Martes, 14 de septiembre de 2010

La Iglesia, en el d?a de la fiesta de la exaltaci?n de la Santa Cruz, celebra la veneraci?n a las reliquias de la Cruz de Cristo en Jerusal?n, tras ser recuperada de manos de los persas por el emperador Her?clito.?

Seg?n manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar una cruz, como hab?a hecho Cristo a trav?s de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intent? entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y qued? paralizado. El patriarca Zacar?as que iba a su lado le indic? que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusal?n. Entonces el emperador se despoj? de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanz? sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la cruz en el sitio donde antes era venerada.?

Los fragmentos de la santa Cruz se encontraban en el cofre de plata dentro del cual se los hab?an llevado los persas, y cuando el patriarca y los cl?rigos abrieron el cofre, todos los fieles veneraron las reliquias con mucho fervor, incluso, su produjeron muchos milagros.

El fragmento de la Cruz de Cristo de mayor tama?o se encuentra en el Monasterio de Santo Toribio de Li?bana (Cantabria, Espa?a), donde es venerado por decenas de miles de fieles cada a?o.

Nosotros recordamos con mucho cari?o y veneraci?n la Santa Cruz porque en ella muri? nuestro Redentor Jesucristo, y con las cinco heridas que all? padeci? pag? Cristo nuestras inmensas deudas con Dios y nos consigui? la salvaci?n.

A San Antonio Abad (a?o 300, fiesta el 17 de enero) le sucedi? que el demonio lo atacaba con terribles tentaciones y cuentan que un d?a, angustiado por tantos ataques, se le ocurri? hacerse la se?al de la Cruz, y el demonio se alej?. En adelante, cada vez que le llegaban los ataques diab?licos, el santo hac?a la se?al de la cruz y el enemigo hu?a. Y dicen que entonces empez? la costumbre de hacer la se?al de la cruz para librarse de males.

De una gran santa se narra que empezaron a llegarle espantosas tentaciones de tristeza. Por todo se disgustaba. Consult? con su director espiritual y este le dijo: "Si Usted no est? enferma del cuerpo, ?sta tristeza es una tentaci?n del demonio". Le recomend? la frase del libro del Eclesi?stico en la S. Biblia: "La tristeza no produce ning?n fruto bueno". Y le aconsej?: "Cada vez que le llegue la tristeza, haga muy devotamente la se?al de la cruz". La santa empez? a notar que con la se?al de la cruz se le alejaba el esp?ritu de tristeza.

Cuando Nuestra Se?ora se le apareci? por primera vez a Santa Bernardita en Lourdes (A?o 1859), la ni?a al ver a la Virgen quiso hacerse la se?al de la cruz. Pero cuando lleg? con los dedos frente a la cara, se le qued? paralizada la mano. La Virgen entonces hizo Ella la se?al de la cruz muy despacio desde la frente hasta el pecho, y desde el hombro izquierdo hasta el derecho. Y tan pronto como la Madre de Dios termin? de hacerse la se?al de la cruz, a la ni?a se le solt? la mano y ya pudo hacerla ella tambi?n. Y con esto entendi? que Nuestra Se?ora le hab?a querido dar una lecci?n: que es necesario santiguarnos m?s despacio y con m?s devoci?n.

F?jese en la gente cuando hace la se?al de la Cruz. Observe, por ejemplo, a los pocos jugadores de f?tbol que se santiguan en el campo. ?C?mo le parece esa cruz que se hacen? ?No es cierto que m?s parece un garabato que una se?al de la Cruz? ?C?mo haremos nosotros la se?al de la Cruz de hoy en adelante?

Como recuerdo de esta fecha de la exaltaci?n de la Santa Cruz, acu?rdese de realizar con m?s devoci?n y m?s despacio su se?al de la Cruz.

A continuaci?n se ofrece un texto de Rafael L?pez-Mel?s, OCD, sobre la fiesta de la exaltaci?n de la Santa Cruz.

El cristianismo es un mensaje de amor. ?Por qu? entonces exaltar la Cruz? Adem?s, ? la Resurrecci?n da sentido a nuestra vida, m?s que la Cruz.

Pero ah? est? la Cruz, el esc?ndalo de la Cruz, de San Pablo. Nosotros no hubi?ramos introducido la Cruz. Pero los caminos de Dios son diferentes. Los ap?stoles la rechazaban. Y nosotros tambi?n. Cuando Clovodeo le?a la Pasion exclamaba: ?Ah, si hubiera estado all? yo, con mis francos!

La Cruz es fruto de la libertad y amor de Jes?s. No era necesaria. Jes?s la ha querido para mostrarnos su amor y su solidaridad con el dolor humano. Para compartir nuestro dolor y hacerlo redentor.

Jes?s no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguir? presente entre nosotros. Tampoco ha venido para explicarlo: seguir? siendo un misterio. Ha venido para acompa?arlo con su presencia.

En presencia del dolor y muerte de Jes?s, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.

Jes?s, en plena juventud, es eliminado y lo acepta para abrirnos el para?so con la fuerza de su bondad: "En plenitud de vida y de sendero di? el paso hacia la muerte porque ?l quiso. Mirad, de par en par, el para?so, abierto por la fuerza de un Cordero" (Himno de Laudes).

En toda su vida Jes?s no hizo mas que bajar: en la Encarnaci?n, en Bel?n, en el destierro. Perseguido, humillado, condenado. Solo sube para ir a la Cruz. Y en ella est? elevado, como la serpiente en el desierto, para que le veamos mejor, para atraernos e infundirnos esperanza. Pues Jes?s no nos salva desde fuera, como por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas. Jes?s no est? en la Cruz para adoctrinarnos ol?mpicamente, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente.

Pero el disc?pulo no es de mejor condici?n que el maestro, dice Jes?s. Y a?ade: "El que quiera venirse conmigo, que reniegue de si mismo, que cargue con su cruz y me siga". Es f?cil seguir a Jes?s en Bel?n, en el Tabor. ?Qu? bien estamos aqu?!, dec?a Pedro. En Getseman? se duerme, y luego le niega.

''No se va al cielo hoy ni de aqu? a veinte a?os. Se va cuando se es pobre y se est? crucificado" (Leon Bloy). "Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todav?a" (El Se?or a Juan de la Cruz). No tengamos miedo. La Cruz es un signo m?s, enriquece, no es un signo menos. El sufrir pasa, el haber sufrido?la madurez adquirida en el dolor?no pasa jam?s. La Cruz son dos palos que se cruzan: si acomodamos nuestra voluntad a la de Dios, pesa menos. Si besamos la Cruz de Jes?s, besemos la nuestra, astilla de la suya.

La Cruz aceptada?no la buscada?tiene un gran valor... Dijo una ostra a otra ostra: "Siento un gran dolor dentro de m?. Es pesado y redondo y me lastima". Y la otra ostra replic? con arrogancia: "Alabados sean los cielos y el mar. Yo no siento dolor dentro de m?. Me siento bien e intacta". Un cangrejo que pasaba por alli las escuch? y dijo a la que estaba bien e intacta: "S?, te sientes bien, pero el dolor de la otra es una hermosa perla".

Es la ambiguedad del dolor. El que no sufre, queda inmaduro. El que lo acepta, se santifica. El que lo rechaza, se amarga y se rebela.



Publicado por mario.web @ 11:46
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