Lunes, 13 de septiembre de 2010

Las jornadas inolvidables del ?bito y entierro de Juan Pablo II, seguido y vivido por millones de personas en todo el mundo a trav?s de todos los medios, y personalmente, como peregrinos, caus? una conmoci?n global tan ?nica y singular, que no cabe denominarla sino como un moderno Pentecostes o un milagro del cielo.

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No se trata solo de sentimentalismos contagiosos, de testimonios mas o menos conmovedores de amor y simpat?a por el papa desaparecido, ni tampoco de dejarse llevar por corrientes mayoritarias o espectaculares, sino de una verdadera PASCUA o paso del Espiritu de Dios por este mundo, que parec?a vivir de espaldas a ?l.

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Se ha podido constatar, a ojos vistas, que Dios y su Espiritu no esta ausente en nuestro mundo, sino muy presente y operativo en lo mas profundo del coraz?n de los humanos de cualquier raza, cultura, y religi?n de los cinco continentes.

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Ni las l?grimas derramadas a raudales, ni las largas riadas de gente en Roma, con horas interminables de espera, ni los miles de misas, funerales y vigilias celebradas en todo el mundo, dan una visi?n completa de lo sucedido. Lo mejor y mas maravilloso est? por venir. Ha tenido lugar dentro, en el coraz?n de parte de la humanidad. Habra un antes y un despues de este evento. Ha sido el anticipo de una nueva era o de una primavera de paz, justicia y amor, cuyos frutos llegaran a su tiempo. ?Deo gratias ?

Padre Miguel Rivila San Martin


Publicado por mario.web @ 11:52
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