. Le calcul? como unos 50 a?os. Alguien de casa lo ha invitado a comer. R?pidamente me percato que uno de los pocos lugares libres en el comedor es justamente el que est? a mi derecha. El impacto de ver su cara me suscita enseguida en mi imaginaci?n como ?flashes?, uno tras otro, de recuerdos donde le veo claramente con otra persona. Pero no consigo concretar la imagen. Me digo a mismo: ?Realmente, estos ex?menes de la universidad de estos d?as me exprimen la mente completamente y ya no soy capaz de pensar con atenci?n en otras cosas??.
Me percato que el individuo, en esos momentos, se va acercando lentamente al lugar vac?o que est? a mi lado. Busco desesperadamente ordenar las im?genes en mi mente para enganchar alguna de ellas con ?l. Quedan pocos metros para que llegue. No consigo hacer la conexi?n. La comida comienza, y con ella, la conversaci?n con el invitado ?conocido?.

Estadio Azteca. Hora: 18:36
En el centro del estadio hay una gran plataforma con? una silla en la sede. En ella una persona mayor vestida de blanco contempla con evidente emoci?n a la multitud que le aclama con fuertes gritos: ?Juan Pablo II, te quiere todo el mundo?, ?Juan Pablo, hermano, ya eres mexicano?. Era el Papa Magno, el ?Hurac?n Wojtyla? en su cuarta visita a M?xico. El evento estaba llegando a su fin. Estaba siendo una experiencia inigualable.
Todos nos est?bamos volcando con entusiasmo sobre el Papa y ?l sab?a corresponder perfectamente, anim?ndonos y sosteni?ndonos con sus palabras. Ya cuando todos intu?amos que el encuentro estaba llegando a su fin, pasaron a saludarle varias personas que supon?a hab?an ayudado en la organizaci?n del mismo.
Cada uno de los presentes, los m?s cercanos a la plataforma de manera directa, y los que nos encontr?bamos m?s lejanos por las pantallas gigantes, ve?amos los diferentes saludos. El ?ltimo en pasar a saludar a Juan Pablo II, un se?or, de alrededor de unos 40 ? 45 a?os, se puso de rodillas, al igual que los otros, y le bes? la mano. Instantes despu?s se acerc? al rostro del Papa y le dijo algo. Juan Pablo II, reaccionando le acarici? la mejilla con la mano y le acerc? la cabeza a su pecho.
Esto que sucedi? en cuesti?n de segundos qued? grabado profundamente en mi coraz?n y en mi mente hasta el d?a de hoy. ?Ese sencillo e insignificante detalle de amor!

Ciudad de Roma. Hora: 13:58
?Hola, me llamo Roberto?, fue el inicio del encuentro en la comida. La conversaci?n estaba siendo muy amena pero mi mente segu?a saltando de aqu? para all? intentando hacer el enlace anhelado. De repente, como un rayo que cae en un d?a de oscura tormenta, una imagen en mi recuerdo se sobrepone perfectamente a la cara de mi interlocutor.
?Ya est?! Roberto es aquel hombre que hace 9 a?os yo hab?a visto encontrarse con el Papa. ??l fue el ?ltimo en saludarle! No pude contener la emoci?n y en un momento del di?logo le interrump? y le dije: ?Roberto, yo te conozco desde hace tiempo. Yo te vi saludar a Juan Pablo II en el estadio Azteca hace muchos a?os.? ??T? estabas ah???, me pregunt?. ?S?. Tu encuentro con el Papa qued? fijado profundamente en mi interior.?
Me dijo: ?Llegar hasta donde estaba el Papa fue toda una proeza, pero finalmente me vi delante de aquel Gran Hombre.? Roberto me narr? emocionado aquella maravillosa experiencia. Finalmente me anot?: ?Ese detalle de amor del Papa, acariciando con su mano mi mejilla y acercando despu?s mi cabeza a su coraz?n, se me grab? en los m?s hondo. ?Hasta el d?a de hoy lo recuerdo, como si hubiera sido ayer!?
La conversaci?n, la comida y el encuentro con Roberto terminaron minutos m?s tarde. Pero la lecci?n de vida qued? completamente manifiesta: los detalles de amor que podemos tener con los dem?s, aunque sean peque?os e insignificantes, llenan de alegr?a y esperanza los corazones de los dem?s. ?Qu? f?cil es hacer feliz al pr?jimo si nos lo proponemos! Basta un detalle de amor.
?
?

Publicado por mario.web @ 6:29
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios