Martes, 14 de septiembre de 2010
La propia ense?anza reglada pone todo el ?nfasis en los procedimientos. Se habla, por ejemplo, de "aprender a aprender". Pero se deja sin contestaci?n ?o ni siquiera se formula? la pregunta clave:"?aprender, qu??"
?Autor: Alejandro Llano?| Fuente: interrogantes?|?es.catholic.net
"Claves para Educar a la Generaci?n del Yo"
Los problemas con los que me voy a enfrentar en esta breve intervenci?n se inscriben en el ?mbito m?s amplio de la crisis de integraci?n social que padecen los actuales pa?ses democr?ticos de nuestro entorno. Junto a una cierta satisfacci?n con las libertades p?blicas y el progreso econ?mico, experimentan estas sociedades fen?menos de disidencia, marginaci?n, paro, violencia e, incluso, terrorismo, que provocan el generalizado sentimiento de que "algo no marcha". Y eso que no acaba de ir bien se manifiesta con especiales relieves en el campo de la educaci?n de las generaciones j?venes.

Tiempo de efervescencia y descoordinaci?n afectiva, la adolescencia constituye un tramo clave en la formaci?n de la personalidad, no s?lo porque en ?l tienen lugar fuertes traumas que condicionan a veces el curso de la vida, sino sobre todo por que es el momento en el que comienzan a despuntar los ideales que muchas veces impulsar?n el resto de la existencia individual. Se ha dicho, con raz?n, que una vida lograda es un ideal vislumbrado en la edad juvenil y realizado en la madurez.

Todos los conocedores de la psicolog?a evolutiva se?alan la emergencia del yo, de la autoconciencia vital diferenciada, como uno de los fen?menos m?s caracter?sticos de la primera juventud . Al tiempo que consideran que el normal desarrollo de esta conciencia de la propia identidad desemboca en el descubrimiento de la alteridad, de la realidad de esos otros que tambi?n pueden decir "yo", as? como de un entorno m?s amplio que el familiar o escolar: un ?mbito que cabe denominar social y, en un sentido m?s estricto, ciudadano o c?vico.

Pues bien, la integraci?n en ese territorio de m?s dilatados horizontes se ha problematizado de una manera nueva y sorprendente a partir del final de los a?os sesenta. La conciencia del "yo" individual se ha exacerbado o, al menos, descompensado en toda una generaci?n, a la que se ha denominado precisamente la me generation o "generaci?n del yo".

De la fiebre del s?bado noche a la movida

Pero la crisis hist?rica cuya fecha de partida convencional es mayo del 68 ha adquirido una importancia mucho mayor de la que habitualmente se le concede. Han desaparecido, en buena parte, los fen?menos m?s clamorosos de la revuelta estudiantil de aquellos a?os. Los j?venes, se dice, ya no son revolucionarios: presentan m?s bien rasgos de conformismo acr?tico y de consumismo desbocado. Pero sigue presente la resistencia a integrarse en un tipo de sociedad que ya no consideran como suya y tambi?n permanece el individualismo que les lleva a desconfiar de la presunta capacidad de acogida de una sociedad cuya dureza materialista les desagrada profundamente. Por eso, como ha dicho Lustiger, "los j?venes acampan fuera de la ciudad". Si antes se entregaban a la "fiebre del s?bado noche", hoy la "movida", que se prolonga hasta bien entrada la ma?ana, triunfa tambi?n en la noche del viernes y comienza a extenderse hasta el mism?simo jueves.

?Por qu? los j?venes prefieren la noche tard?a, la madrugada incluso? Quiz? porque ?se es un tiempo vac?o, libre, no sometido a los convencionalismos de una sociedad aburguesada, con la que no se sienten identificados. Si acaban por integrarse en ella, a edad m?s tard?a cada vez, lo har?n en muchos casos sin grandes ilusiones, con planteamientos que seguir?n siendo individualistas, y que raramente incluyen proyectos ambiciosos de tipo cultural, religioso o pol?tico.

A mi juicio, ninguno de estos fen?menos es casual o pasajero. Responden a la quiebra de todo un modelo social propio del capitalismo tard?o, al que se suele llamar "Estado del Bienestar". Lo caracter?stico de este paradigma es el dominio unilateral de los factores pol?ticos, econ?micos y medi?ticos que configuran lo que los soci?logos denominan "tecnosistema" o "tecnoestructura". Se trata de una imbricaci?n entre Estado, mercado y medios de comunicaci?n social, en la que los medios de intercambio simb?lico son el poder, el dinero y la influencia persuasiva. Por consiguiente, lo caracter?stico de tal configuraci?n social es que las transacciones decisivas se producen entre poder y dinero, dinero e influencia, influencia y poder.

Se trata de intercambios an?nimos y, a veces, opacos. De manera que la corrupci?n generalizada que afecta a los pa?ses del entorno -tambi?n a Espa?a, aunque afortunadamente aqu? ya empiecen a estar lejanos los peores a?os de este fen?meno- no es una especie de desajuste o trastorno pasajero, sino que est? posibilitada y no pocas veces casi exigida por la propia estructuraci?n social.

No es extra?o que de manera m?s habitual que consciente los j?venes, que comienzan desde temprana edad a descubrir la ?ndole descarnada y c?nica de ese entramado, sientan escaso aprecio por ?l y teman (en lugar de esperar) su integraci?n en un ambiente social poblado por ese tipo de personas que, a comienzos del siglo XX, el soci?logo alem?n Max Weber anticip? que secan "especialistas sin alma, vividores sin coraz?n".

A los j?venes les faltan maestros

Pero enseguida habr?a que preguntarse si la vigencia de este modelo social imperante es fatal, sin alternativa posible. Y mi respuesta es, desde luego, negativa. No solamente es deseable que esa configuraci?n de la sociedad industrial moderna d? paso a comunidades de vida m?s humanas y solidarias. Es que ese tr?nsito, aunque de forma escasamente advertida, ya se viene produciendo en las dos ?ltimas d?cadas. Al cambio de mentalidad que este paso supone lo denomin? en su momento "nueva sensibilidad" y, en los aspectos sociales que ahora nos ocupan, lo denomino "humanismo c?vico".

El humanismo c?vico que propugno se caracteriza porque, frente al modelo t?cnico y an?nimo de una sociedad de masas, propugna la revitalizaci?n de las comunidades ciudadanas y la activa participaci?n en la esfera p?blica. Es una nueva cultura de la responsabilidad c?vica, que se opone tanto al estatismo agobiante como al economicismo consumista, pero que tambi?n rechaza el narcisismo individual, el cual lleva a no pocas personas a refugiarse en el cerco privado y a desentenderse de lo que antes se llamaba "bien com?n" y hoy se denomina ?con menor fortuna? "inter?s general".En mi opini?n, toda propuesta de formaci?n c?vica de las generaciones j?venes se ha de plantear desde una visi?n del hombre y de la sociedad en la que se valore ?por encima del dinero, del poder y de la influencia? la dignidad intocable de la persona humana y su derecho y deber a participar en las cuestiones sociales y pol?ticas que a todos nos afectan, y que comprometen el futuro de esas vitalidades que se estrenan en la vertiente nueva de la juventud. Las personalidades j?venes se hallan hoy, por lo general, casi completamente desasistidas en lo que concierne a esa preparaci?n ?tica y cultural que podr?a capacitarles, no tanto para integrarse en un tinglado mec?nico y desmotivador, como para lanzar sus propias propuestas de regeneraci?n social y de perfeccionamiento humano. A los j?venes actuales les faltan aut?nticos maestros.

Aprender el oficio de la ciudadan?a

Lo primero que habr?a que decir de la formaci?n ciudadana es que no consiste en una informaci?n te?rica que hubiera que impartir en unas clases determinadas del curriculum escolar. Se trata de aprender el oficio de la ciudadan?a. Porque, efectivamente, la ciudadan?a es una especie de saber artesanal, hecho de capacidades de di?logo, de mutua comprensi?n, de inter?s por los asuntos p?blicos y de prudencia a la hora de tomar decisiones. Se trata de un conocimiento pr?ctico que s?lo se puede adquirir en comunidades vitales cercanas a las personas mismas, como son la familia, el colegio, la parroquia, o la Universidad. El aprendiz de ciudadano se integrar? realmente en tales comunidades si descubre que en ellas hay unas pr?cticas que apuntan a lo bueno y lo mejor, si vislumbra que son grupos arm?nicos y abiertos que valoran a las personas por s? mismas y que tienen finalidades de mejora ?tica y social.

Dicho de otro modo, la educaci?n c?vica s?lo se logra cuando la joven o el joven se inserta en un ethos, es decir, en una ambiente f?rtil, moralmente denso, humanamente acogedor, que abra caminos para la autorrealizaci?n y sea capaz de suscitar el entusiasmo en quienes tienen la vida por delante. El ethos es la s?ntesis de bienes, virtudes y normas que se entrelazan para configurar un "estilo de vida", una cultura, un modo panor?mico de percibir el entorno social y el mundo f?sico. No es un conjunto de reglas de comportamiento ni un artilugio pedag?gico m?s o menos sofisticado. El ethos es vida: es como el poso y el peso que se va depositando cuando se vive intensamente de acuerdo con una convicciones que superan con mucho las convenciones t?picas de la sociedad burguesa, en la que lo m?s importante es "guardar las apariencias".

La sociedad del espect?culo

Seg?n ha dicho recientemente Ratzinger, la realidad hace superflua la apariencia. Y esto adquiere una importancia crucial en una sociedad poblada de simulacros, como es la "sociedad del espect?culo" en que vivimos. En la sociedad como espect?culo lo que se valora es el brillo, es decir, la prestada claridad, el reflejarse y el resbalar de las luces artificiales por la superficie de objetos niquelados. En cambio, una sociedad que vive a fondo de su ?tica y de su cultura no valora el brillo, sino el resplandor, la luminosidad que brota del alma al rostro, la impronta exterior de una vida interna rica y cultivada. El brillo es artificial, aparente y superficial; el resplandor es natural, real y hondamente humano.

Si se puede decir que hoy estamos maleducando a toda una generaci?n, desde el punto de vista c?vico, es porque les ense?amos a que valoren el brillo y ni siquiera aprecien el resplandor. Les estamos induciendo a que piensen de acuerdo con la raz?n instrumental y no les dejamos sosiego ni libertad para que se esfuercen en ejercitar la inteligencia meditativa. Recapacitemos por un momento en el tipo dominante de mensajes que reciben hoy las chicas y los chicos. Tanto la familia como la escuela y los medios de comunicaci?n les impulsan, sobre todo, a valorar el ?xito individual, sin advertir que, como dice Leonardo Polo, "todo ?xito es prematuro". En cambio, se les disuade de embarcarse en empresas que les comprometan a servir a los dem?s, y que no est?n encaminadas a triunfar r?pidamente, sino a alcanzar una vida lograda desde la perspectiva ?tica, que es la ?nica que ofrece valores absolutos.

Poder decir tonter?as en cinco idiomas

La propia ense?anza reglada pone todo el ?nfasis en los procedimientos. Se habla, por ejemplo, de "aprender a aprender". Pero se deja sin contestaci?n ?o ni siquiera se formula? la pregunta clave: "?aprender, qu?? Los contenidos son lo de menos, se arguye, porque pueden encontrarse en cualquier base de datos. Lo importante es que estos j?venes, llamados a vivir en la sociedad de la informaci?n, dominen las nuevas tecnolog?as inform?ticas y telem?ticas que van a poner a su disposici?n inmediata todo el saber disponible en el mundo entero. Tan vano y falso planteamiento hace cada vez m?s actuales los versos de T. S. Eliot en los coros de La roca:?D?nde est? la sabidur?a que se nos ha perdido en conocimiento? ?D?nde est? el conocimiento que se nos ha perdido en informaci?n?Como dec?a (injustamente) el castizo Miguel de Unamuno del cosmopolita Salvador de Madariaga, "es capaz de decir tonter?as en cinco idiomas".?

Pensemos un momento, por favor, en el enorme esfuerzo y la gran cantidad de dinero que se pone en que los muchachos y las chicas espa?oles aprendan a malhablar el ingl?s, la lingua franca del siglo XXI. Si recala uno durante el verano en los aeropuertos de Londres, Dubl?n, Nueva York o Chicago, le parecer? que se ha trasladado como por arte de magia al patio de un colegio de Madrid, Bilbao o Jerez de la Frontera o, peor a?n, a alg?n pub o discoteca para espa?olitos menores de edad. Si, como el avi?n de Iberia se retrasa, entabla uno conversaci?n con esos j?venes, no dar? cr?dito al conjunto de vulgaridades y t?picos que han sido capaces de recolectar durante ese mes car?simo transcurrido en alguna poblaci?n de lengua inglesa. No se les pregunte por la pol?tica de Tony Blair, el problema del Ulster o la econom?a americana, porque sencillamente son temas que ignoran. Eso s?, est?n completamente "al loro" de lo ?ltimo en m?sica pop y en marcas de zapatillas deportivas, vaqueros o cazadoras. Ni uno solo ha le?do un libro, en cualquier idioma, durante esas semanas, y desde luego tienen otros proyectos m?s interesantes para el resto de las vacaciones de verano.

Inform?tica e ingl?s, como preparaci?n para estudiar empresariales o ingenier?a, y conseguir as? una buena posici?n econ?mica. En esto se agota el panorama cultural y social que se suele abrir ante las prometedoras inteligencias, potencialmente infinitas, de quienes pronto tomar?n el relevo en la direcci?n de la cosa p?blica y de las empresas privadas. ?Que se hizo del frondoso ?rbol de las ciencias? ?D?nde quedan las humanidades cl?sicas y los grandes libros? ?Qu? fue de los ideales para cambiar el mundo que germinan en la primera juventud? Se ignora: no saben, no responden. Sobre base tan somera es inviable que se desarrolle una formaci?n ciudadana, reducida hoy a ser una pintoresca l?nea transversal de la ESO.

La marginaci?n de las disciplinas m?s formativas

El humus, la tierra f?rtil, donde podr?an asomar los primeros brotes de un humanismo c?vico, es precisamente el cultivo de las Humanidades, es decir, de la Historia, la Filosof?a, la Literatura, el Arte, las Lenguas Cl?sicas. Tan maltratadas est?n que incluso algunos pol?ticos se han dado cuenta del tremendo error que se est? cometiendo al marginar las disciplinas m?s formativas de los programas de estudio, tanto en la Ense?anza primaria y secundaria como en la Universidad. Pero ya se ha visto a lo que ha conducido la vampirizaci?n pol?tica de un tema tan serio, de cuyo recuerdo s?lo quedan las l?grimas de la valiente Ministra de Educaci?n, cuando rechazaron su interesante proyecto en un Congreso de los Diputados donde el "Marca" parece ser la lectura de mayor consumo.

Se ha empezado a notar qu? sucede cuando una chica o un chico conocen perfectamente su "entorno", dominan la vida de los h?roes locales, hablan de corrido el bable asturiano, utilizan la jerga de la semi?tica y la teor?a de conjuntos, pero no saben nada de historia universal, Shakespeare no les suena, ni siquiera en ingl?s, y cuando se les pregunta qu? significa cogito, ergo sum y qui?n pronunci? tan famosa frase, responden: "Me han cogido, yo soy", Jesucristo en el huerto de los olivos.

El olvido de las Humanidades conduce a la incomunicaci?n, la incomunicaci?n lleva al aislamiento, y el aislamiento ?como advirti? Hannah Arendt? es pretotalitario. La mejor manera para asegurarse de que nadie piense algo "pol?ticamente incorrecto" ?por ejemplo, que hay que tratar a los emigrantes magreb?es como a seres humanos? es sencillamente que no piense. Muerto el perro, se acab? la rabia. Y as? tendremos la paz de los cementerios y de las c?rceles.Las Humanidades facilitan que se logren cuatro metas educativas de la mayor trascendencia: 1) La comprensi?n cr?tica de la sociedad actual; 2) La revitalizaci?n de los grandes tesoros culturales de la humanidad; 3) El planteamiento profundo de las cuestiones fundamentales que afectan a la vida de las mujeres y de los hombres; 4) El incremento de la creatividad y la capacidad de innovaci?n. Y estas finalidades poseen hoy la mayor actualidad.?

Porque, sorprendentemente, el gran desarrollo de los sistemas inform?ticos no se ha debido, como inicialmente se pens?, a la construcci?n de poderosas m?quinas de calcular, sino al proceso de textos desarrollado sobre todo en ordenadores port?tiles o microcomputadores. La cultura postliteraria que se anunciaba para el final del milenio se ha transformado en un mundo poblado de libros, en el que el personaje del a?o 2000, seg?n la revista Time, es precisamente un librero: el promotor y presidente de Amazon, la librer?a virtual a la que se puede pedir cualquier libro desde cualquier lugar del mundo, y adem?s llegan pronto y sin excesivo gasto.

Los padres, los pol?ticos, los educadores, tienen que plantearse muy a fondo esta cuesti?n, en la que nos jugamos nuestro futuro inmediato. No podemos olvidar algo que se lleva experimentando con indudable ?xito desde hace un veinticinco siglos, es decir, dos milenios y medio. Y eso que no debemos dejar que se pierda es la realidad de que las mentalidades j?venes s?lo podr?n formarse en el oficio de la ciudadan?a si se logra que su educaci?n sea un simbiosis con las grandes creaciones de nuestra civilizaci?n occidental. Ser?a una l?stima que ahora que existen los medios t?cnicos para que todos los ciudadanos conozcan los fundamentos de la cultura en la que viven, dispersaran su vida en espect?culos, aficiones y entretenimientos sin sustancia alguna.

Abrirse a otras vidas

El gran acervo de ideas, creencias, valoraciones y narraciones acerca de la vida del hombre en sociedad se encuentra en los grandes libros, en los cl?sicos antiguos y modernos. Al leer esos libros, nuestra vida se abre a otras vidas, reales o imaginadas, en las que se reflejan los tipos b?sicos de personas y de comportamientos, las situaciones m?s hondas en las que las personas pueden encontrarse, los discursos y haza?as que nos han conducido a ser lo que somos. Esos grandes libros mejoran tanto al que por ellos transita que le hacen capaz de entender la riqueza humana que tales obras literarias o filos?ficas contienen.

El conocimiento de la Literatura, de la Filosof?a y de la Historia nos ayuda a distinguir lo pasajero de lo permanente, lo esencial de lo accidental, lo humano de lo inhumano, el bien del mal. La mujer y el hombre de muchas y buenas lecturas es dif?cil que caiga en los extremos del dogmatismo o del escepticismo, del relativismo o del fanatismo. Porque aprender? que en el ser humano conviven una vocaci?n sublime y una profunda miseria, que el hombre supera infinitamente al hombre, y que no hay soluciones autom?ticas o puramente t?cnicas para los problemas sociales.

Las Humanidades nos descubren los maravillosos secretos del lenguaje, como veh?culo del pensamiento e instrumento de comunicaci?n. Nos ense?an a hablar y a escribir correctamente, no como los guionistas o locutores de radio y televisi?n que martirizan d?a tras d?a, hora tras hora, el pobre idioma castellano, mejor usado hoy en los pa?ses hispanoamericanos que en su tierra natal, la "espaciosa y triste Espa?a".

Una tragedia familiar: "Mam?, quiero estudiar filosof?a"

Dec?a Jorge Luis Borges que un caballero s?lo defiende causas perdidas. Y yo s? bien que casi perdida est? la causa de un cultivo de las Humanidades que, como dec?a el Beato Josemar?a Escriv?, implica la supremac?a del esp?ritu sobre la materia. Porque resulta que una chica que lee mucho "es un poco rara", mientras que el chico que se pasa las horas tontas ante la televisi?n o con los videojuegos hace lo que corresponde a un muchacho de su edad. No digamos la tragedia familiar que se produce cuando la chica en cuesti?n dice que quiere estudiar Filosof?a y Letras, en lugar de una carrera de provecho, que la ayudar? a labrarse un porvenir seguro (y ?a?ado por mi cuenta? aburrido o tal vez desgraciado).No es prudente tampoco que los j?venes tomen, en su inmadurez, decisiones de tipo social o religioso que puedan condicionar su futuro. En cambio, no parecen tan inmaduros a la hora de iniciarse en las pr?cticas menos virtuosas y m?s disolventes que la sociedad de consumo les brinda hoy en bandeja, sobre todo cuando pueden disponer sin esfuerzo de unas cantidades de dinero que superan el salario m?nimo interprofesional.

La formaci?n c?vica es asunto estrechamente relacionado con la adquisici?n de las virtudes morales e intelectuales: la fortaleza, la prudencia, la sabidur?a, la templanza, el arte y la justicia. Las virtudes son excelencias del car?cter que no se pueden desarrollar a trav?s de una ense?anza meramente te?rica. En realidad, como dec?an los fil?sofos griegos, las virtudes no se pueden ense?ar: s?lo se pueden aprender. Lo cual equivale a decir que el protagonista de la educaci?n no es el padre, la madre, la profesora o el profesor: el gran protagonista y autoresponsable de su educaci?n es el propio educando, es decir, el hijo o el alumno.

?Queremos a los j?venes?

Por ello es imprescindible que nos tomemos a los j?venes en serio. Como dec?a el maestro Corts Grau, a la juventud hoy se la adula, se la imita, se la seduce, se la tolera... pero no se la exige, no se la ayuda de verdad, no se la responsabiliza... porque, en el fondo, no se la ama. Y esto es, en definitiva, lo que los j?venes sospechan y, aunque no se atrevan a declararlo, proceden en consecuencia.

El amor noble y normal de padres y maestros para con los j?venes est? siendo sustituido por el emotivismo, por la inundaci?n afectiva, por esas demostraciones de cari?o tan ostentosas como superficiales que se aprecian ?por ejemplo? en las paradas de los autobuses escolares: tal parece que los ni?os y la ni?as partieran como voluntarios hacia Kosovo, de donde no se sabe si volver?n vivos, o al menos no afectados por las radiaciones de las cabezas de misiles americanos y brit?nicos. La familia es algo mucho m?s serio que esa carga de sentimentalismo que hoy padecemos. La familia es una escuela de vida personal y social, en la que el modo de existir en cada edad va aprendiendo de los modos de existir de las dem?s edades. El ni?o aprende de j?venes y adultos. Los j?venes de ni?os y viejos. Y los viejos aprenden de todos y a todos ense?an, si es que no se les ha internado en eso que un colega m?o llama "ancianarios". De ah? que sean tan interesantes y formativas las familias numerosas, en las que todos aprenden de todos, continuamente, cuestiones esenciales acerca del mundo y de la sociedad.Si me permiten esta confesi?n personal ?a m? que no me puedo poner como ejemplo de nada? yo no cambiar?a a mis ocho hermanos y hermanas por nada de este mundo. De mis padres y de ellos he aprendido casi todo lo que s? acerca del hombre en sociedad. Por lo que se refiere a la educaci?n c?vica, tambi?n aprend? bastante durante los a?os que viv? en un Colegio Mayor Universitario. De manera que, desde hace unos treinta a?os a esta parte, el mundo no me ha ense?ado nada esencialmente nuevo. Y, por supuesto, cuando cruc? el umbral de la Universidad de Madrid, tras vencer la correspondiente resistencia paterna a que estudiara Filosof?a y Letras, yo ten?a muy claro que deb?a participar activamente en la vida intelectual y pol?tica de la Universidad, entonces en ebullici?n, lo cual me proporcion? experiencias, aventuras y riesgos que ?como saben mis amigos y mis alumnos? son tan sorprendentes como largas de contar.

M?s voluntad de aventura de "arriesgar la vida"

Me temo que el actual modelo de vida familiar y escolar ?aunque sea m?s libre y menos severo? presenta un cierto car?cter un?voco y mon?tono, que no facilita precisamente el crecimiento en las virtudes ciudadanas. La sociedad de hoy parece pensada a la medida del adulto infantilizado, ?se que compone las millonarias audiencias de programas televisivos con encefalograma plano. Deber?amos tener m?s voluntad de aventura, m?s capacidad de riesgo, m?s disposici?n para esa actitud que Teresa de ?vila sintetizaba en la expresi?n "arriesgar la vida".Para "arriesgar la vida", la virtud m?s necesaria es, parad?jicamente, la sobriedad, la templanza. Porque el exceso de comodidades y satisfacciones materiales embota la imaginaci?n y la facultad de sorprender y dejarnos sorprender. Mucho m?s interesante que ese estado en el que "no falta de nada", es la actitud de estrenar la vida cada d?a, de no dejarse atrapar por la rutina y la mediocridad. Quien no sufre alguna carencia material se encuentra en la situaci?n que los griegos llamaban apatheia, es decir, apat?a. No sentir ni padecer es una de las mayores desgracias que a uno le puede deparar la vida y uno de los peores legados que se pueden transmitir a las generaciones j?venes. Con lo cual tambi?n est? ?ntimamente relacionada la virtud de la justicia, especialmente en su aspecto social, con relaci?n a los m?s pobres y necesitados. Es un aut?ntico esc?ndalo que una sociedad democr?tica y b?sicamente cristiana tolere que haya unas diferencias de nivel de vida clamorosas y, adem?s, crecientes.

La formaci?n c?vica ha de enraizarse en un ambiente de libertad, en un modo austero de comportarse, en actitudes estables de servicio, en h?bitos de compartir lo que se tiene con los que m?s lo necesitan, en la fortaleza para denunciar la injusticia y no ser c?mplices de la corrupci?n, en el compromiso de decir siempre la verdad... aunque se hunda el mundo, como decimos en Navarra. "Una palabra de verdad vale m?s que el mundo entero", reza el proverbio ruso que Solzenytsin incluy? en su discurso para la recepci?n del Premio Nobel del Literatura, ceremonia a la que las autoridades sovi?ticas le prohibieron asistir. "?Qu? puede la verdad contra la rueca de la violencia?", se preguntaba Solzenytsin en aquel discurso que nunca pronunci?. A la actitud de amor a la verdad siempre le cabe decir que no: mientan todos ustedes, pero no cuenten para ello con mi colaboraci?n; finjan que son honrados mientras participan en la corrupci?n, pero h?ganlo sin mi ayuda; pli?guense d?cilmente a leyes inmorales que permiten el dominio de los m?s d?biles por parte de los m?s fuertes, pero les anticipo mi desobediencia civil; difundan los medios de comunicaci?n social todo tipo de falsos estereotipos acerca de instituciones y personas intachables, pero no esperen que yo les crea ni me haga eco de sus insidias y sectarismos. Desde luego, vivir el humanismo c?vico resulta peligroso, pero ?como dec?a Plat?n? es un "bello riesgo".Una actitud as?, de seria rebeld?a ante los poderosos de este mundo, no se puede mantener si no es con la ayuda de Dios. Por eso, el humanismo puramente secular o laico acaba en la inconsistencia y en el drama. La religi?n es el lazo de solidaridad m?s fuerte que une a personas de las m?s distintas condiciones e ideas. Y el cristianismo no s?lo nos habla acerca de la verdad, sino que es la Verdad misma, encarnada por Jesucristo, que al mismo tiempo es Camino y Vida. Al menos en una tradici?n hist?rica y religiosa como la nuestra, no es posible una formaci?n c?vica sin un s?lido fundamento cristiano. Lo cual no quiere decir que se haya de profesar el cristianismo porque es socialmente positivo. M?s bien resulta socialmente positivo porque, como ha escrito Michel Henry en C?est moi la verit?, el cristianismo es la Verdad misma, la verdad que libera, que se hace Vida y Camino para quienes se atreven a vivir como hijos de Dios. Claro aparece, entonces, que las exigencias sociales del cristianismo, sus demandas c?vicas, ser?n mucho m?s altas y certeras que las que pueda transmitir cualquier doctrina cient?fica, ?tica o pol?tica.

Una visi?n cristiana de la vida

La visi?n cristiana de la vida pone en el centro el amor a los dem?s, la solidaridad de quienes forman un s?lo Cuerpo y saben que la salvaci?n no es un asunto individualista. Todos dependemos de todos, en un sentido muy profundo y esencial. Por eso, una educaci?n c?vica cristiana y humanista ha de fomentar lo que Alasdair MacIntyre llama en su ?ltimo libro "virtudes de la dependencia reconocida", entre las que se encuentran la generosidad, el agradecimiento, la compasi?n, el cuidado de discapacitados o enfermos, la alegr?a, la solidaridad y, en ?ltimo t?rmino la misericordia o piedad.

La propia independencia, la libre actuaci?n personal, s?lo se logra desde la base de la dependencia, y nunca la elimina del todo. Porque la libertad humana no consiste en la carencia de v?nculos, sino en la calidad de esos v?nculos y en la fuerza vital con la que uno los acepta y permanece fiel a ellos.

La completa independencia o personal autonom?a es una ficci?n que ya apuntaba en la satisfecha autarqu?a propuesta por la ?tica griega, y que se consider? como el gran ideal humano en la Ilustraci?n moderna, especialmente en su versi?n kantiana. Las derivaciones actuales de este planteamiento son el utilitarismo y el emotivismo, que muchas veces se presentan asociados entre s?. El que es a un tiempo utilitarista y emotivista, piensa que s?lo hay dos tipos de motivos para decidir la propia conducta. Uno de ellos es la elecci?n racional, la rational choice, el c?lculo de la mayor cantidad de bien posible para el mayor n?mero de gente posible, aunque se presente el problema de qu? g?nero de bienes hemos de valorar m?s o menos, y resulta dif?cil decidir a qu? gente se procura beneficiar, si especialmente a m? mismo y a los que me rodean, o bien a los que m?s lo necesiten; y si hemos de primar a los actuales habitantes del planeta, o hemos de comportamos de modo que no dejemos una tierra contaminada y desertizada a los que vengan despu?s.

El otro tipo de motivaci?n es el que procede de los sentimientos de simpat?a hacia otras personas; pero este emotivismo inmediato, si no est? ordenado por h?bitos morales firmemente adquiridos, conduce al relativismo ?tico y a la arbitrariedad sentimental.

Est? claro que tales planteamientos utilitaristas y emotivistas (dominantes en la ?tica actual) no dan cuenta de las relaciones ?mucho m?s diversificadas y abiertas? que realmente se establecen entre las personas humanas. Nos encontramos en un continuo proceso de dar y recibir, casi nunca sometido estrictamente a la crispaci?n ego?sta del do ut des. La mayor parte de nuestras relaciones interpersonales no est?n motivadas ni por el c?lculo racional ni por emociones inmediatas, sino que responden a relaciones de amistad, de familia o de trabajo, en las que muchas veces ?y en algunos casos durante largo tiempo? ayudamos a otros sin esperar nada a cambio, o ?lo que quiz? es m?s dif?cil de aceptar? nos dejamos ayudar sin expectativas de poder devolver los favores en el futuro. Si los humanos s?lo hici?ramos lo que pensamos que nos conviene o lo que enciende nuestras emociones inmediatas, casi todo quedar?a por hacer; la sociedad se parar?a, porque habr?a una gigantesca huelga de brazos ca?dos. Como han demostrado recientemente economistas que han merecido el Premio Nobel, las actividades que realizamos con mayor atenci?n y cuidado son precisamente aqu?llas por las que no recibimos ninguna retribuci?n econ?mica. Y, adem?s, no es cierto que si todos buscan su inter?s ego?sta, resultar? de la suma y difusi?n de esos beneficios el inter?s general. Tal planteamiento neoliberal no funciona, entre otras cosas porque ?como ha se?alado Amartya Sen? en situaciones de extrema miseria (que afectan hoy d?a a un tercio de la poblaci?n mundial), las personas no est?n en condiciones de pararse a pensar cu?l es su inter?s, presionadas como se hallan por encontrar el puro y simple sustento diario.

S?lo hay una ?tica

En la base de no pocos de estos errores te?ricos y pr?cticos se halla la separaci?n entre ?tica p?blica y ?tica privada. La ?tica p?blica ser?a puramente procedimental, y se agotar?a en el cumplimiento de las normas constitucionales y en el respeto al derecho positivo. En cambio, la ?tica personal se ver?a relegada exclusivamente al cerco privado, sin ninguna manifestaci?n pol?tica o econ?mica. Cuando lo cierto es que s?lo hay una ?tica que, ciertamente, presenta aspectos privados y aspectos p?blicos, que no son delimitables entre s? de modo neto, ni se deben separar de manera dr?stica. Si alguien no es honrado o limpio en su vida personal o familiar, ser? muy raro que se comporte con honestidad en la esfera p?blica, porque le faltar? el temple moral necesario para acometer acciones que sean a la vez justas y arduas, o para evitar comportamientos que seducen por su encanto inmediato pero acaban por corromper a las personas y perjudicar gravemente al bien com?n. Y, a su vez, si alguien no se conduce rectamente en el nivel p?blico, ese desgarramiento existencial se traducir? r?pidamente en las relaciones m?s ?ntimas y personales, seg?n se manifiesta en la inestabilidad familiar de no pocas personas que est?n obligadas ?por la autoridad que representan? a tener una conducta intachable en el terreno personal.La formaci?n ciudadana presenta, por lo tanto, un car?cter ?tico con esenciales proyecciones pol?ticas, en el m?s amplio sentido de esta palabra. El hombre bueno ha de procurar, simult?nea e inseparablemente, ser tambi?n un buen ciudadano, lo cual ?sobre todo en el caso de reg?menes injustos? no siempre supone el d?cil seguimiento de las normas establecidas, sino puede implicar la resistencia civil que lleve a no cumplir leyes que prescriben o permiten comportamientos intr?nsecamente malos, como es el caso del aborto provocado, la eutanasia, la retribuci?n insuficiente del personal subordinado, el maltrato a extranjeros y emigrantes, el abuso de menores o la difusi?n indiscriminada de material pornogr?fico.Reducir la moral al ?mbito exclusivamente personal, familiar o profesional, con abandono de la esfera estrictamente p?blica, es un enfoque burgu?s y completamente insuficiente de la ?tica. Nadie puede ser moralmente bueno en una campana de cristal, entre otros motivos porque tales reductos incomunicados ya no existen. En la nueva sociedad del conocimiento y la informaci?n se registra un alt?simo grado de complejidad, seg?n el cual los mensajes p?blicos est?n penetrando continuamente en el terreno privado, y las personas particulares han de tomar todos los d?a decisiones que afectan a otra mucha gente. Por otro lado, la inteligencia y el car?cter de las personas se manifiestan m?s claramente en un entramado global de redes ciberespaciales que un mundo de m?quinas y altas chimeneas.

Lo que demanda la sociedad que est? surgiendo en nuestras manos a comienzos del nuevo milenio es una nueva ciudadan?a, mucho m?s activa y responsable, en la que las personas no se conformen con ser convidados de piedra en el concierto p?blico, sino que ejerciten con energ?a y decisi?n su libertad social, su responsabilidad c?vica y su creatividad cultural. Los nuevos ciudadanos, quienes habr?n de tomar el relevo de la cosa p?blica dentro de pocos a?os, tendr?n el honor y la carga de configurar ese mundo tan distinto al actual de una forma hondamente humana. Para ello necesitan aprender una asignatura que no est? en los libros de texto ni se puede incluir en los planes de estudio. La formaci?n c?vica se adquiere como por ?smosis en la familia, en el colegio, en la Universidad, en las relaciones de parentesco y de vecindad. Esto pone en primer t?rmino la necesidad del buen ejemplo. S?lo el que conviva con buenos ciudadanos aprender? a ser un buen ciudadano. En esta disciplina, todos somos maestros y disc?pulos a un tiempo. Cada uno de nosotros debe pensar: que no sea yo el que les falle.


Revista "Nuestro Tiempo", I-II.01

Publicado por mario.web @ 10:10
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios