Martes, 14 de septiembre de 2010

Una vez una persona andaba buscando al Se?or. Le hab?an comentado de una invitaci?n que hac?a a todos para llegarse hasta su Reino, donde dicen que ten?a reservada una morada para cada uno de sus amigos. Y ?l tambi?n ten?a ganas de ser amigo del Se?or. ?Por qu? no? Si otros lo hab?an logrado ?qu? le imped?a a ?l llegar a ser uno de ellos?

Averiguando acerca del paradero, se enter? de que el Se?or se hab?a ido monte adentro con un hacha, a fin de preparar para cada uno de sus amigos, lo que necesitar?a para el viaje. Y se aventur? a alcanzarlo.

Los golpes del hacha lo fueron guiando hasta una isleta. Atraves? el trecho y se meti? por entre los mogotes y garabatos, tratando de acercarse al lugar de donde proven?an los golpes. Las largas hojas del caraguat? se le prend?an con sus peque?as espinas ganchudas, pero no lograron detenerlo, porque era hombre decidido.

Al fin lleg?. Y se encontr? con el mism?simo Nuestro Se?or, que estaba preparando las cruces para cada uno de sus amigos, antes de partir hacia su casa, a fin de disponer un lugar para cada uno.

- ?Qu? est?s haciendo? -le pregunt? el joven al Se?or. - Estoy preparando la cruz para cada uno de mis amigos con la que tendr?n que cargar para seguirme y as? poder entrar en mi Reino. -?Puedo ser yo tambi?n uno de tus amigos? -volvi? a preguntar el muchacho. -?Claro que s?? le dijo Jes?s. Es lo que estaba esperando que me pidieras. Si quieres serlo de verdad, tendr?s que tomar tambi?n tu cruz y seguir mis huellas. Porque yo tengo que adelantarme para ir a prepararles un lugar.

-?Cu?l es mi cruz, Se?or?. -?sta que acabo de hacer. Sabiendo que ven?as y viendo que los obst?culos no te deten?an, me puse a prepar?rtela especialmente y con cari?o para ti.

La verdad que muy, muy preparada no estaba. Se trataba pr?cticamente de dos troncos cortados a hacha, sin ning?n tipo de terminaci?n ni arreglos. Las ramas de los troncos hab?an sido cortados de abajo hacia arriba, por lo que sobresal?an pedazos por todas partes. Era una cruz de madera dura, bastante pesada, y sobre todo muy mal terminada. El joven al verla pens? que el Se?or no se hab?a esmerado demasiado en prepar?rsela. Pero como quer?a realmente entrar en el Reino, se decidi? a cargarla sobre sus hombros, comenzando el largo camino, con la mirada en las huellas del Maestro. Ni bien carg? la inc?moda cruz, hizo tambi?n su aparici?n Mba? Pochy -el diablo-. Es su costumbre hacerse presente en estas ocasiones. Y en aquella circunstancia no fue diferente, porque donde anda Dios, asimismo anda el diablo. Sobre todo en los montes.

Desde atr?s le peg? el grito al joven que ya se hab?a puesto en camino: -?Te olvidaste de algo, el hacha!. Extra?ado por aquella llamada, mir? para atr?s y vio a Mandinga muy comedido, que se acercaba sonriente con el hacha en la mano para entreg?rsela. -Pero ?c?mo?, ?tambi?n tengo que llevarme el hacha? -pregunt? molesto el muchacho. -No s?, -dijo el diablo haci?ndose el inocente. Pero se me hace que es conveniente que te la lleves por lo que puedas necesitar en el camino. Por lo dem?s, ser?a una l?stima dejar abandonada una hachita tan linda. La propuesta le pareci? tan razonable, que sin pensar demasiado, tom? el hacha y reanud? su camino.

Duro camino por varias cosas. Primero, y sobre todo, por la soledad. ?l cre?a que lo har?a con la visible compa??a del Maestro. Pero resulta que se hab?a ido dejando s?lo sus huellas. Siempre la cruz encierra la soledad, y a veces la ausencia que m?s duele en este camino es la de no sentir a Dios a nuestro lado. Algo as? como si nos hubiera abandonado.

El camino tambi?n era duro por otros motivos. En realidad no hab?a camino. Simplemente eran huellas por el monte o por los esteros. Hac?a fr?o en aquel invierno y la cruz era pesada. Sobre todo, era molesta por su falta de terminaci?n. Parec?a como que las salientes se empe?aran en engancharse por todas partes a fin de retenerlo. Y se le incrustaban en la piel para hacerle m?s doloroso el camino.

Una noche particularmente fr?a y llena de soledad, se detuvo a descansa. Deposit? la cruz en el suelo a la vez que tom? conciencia de la utilidad que podr?a brindarle el hacha. Quiz? el Maligno -que lo segu?a a escondidas- ayud? un poco arrim?ndole la idea mediante el brillo del fierro del instrumento. Lo cierto es que, ah? se puso a arreglar la cruz. Con calma y despacito le fue sacando los nudos que m?s le molestaban, suprimiendo aquellos mu?ones de ramas mal cortadas, que tantos disgustos le estaban proporcionando en el camino. Y consigui? dos cosas. Primero, mejorar el madero. Y segundo, gan? un montoncito de le?a que le vino como mandado a pedir para prepararse un fueguito con el que calentar sus manos ateridas.

Esa noche durmi? tranquilo. A la ma?ana siguiente reanud? su camino. Y noche a noche su cruz fue siendo mejorada, pulida por el trabajo que en ella iba realizando. Mientras su cruz mejoraba y se hac?a m?s llevadera, consegu?a tambi?n tener la madera necesaria para el fueguito amigo de cada noche. Casi, casi, se sinti? agradecido hacia Mandinga que le hab?a hecho traerse el hacha consigo. Despu?s de todo hab?a sido una suerte contar con aquel instrumento que le permit?a el trabajo sobre su cruz. Estaba satisfecho con la tarea y hasta sent?a un peque?o orgullo por su obra de arte. La cruz ten?a ahora un tama?o razonable y un peso mucho menor. Y adem?s se trataba de algo prolijo. Bien pulida, brillaba a los rayos del sol, y casi no molestaba al cargarla sobre sus hombros. Achic?ndola un poco m?s, llegar?a finalmente a poder levantarla con una sola mano a manera de estandarte, para as? identificarse ante los dem?s como seguidor del crucificado. Y si le daban tiempo, podr?a llegar a acondicionarla hasta tal punto que llegar?a al Reino con la cruz colgada de una cadenita al cuello como un adorno sobre su pecho, para alegr?a de Dios y testimonio ante los dem?s. Y consigui? su meta. Es decir: sus metas, porque para cuando lleg? a las murallas del Reino, se dio cuenta de que gracias a su trabajo, estaba descansado y adem?s pod?a presentar una cruz muy bonita, que ciertamente quedar?a como recuerdo en la Casa del Padre.

Pero no todo fue tan sencillo. Resulta que la puerta de entrada al Reino estaba colocada en lo alto de la muralla. Se trataba de una puerta estrecha, abierta casi como una ventana a una altura imposible de alcanzar. Llam? a gritos, anunciando su llegada. Y desde lo alto se le apareci? el Se?or invit?ndolo a entrar. -Pero, ?c?mo, Se?or? No puedo. La puerta est? demasiado alta y no la alcanzo.

-Apoy? la cruz contra la muralla y luego trepa por ella utiliz?ndola como escalera -le respondi? Jes?s-. Yo le dej? a prop?sito los nudos para que te sirviera. Adem?s tiene el tama?o justo para que puedas llegar hasta la entrada.

En ese momento el joven se dio cuenta de que realmente la cruz recibida hab?a tenido sentido y que de verdad el Se?or la hab?a preparado bien. Sin embargo ya era tarde. Su peque?a cruz, pulida, y recortada, le parec?a ahora un juguete in?til. Era muy bonita pero no le serv?a para entrar. Mandinga hab?a resultado mal consejero y peor amigo.

Pero, el Se?or es bondadoso y compasivo. No pod?a ignorar la buena voluntad del muchacho y su generosidad en querer seguirlo. Por eso le dio un consejo y otra oportunidad.- Vu?lvete sobre tus pasos. Seguramente en el camino encontrar?s a alguno que ya no da m?s, y ha quedado aplastado bajo su cruz. Ay?dale t? a traerla. De esta manera le posibilitar?s que logre hacer su camino y llegue. Y ?l te ayudar? a ti a que puedas entrar.

An?nimo


Publicado por mario.web @ 12:36
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