Mi?rcoles, 15 de septiembre de 2010

Hoy, bajo la gu?a de un Angel, he estado en los abismos del infierno. Es un lugar de grandes tormentos en toda su extensi?n espatonsamente grande. Est?s son las verias penas que he visto: la primera pena, la que constituye el infierno, es la p?rdida de Dios; la segunda: los continuos remordimientos de conciencia; la tercera: el conocimiento de que aquella suerte no cambiar? jam?s; la cuarta pena es el fuego que penetra el alma, pero no la aniquila: es una pena terrible, es un fuego puramente espiritual, encendido de la Ira de Dios; la quinta pena es la oscuridad continua, un horrible sofocante hedor, y a pesar de la oscuridad los demonios y las almas se ven entre s?: y ven todo el mal de los dem?s y el propio; la sexta pena e sla compa??a continua de satan?s; la septima pena es la tremenda desesperaci?n, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias. Est?s son penas que todos los condenados padecen juntos, pero esto no es el fin de los tormentos: Hay
tormentos particulares para las diversas almas, que son los tormentos de los sentidos. Cada alma, con lo que ha pecado es atormentada de manera tremenda e indescriptible. Hay unas horribles cavernas, abismos de tormentos, donde cada suplicio se diferencia del otro. Habr?a muerto a la vista de aqullas horribles torturas, si no me hubiera sostenido la Omnipotencia de Dios. El pecador sepa que con el sentido que peca ser? torturado por toda la eternidad. Escribo esto por orden de Dios, para que ning?n alma se justifique diciendo que el infierno no existe, o tambi?n que n?nguno ha estado nunca y ninguno sabe c?mo sea. Yo sor Faustina, por orden de Dios, estuve en los abismos del infierno, con el fin de relatarlo a las almas y atestiguar que el infierno existe. Ahora no puedo hablar de esto. Tengo la orden de dejarlo por escrito. Los demonios han demostrado un odio en contra m?o, pero por orden de Dios han debido obedecerme. Lo que he escrito es uan d?bil sombra de las cosas
que he visto. Una cosa he notado, es decir, que la mayor parte de las almas que all? est?n, son almas que no cre?an que el infierno exist?a. Cuando volv? en m? no lograba reponerme del espanto, al pensar que unas almas ah? sufren tan terriblemente, por eso ruego con mayor fervor por la conversi?n de los pecadores, e invoco insesantemente la Misericordia de Dios para ellos. Oh Jes?s m?o, prefiero agonizar hasta el fin del mundo en las m?s grandes torturas, antes de ofenderte con el m?s peque?o pecado.

Del Diario de Santa Faustina


Publicado por mario.web @ 8:03
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