Martes, 14 de septiembre de 2010

Art?culo publicado en AA.VV.,?La misi?n del laico en la Iglesia y en el mundo, en "VIII Simposio Internacional de Teolog?a", Eunsa, Pamplona,1987, pp. 881-891. Y forma parte del libro: Fernando Oc?riz,Naturaleza, Gracia y Gloria, cap. XIII, Eunsa, Pamplona 2000, pp. 261-271.

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Contenido
1. El trabajo, realidad santificable y santificadora
2. Delimitaci?n del concepto de ?santificaci?n del trabajo?
3. La santificaci?n del trabajo como redenci?n de la maldici?n primitiva.

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?Dios Padre, llegada la plenitud de los tiempos, envi? al mundo a su Hijo Unig?nito, para que restableciera la paz; para que, redimiendo al hombre del pecado,?adoptionem filiorum reciperemus?(Gal 4,5), fu?ramos constituidos hijos de Dios, liberados del yugo del pecado, hechos capaces de participar en la intimidad divina de la Trinidad. Y as? se ha hecho posible a este hombre nuevo, a este nuevo injerto de los hijos de Dios (cfr. Rom 6,4-5), liberar a la creaci?n entera del desorden, restaurando todas las cosas en Cristo (cfr. Ephes 1,5-10), que los ha reconciliado con Dios (cfr. Col 1,20)?(1).

Esta restauraci?n (o, m?s literalmente, recapitulaci?n) de todas las cosas en Cristo, ser? plena y definitiva s?lo al final de la historia, cuando el mismo Se?or ?entregue a Dios Padre el reino..., para que Dios lo sea todo en todas las cosas? (1 Cor 15,24.28). Pero, a la vez, es misi?n de la Iglesia --de los ?hombres nuevos?, reconciliados con Dios por Jesucristo--, ir liberando, ya en la historia, a la creaci?n entera del desorden(2).

La misi?n salv?fica universal de la Iglesia es?misi?n de todos en la Iglesia(3)?siendo lo propio y espec?fico de los laicos ?la santificaci?n del mundo desde dentro?, ?iluminar y ordenar de tal forma las cosas temporales a las que est?n estrechamente unidos, que se hagan y se desarrollen constantemente seg?n Cristo y sean una alabanza del Creador y Redentor?(4). No parece superfluo insistir, como se?alaba Thils hace bastantes a?os, en que el desarrollo de la teolog?a del laicado exige una profundizaci?n en la teolog?a de las realidades terrenas(5).

En este contexto de la misi?n de los laicos --tema del presente Simposio--, se encuadra, como pieza esencial, la?santificaci?n del trabajo. Es evidente que el trabajo no es algo exclusivo de los laicos ni que s?lo ellos pueden o deben santificarlo, ya que ?en el plan de Dios, el trabajo constituye una dimensi?n fundamental de la persona?(6), de manera que todos los hombres llenan con el trabajo, de un modo u otro, su existencia sobre la tierra(7), y es toda esa existencia la que ha de ser santificada por la gracia divina. Por tanto, la santificaci?n del trabajo es tarea de todo cristiano, de todo ?hombre nuevo?; pero en el caso de los laicos adquiere una propia y espec?fica connotaci?n: la santificaci?n del trabajo, no s?lo en cuanto actividad de la persona, sino tambi?n en cuantoprofesi?n?integrante y configuradora de las realidades y estructuras temporales de la sociedad de los hombres, de la ?ciudad temporal?(8). Es decir, para santificar el mundo desde dentro, el laico cristiano ha de santificar su trabajo profesional, por el evidente motivo que las profesiones son parte integrante del orden temporal(9).

Los aspectos que, de un modo u otro, est?n implicados en este tema son muy numerosos. En estas p?ginas, me centrar? en el m?s b?sico:?el concepto mismo de santificaci?n del trabajo. Para esto, como es bien sabido, es imprescindible acudir a la ense?anza de Mons. Josemar?a Escriv? de Balaguer, donde la santificaci?n del trabajo est? constantemente presente con una originalidad y una profundidad incomparables(10), y es uno de los principales motivos por los que el Fundador del Opus Dei ha sido reconocido como precursor de algunas de las ense?anzas centrales del Concilio Vaticano II, concretamente sobre la llamada universal a la santidad y sobre la teolog?a del laicado(11).

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1. El trabajo, realidad santificable y santificadora


?El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creaci?n. Es ocasi?n de desarrollo de la propia personalidad. Es v?nculo de uni?n con los dem?s seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad.

?Para un cristiano, esas perspectivas se alargan y se ampl?an. Porque el trabajo aparece como participaci?n en la obra creadora de Dios, que, al crear al hombre, lo bendijo dici?ndole:?Procread y multiplicaos y henchid la tierra y sojuzgadla, y dominad en los peces del mar, y en las aves del cielo, y en todo animal que se mueve sobre la tierra?(Gen 1,28). Porque, adem?s, al haber sido asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta como realidad redimida y redentora: no s?lo es el ?mbito en el que el hombre vive, sino medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora?(12).

En estas palabras, se afirman dos aspectos fundamentales esencialmente unidos entre s?, y en los que el Fundador del Opus Dei insisti? en innumerables ocasiones. En primer lugar, resulta patente que la dimensi?n sobrenatural del trabajo no es algo yuxtapuesto a su dimensi?n humana natural: el orden de la Redenci?n no?a?ade?algo extra?o a lo que el trabajo es en s? mismo en el orden de la Creaci?n; es la misma realidad del trabajo humano la que es?elevada?al orden de la gracia; santificar el trabajo no es ?hacer algo santo? mientras se trabaja, sino precisamente hacer santo el trabajo mismo. El segundo aspecto, inseparable y, en cierto modo, consecuencia del anterior, es que el trabajo santificado es santificador: el hombre no s?lo puede y debe santificarse y cooperar a la santificaci?n de los dem?s y del mundo?mientras trabaja, sino precisamente?mediante su trabajo.

Tenemos as? la conocida f?rmula breve y densa: ?Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo?(13); o esta otra, en la que se se?ala, adem?s, la necesaria relaci?n entre la santificaci?n del trabajo profesional y la reconciliaci?n del mundo con Dios: ?Unir el trabajo profesional con la lucha asc?tica y con la contemplaci?n --cosa que puede parecer imposible, pero que es necesaria, para contribuir a reconciliar el mundo con Dios--, y convertir ese trabajo ordinario en instrumento de santificaci?n personal y de apostolado. No es ?ste un ideal noble y grande, por el que vale la pena dar la vida??(14).

De las consideraciones anteriores, resulta ya bastante claro que ?santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar con el trabajono son tres finalidades yuxtapuestas, sino tres dimensiones de un fen?meno unitario?(15). Comprender esta unidad es imprescindible para alcanzar una precisa delimitaci?n del concepto de santificaci?n del trabajo. Y, para esto, conviene distinguir el trabajo en cuanto acci?n humana de trabajar (es decir, de emplear la actividad corporal o mental para un fin determinado), y el trabajo en cuanto efecto exterior de esa acci?n.

Resulta patente que la santificaci?n del trabajo en cuanto acci?n humana --supuesta la gracia divina-- comporta de modo inmediato la santificaci?n de la persona que realiza esa acci?n de trabajar y, a trav?s de la comuni?n de los santos, una directa cooperaci?n en la santificaci?n de los dem?s hombres: es ?ste un primer y fundamental significado de la inseparabilidad de ?santificar el trabajo?, ?santificarse en o mediante el trabajo? y ?santificar a otros con el trabajo?. Por otra parte, la unidad constitutiva entre santificaci?n personal y apostolado (entre amor a Dios y amor a los hombres) comporta tambi?n la inseparabilidad entre santificarse mediante el trabajo y santificar con el trabajo, entendiendo ahora esta ?ltima expresi?n en el sentido de hacer del propio trabajo un instrumento de apostolado (con el ejemplo y con la palabra).

Por lo que se refiere a la santificaci?n del trabajo en cuanto efecto o resultado exterior de la correspondiente acci?n del hombre, nos encontramos sin duda ante un significado anal?gico del t?rmino ?santificaci?n?, ya que s?lo la persona puede ser ?santa? en sentido propio y estricto (part?cipe de la naturaleza divina, de la vida ?ntima de la Sant?sima Trinidad)(16).

Entre las diversas aplicaciones anal?gicas de los t?rminos ?santo?, ?santificar?, etc., al trabajo entendido como efecto externo del trabajar humano, destaca, por su importancia, precisamente aquella que encierra en s? la misi?n propia y espec?fica de los laicos: la?santificaci?n del mundo desde dentro(17), en la que por?mundo, ha de entenderse no el simple mundo de la naturaleza sino ?ste en cuanto transformado o configurado por las actividades y relaciones humanas. De ah? que pueda considerarse que ?esta santificaci?n consiste en volver a poner toda las actividades y relaciones horizontales de la vida bajo la soberana relaci?n vertical a Dios, en Cristo por su Esp?ritu?(18). As?, santificar e trabajo, en cuanto efecto exterior de la acci?n del hombre, significa sobre todo santificar las estructuras profesionales, econ?micas, sociales, pol?ticas, etc., que son efectos del trabajo de los hombres y condicionan despu?s la prosecuci?n de ese trabajo.

Esta santificaci?n del trabajo puede designarse como?consecratio mundi(19), pero no ha de entenderse como una ?sacralizaci?n? de esa estructuras (as? como la santificaci?n de los laicos no consiste en hace de ellos personas sagradas); y tampoco ha de entenderse esta santificaci?n del trabajo, del mundo, como su clericalizaci?n o p?rdida de la propia natural consistencia y leg?tima autonom?a(20).

?Qu? puede significar, entonces, santificar ese mundo configurado por el trabajo humano? S?lo puede tratarse de una ?santidad instrumental?; es decir, ese mundo es ?santo? en la medida que facilita (ya que producir evidentemente no puede) la santidad de los hombres; y esto ser? posible cuando esas realidades terrenas est?n en s? mismas configuradas seg?n el querer de Dios: que sean eficaces en su propio orden, que faciliten el ejercicio de las virtudes naturales (especialmente de la justicia) y est?n informadas por la caridad de Cristo(21).

Sin adentrarnos ahora en el ampl?simo campo de reflexi?n teol?gica que ofrece toda esta tem?tica, para no salirnos del objeto de estas p?ginas, pregunt?monos si santificar el trabajo, en este sentido objetivo, externo, estructural, es inseparable no s?lo de santificar con el trabajo (lo cual es evidente, en el sentido se?alado hace un momento), sino tambi?n con aquel santificarse en el trabajo que es consecuencia necesaria e inmediata de santificar el trabajo en su aspecto subjetivo (en cuanto acci?n de la persona). La respuesta es, sin duda, afirmativa.

Ciertamente, un trabajo subjetivo no santificadopuede cooperar?a la santificaci?n del mundo, en la medida en que contribuya al establecimiento de unas estructuras sociales, econ?micas, etc., naturalmente eficaces y justas, lo cual es parte imprescindible de la ordenaci?n seg?n Dios de esas estructuras. Sin embargo, s?lo un trabajo subjetivo santificado y, por tanto, santificante de quien lo realiza,?coopera necesariamente?no s?lo a configurar un mundo justo, sino tambi?n a informarlo con la caridad de Cristo, a santificarlo. Naturalmente, esta santificaci?n del mundo desde dentro requiere no una sino muchas personas que santifiquen su trabajo y se santifiquen en su trabajo en todas las profesiones.

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2. Delimitaci?n del concepto de ?santificaci?n del trabajo?


Pienso que las anteriores reflexiones ilustran ya suficientemente el contenido de la unidad o inseparabilidad entre aquellos tres aspectos: ?santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo?. La comprensi?n de esta unidad nos permite, a mi modo de ver, una precisa delimitaci?n del concepto de santificaci?n del trabajo, precisamente porque nos muestra el car?cter radical (o, si se prefiere fontal) que la santificaci?n del trabajo en cuanto acci?n de la persona tiene respecto a todos los dem?s aspectos(22).

En definitiva,?radicalmente, santificar el trabajo es hacer santa la actividad humana de trabajar, todo lo dem?s son consecuencias inmediatas: desde la santificaci?n de la persona que trabaja, hasta la santificaci?n de las estructuras del mundo de los hombres.

Hay unas conocidas palabras del Fundador del Opus Dei que encierran una brev?sima y esencial delimitaci?n del concepto de santificaci?n del trabajo, en forma de consejo pr?ctico: ?Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional, y habr?s santificado el tra bajo?(23). Es decir, la actividad de trabajar se hace santa cuando se realiza por un?motivo sobrenatural. Pero no ha de entenderse esta afirmaci?n como una especie de ?moral de las solas intenciones?; no s trata, en t?rminos cl?sicos, de dar la primac?a al?finis operantis?como independiente del?finis operis?que quedar?a privado de su propia relevancia(24). Se trata m?s bien de una aplicaci?n del principio del primado de la finalidad en la concatenaci?n de las causas(25). Es decir, la primac?a recae sobre el motivo, sobre el porqu? se realiza el trabajo, cuando es seriamente asumido como causa final que, como tal, influye decisivamente en la actividad eficiente y, a trav?s de ?sta, en el resultado material y formal del trabajo.

Por eso, parte esencial de esa obra --la santificaci?n del trabajo ordinario-- que Dios nos ha encomendado, es la buena realizaci?n del trabajo mismo, la perfecci?n tambi?n humana, el buen cumplimiento de todas las obligaciones profesionales y sociales?(26). No es posible, en efecto, que un motivo sobrenatural seriamente asumido no tienda?per se?a un trabajo humanamente perfecto: lo contrario ser?a una imposible negaci?n del principio seg?n el cual lo sobrenatural es?elevaci?n?de lo natural, y no algo simplemente yuxtapuesto a la naturaleza.

El ?motivo sobrenatural?, corno esencia del trabajo santificado, tiende, pues, a la perfecci?n natural de la obra realizada, dentro de las posibilidades y limitaciones de la persona. Un trabajo santificado puede ser humanamente defectuoso, pero s?lo?per accidens?tal imperfecci?n no s?lo no podr? ser consecuencia de la intenci?n del sujeto, ni directa ni indirectamente, sino que ser? directamente contraria a esa intenci?n. En este contexto, se entiende la importancia?cristiana?de la formaci?n profesional, como exigencia de la llamada universal a la santidad(27).

Si la ra?z de la santificaci?n del trabajo est? en la intenci?n (en el sentido estricto al que se acaba de hacer referencia), es evidente que?todo trabajo es santificable: ?Desde el cultivo de los saberes m?s abstractos hasta las habilidades artesanas, todo puede y debe conducir a Dios. Porque no hay tarea humana que no sea santificable, motivo para la propia santificaci?n y ocasi?n para colaborar con Dios en la santificaci?n de los que nos rodean?(28). Ya en el mismo orden natural, ?la dignidad del trabajo depende no tanto de lo que se hace, cuanto de quien lo ejecuta que, en el caso del hombre, es un ser espiritual, inteligente y libre?(29).

La dignidad natural del trabajo radica, pues, en la dignidad espiritual de la persona humana, y ser? mayor o menor en funci?n de la mayor o menor calidad o bondad que ese trabajo tenga en cuanto acci?n espiritual. Ahora bien, esta calidad o bondad depende esencialmente de la libertad: del amor --no como pasi?n o sentimiento-- sino como?dilectio?o amor electivo del fin, en cuanto acto propio de la libertad(30). ?Conviene no olvidar, por tanto, que esta dignidad del trabajo est? fundada en el Amor. El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo as? lo ef?mero y lo transitorio. Puede amar a las otras criaturas, decir un t? y un yo llenos de sentido. Y puede amar a Dios, que nos abre las puertas del cielo, que nos constituye miembros de su familia que nos autoriza a hablarle tambi?n de t? a T?, cara a cara.

?Por eso el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena amor?(31).

El orden sobrenatural asume y eleva esta realidad humana, de modo que el trabajo es santo si ?nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor? y si este amor es aquella ?caridad de Dios que ha sido derramada en nuestros corazones, por el Esp?ritu Santo que nos ha sido dado? (Rom 5,5). Y como la caridad --plenitudo legis y vinculum perfectionis?(Rorn 13,10 y Col 3,14)-- comporta e informa todas la virtudes naturales y sobrenaturales, hacer el trabajo por amor a Dios a los dem?s por Dios lleva consigo, de modo m?s o menos expl?cito,?el ejercicio de todas las virtudes: ?todos los actos perfectos de las virtudes cristianas no tienen otro origen que el amor, ni pueden ordenarse otro fin que el amor?(32).

Quiz? ahora resulta a?n m?s claro el significado de esta delimitaci?n del concepto de santificaci?n del trabajo:?el trabajo es santo, se santifica, cuando est? imperado e informado por el amor a Dios y a los dem?s por Dios. ?sta es la sustancia de aquel ?motivo sobrenatural? que basta poner al trabajo para santificarlo; y se entiende a?n mejor que esa ?intenci?n? tiende?per se?a la perfecci?n humana del trabajo mismo: ?No podemos ofrecer al Se?or algo que, dentro de las pobres limitaciones humanas, no sea perfecto, sin tacha, efectuado atentamente tambi?n en los m?nimos detalles: Dios no acepta las chapuzas.?No presentar?is nada defectuoso, nos amonesta la Escritura Santa,?pues no ser?a digno de ?l?(Lev 22,20). Por eso, el trabajo de cada uno, esa labor que ocupa nuestras jornadas y energ?as, ha de ser una ofrenda digna para el Creador,?operatio Dei, trabajo de Dios y para Dios: en una pa labra, un quehacer cumplido, impecable?(33).

El trabajo santificado no es s?lo trabajo por Dios y para Dios, sino que es, a la vez y necesariamente,trabajo de Dios, porque es Dios quien santifica; ?l es quien ama primero y hace posible nuestro amor por medio del Esp?ritu Santo, de quien la caridad nuestra es una participaci?n(34). Por eso el valor del trabajo santificado es, ante todo, un don de Dios, que requiere la cooperaci?n libre del hombre y, en primer lugar y radicalmente el amor en cuanto libre elecci?n del fin. ?El Se?or da al trabajo de la inteligencia y de las manos del hombre, al trabajo de sus hijos, un valor inmenso. Actuando as?, de cara a Dios, por razones de amor y de servicio, con alma sacerdotal, toda la acci?n del hombre cobra un genuino sentido sobrenatural, que mantiene unida nuestra vida a la fuente de todas las gracias?(35).

Son innumerables las ?ntimas conexiones teol?gicas de todo esto: la entera antropolog?a cristiana --el ser y vivir hacia el Padre, en Cristo por el Esp?ritu Santo(36)-- entra?ada en la realidad del trabajo de los hombres, de los hijos de Dios en Cristo: ?Estando plenamente metido en su trabajo ordinario, entre los dem?s hombres, sus iguales, atareado, ocupado, en tensi?n, el cristiano ha de estar al mismo tiempo metido totalmente en Dios, porque es hijo de Dios?(37). Es ?en Cristo?, Unig?nito del Padre, como el cristiano es hijo de Dios, y es ?realizado en Cristo? como su trabajo no es s?lo dominio sobre la creaci?n, sino adem?s realidad santa y santificadora, instrumento de corredenci?n?(38).

Como conclusi?n de estas p?ginas, me detendr? muy brevemente en mencionar un aspecto que, sin ser necesario para la ya realizada delimitaci?n del concepto de santificaci?n del trabajo, me parece de particular inter?s.


3. La santificaci?n del trabajo como redenci?n de la maldici?n primitiva


?El trabajo en s? mismo no es una pena, ni una maldici?n o un castigo: quienes hablan as? no han le?do bien la Escritura Santa?(39).

Basta, en efecto, leer la narraci?n b?blica de los inicios (cfr. Gen 2,15; 3,17-19), para ver que el trabajo es una originaria realidad huma, sobre la que s?lo tras el pecado del hombre recay? la maldici?n divina. Est? en el pecado original la ra?z por la que, en toda la historia posterior, con el trabajo ?aparecen el esfuerzo, la fatiga, el cansancio: manifestaciones del dolor y de la lucha que forman parte de nuestra existencia humana actual, y que son signos de la realidad del pecado y la necesidad de la redenci?n?(40).

La Redenci?n ha alcanzado a todas las dimensiones del existir humano, tambi?n al trabajo --asumido por Cristo; hecho realidad santificable y santificadora--, y tambi?n a esa componente penal del trabajo que es la fatiga y el dolor: ?todo trabajo entra?a una fatiga que unida a la Pasi?n de Cristo, Redentor del hombre, se hace salvadora para cada uno y para todos?(41).

As?, la maldici?n primitiva que recay? sobre el trabajo resulta redimida. S?lo al final de la historia ser? plena esta redenci?n de la penalidad del trabajo de los hombres: cuando ?Dios enjugar? de sus ojos todas las l?grimas, no habr? ya muerte, ni llanto, ni grito de fatiga, ni habr? m?s dolor? (Ap 21,4). Pero ya ahora, en la historia, la santificaci?n del trabajo comporta la superaci?n de aquella maldici?n, precisamente porque santificar el trabajo es, esencialmente, trabajar por amor, con un amor que es correspondencia a aquel ?Amor que Dios nos tiene? (1 Jn 4,16), y la alegr?a es fruto propio del amor(42): de amar y saberse amado; saberse amado, no por cualquiera, sino sobre todo por Aquel cuyo amor no puede equivocarse al amar(43).

As?, ?en medio de las limitaciones inseparables de nuestra situaci?n presente, porque el pecado habita todav?a de alg?n modo en nosotros, el cristiano percibe con claridad nueva toda la riqueza de su filiaci?n divina, cuando se reconoce plenamente libre porque trabaja en las cosas de su Padre, cuando su alegr?a se hace constante porque nada es capaz de destruir su esperanza?(44).

?Fernando Oc?riz

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Notas

1.?J. Escriv? de Balaguer,?Es Cristo que pasa, Rialp, 22? ed., Madrid 1985, n? 65.

2.?Cfr. J.M. Casciaro,?Estudios sobre Cristolog?a del Nuevo Testamento, Eunsa, Pamplona,1982, pp. 308-334.

3.?Cfr Concilio Vaticano II, Const.?Lumen gentium, n? 30.

4.?Concilio Vaticano II, Const.?Lumen gentium, n? 31. Cfr tambi?n n? 33; Const.?Gaudium et spes, nn. 38, 43; Decr.Apostolicam actuositatem, n? 7. Sobre las diversas facetas del apostolado de los laicos, cfr. A. del Portillo, Fieles y laicos en la Iglesia, Eunsa, 2? ed., Pamplona, 1981, pp.191-203.

5.?Cfr G. Thils,?Th?ologie des r?alit?s terrestres, vol. I, Louvain,1949, pp. 37-38.

6.?Juan Pablo II,?Discurso, 3-VII-1986, n? 2: en ?L'Osservatore Romano?, ed. castellana, 13-VII-1986.

7.?Juan Pablo II, Enc.?Laborem exercens, 14-IX-1981, pr?logo.

8.?Cfr. A. del Portillo,?Fieles y laicos en la Iglesia, cit. pp. 154-158.

9.?Cfr Concilio Vaticano II,?Apostolicam astuositatem, nn. 2 y 7.

10.?Sobre esta originalidad, en la historia de la teolob?a y de la espiritualidad, cfr J.L. Illanes,?La santificaci?n del trabajo, Ed. Palabra, 8? ed., Madrid,1981, especialmente pp. 31-70. Cfr tambi?n, P. Rodr?guez,??Camino? y la espiritualidad del Opus Dei, en ?Teolog?a Espiritual? 9 (1965), pp. 213-245; J.-M. Aubert,?La santificaci?n en el trabajo, en VV.AA.,?Mons. Josemar?a Escriv? de Balaguer y el Opus Dei, Eunsa, 2? ed., Pamplona,1985, pp. 215-224.

11.?Cfr Juan Pabloo II,?Discurso, 19-VIII-1979, en "Insegnamenti di Giovanni Paolo II" 2 (1979), p. 142. Cfr tambi?n Card. U. Poletti,?Decreto?para la Introducci?n de la causa de beatificaci?n y canonizaci?n del Siervo de Dios Josemar?a Escriv? de Balaguer,19-II-1981, en ?Rivista Diocesana di Roma? 3-4 (1981 ), p. 372.

12.?J. Escriv? de Balaguer,?Es Cristo que pasa, cit., n? 47.

13.?J. Escriv? de Balaguer,?Es Cristo que pasa, n? 45; cfr Idem,Amigos de Dios, Rialp,11? ed., Madrid, 1985, n? 120.

14.?J. Escriv? de Balaguer,?Instrucci?n,19-III-1934, n? 33. Aflora en estas palabras otro original y b?sico concepto, esencialmente unido al de santificaci?n del trabajo: el de unidad de vida; sobre este tema, cfr I. de Celaya, ?Unidad de vida y plenitud cristiana?, en VVAA.,?Mons. Josemar?a Escriv? de Balaguer y el Opus Dei, cit.. pp. 321-340.

15.?J.L. Illanes,?La santificaci?n del trabajo, cit., p. 101.

16.?Sobre los diversos significados an?logos del t?rmino ?santo? en la Sagrada Escritura, cfr, por ejemplo, E. Pax,?Santo, en J.B. Bauer,?Diccionario de Teolog?a B?blica, Herder, Barcelona,1967, col. 971-976.

17.?Conc. Vaticano II, Const.?Lumen gentium, n? 31; cfr. n? 36.

18.?Y. Congar,?La?c et la?cat, en?Dictionnaire de Spiritualit?, vol. 9 (1975), col.105.

19.?Conc. Vaticano II, Const.?Lumen gentium, n.? 34: ?Laici, qua adoratores ubique sancte agentes, ipsum mundum Deo consecrant?.

20.?Cfr Conc. Vaticano II, Const.?Gaudium et spes, n? 3. Cfr. G. Martelet,?La Chiesa e il temporale, en G. Barauna (ed.),?La Chiesa del Vaticano II, Firenze,1966, pp. 541-560. Sobre el tema, aqu? s?lo apuntado, de la secularidad de los laicos, cfr el extenso estudio de P. Rodr?guez,?La econom?a de la salvaci?n y la secularidad cristiana. Algunos aspectos de !a aportaci?n de Mons. Escriv? de Balaguer a la teolog?a y a la espiritualidad, en ?Scripta Theologica? 9 (1977), pp. 9-128.

21.?Cfr Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 22-III-1986, nn. 63-65.

22.?Sobre la prioridad del trabajo en cuanto acto de la persona, cfr Juan Pablo II, Enc. Laborem exercens, cit., nn. 6,10,12,13; J.L. Illanes,?Trabajo, historia y persona. Elementos para una teolog?a del trabajo en la "Laborem exercens", en ?Scripta Theologica? 15 (1983), pp. 215-218.

23.?J. Escriv? de Balaguer,?Camino, Rialp, 43? ed., Madrid, pp.1986, n. 359.

24.?Cfr. M.-D. Chenu,?Pour une th?ologie du travail, Ed. du Seuil, Par?s, 1955, pp. 33-35. Hay que notar, sin embargo, que Chenu --para fundamentar la importancia de la perfecci?n de la obra realizada-- en esas p?ginas separa excesivamente?f?nis operis?yfinis operantis?atribuyendo una extra?a prioridad a la perfecci?n de la obra sobre la perfecci?n de la persona; perspectiva ?sta que no parece ajena a la valoraci?n positiva que el autor hace de la concepci?n marxista del trabajo (cfr. ibidem, pp. 58-59, 62-63).

25.?Como afirm? ya Arist?teles,?f?nis est causa causalitatis in omnibus causis: cfr Santo Tom?s de Aquino, In I Sent., d. 45, q.1, a.3.

26.?J. Escriv? de Balaguer,?Carta?3l-V-1954, n? 18. Cfr. J.L. Illanes,?La santificaci?n del trabajo, cit., p. 98.

27.?Sobre la necesidad de la competencia profesional, para santificar el mundo desde dentro, cfr Conc. Vaticano II, Const.Gaudium et spes, n? 72; J. Escriv? de Balaguer,?Camino, cit., n. 334;?Es Cristo que pasa, cit., n?50.

28.?J. Escriv? de Balaguer,?Es Cristo que pasa, cit., n? 10.

29.?Juan Pablo II,?Discurso, 3-VII-1986, cit., n? 3.

30.?Sobre la elecci?n existencial del fin ?ltimo, en cuanto acto de la libertad, cfr C. Fabro,?Riflessioni sulla libert?, Maggioli, Rimini, 1983, pp. 43-51; 57-85. Sobre la?dilectio?como amor electivo del f?n, cfr tambi?n C. Cardona,?Metaf?sica del bien y del mal, Eunsa, Pamplona, 1987, pp.113-131.

31.?J. Escriv? de Balaguer,?Es Cristo que pasa, cit., n? 48.

32.?Catecismo Romano,?Proemio, n? 10.

33.?J. Escriv? de Balaguer,?Amigos de Dios, cit., n? 55; cfr nn. 58 y 62.

34.?S. Tom?s de Aquino,?Summa Theologiae?II-II, q. 24, a. 7 c.: ?caritas... est enim participatio quaedam infinitae caritatis, quae est Spiritus Sanctum?.

35.?J. Escriv? de Balaguer,?Carta?11-III-1940, n? 13. Cfr J.L. Illanes,?La santificaci?n del trabajo, cit., p.113.

36.?Cfr. F. Oc?riz,?Hijos de Dios en Cristo, Eunsa, Pamplona,1976, pp.122-132.

37.?J. Escriv? de Balaguer,?Es Cristo que pasa, cit., n? 65. Sobre el trabajo convertido en oraci?n y en contemplaci?n, cfr., por ejemplo, nn.10 y 48;?Amigos de Dios, cit.. nn. 64-67, 296.

38.?Cfr P. Rodr?guez,?Reflexi?n teol?gica sobre el trabajo, en "Scripta Theologica" 15 (1983), p. 198.

39.?J. Escriv? de Balaguer,?Es Cristo que pasa, cit., n? 47.

40.?Ibidem.

41.?Juan Pablo II,?Discurso, 3-VII-1986, cit., n? 7. Sobre la inserci?n salv?f?ca del trabajo humano en el misterio pascual de la Muerte y Resurrecci?n de Cristo, cfr. tambi?n Juan Pablo II, Enc.?Laborem exercens, cit., n? 27.

42.?Cfr S. Tom?s de Aquino, Summa Theologiae II-II, q. 8, a. l. c.

43.?Cfr J. Ratzinger, Teor?a de los principios teol?gicos, Herder, Barcelona, 198, p. 93.

44.?J. Escriv? de Balaguer,?Es Cristo que pasa, cit., n? 138.

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Publicado por mario.web @ 9:40
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