Mi?rcoles, 15 de septiembre de 2010

Al maestro le gustaba inducir en los corazones infantiles la necesidad, para alcanzar la salvaci?n, de quemar la juventud con sus m?s bellos sentimientos.

Los alumnos cre?an ciegamente en sus palabras, pues si tan eximia era su sabidur?a y hab?a sido elegido para se?alar el camino, en ?l yac?a la verdad. Incluso pensaban que todo eso era necesario para fertilizar los jardines y vi?edos de una humanidad carente de m?rtires.

Muchos, inutilizados para pensar por ellos mismos, sacrificaron sus energ?as, desangrando vidas que eran r?os de oro y plata salvaje; salvo uno, que se neg? rotundamente. Este joven desarroll? su pensamiento al margen de unas ense?anzas violentas con la conciencia.

Cuando los j?venes murieron, el maestro recogi? sus cenizas y las roci? por los campos. Esa primavera abund? la cosecha. Sin embargo, un a?o despu?s volvi? a nacer en la campi?a de la humanidad el ego?smo y la soledad, porque las cenizas se gastaron est?pidamente.

Mientras tanto, el rebelde volvi? a la escuela, quem? los libros del maestro, destroz? su aula y escribi? en la pared un c?ntico a la libertad. Luego volvi? a la aridez esteparia donde se aglomeraba la muchedumbre.?
All?, con el aliento de los ignorantes y de los necesitados, despert? la grandeza contenida en el coraz?n del desde?ado. Sin comprender el misterio, en un peque?o grupo floreci? una ingente cosecha, y, al cabo de alg?n tiempo, parte de la humanidad se convirti?. ?stos contaron su experiencia a sus hijos, ?stos a los suyos y as? el fruto se multiplic?.

Y para que perdurase la memoria del rebelde como ejemplo contra el fanatismo, introdujeron sus cenizas en una urna transparente con esta leyenda: "Quien te ama, velar? por ti".


Publicado por mario.web @ 8:30
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