Lunes, 01 de noviembre de 2010

Hace pocos a?os murieron aqu? en Italia dos c?micos y
actores de cine muy famosos: Alberto Sordi y Nino Manfredi. El primero
era un cat?lico a toda prueba (a pesar de las bromas y cr?ticas
con que trataba a curas y monse?ores en sus pel?culas); el segundo
no lograba salir de sus dudas. Frecuentemente se hab?an encontrado
para pasar el rato, contarse chistes y tambi?n para hablar de cosas
serias, inclu?da la fe. Muri? Alberto y la televisi?n
entrevist? entre otros a su amigo Nino. Recuerdo que al final de la
charla, Manfredi dirigi?ndose idealmente a Sordi dijo, entre serio y
sonriente: "Albertone, si ten?as raz?n t?, gu?rdame un
sitio cerca de ti, porque voy a venir pronto (muri? al a?o
siguiente) y continuaremos ech?ndonos cuatro carcajadas.. .". Uno
creyente, el otro no; pero, ambos dos c?micos "serios" (valga
la contradicci?n) ; actores que gozaban haciendo reir a la gente, pero
que bromeando o en serio la hac?an pensar...

Una vez acompa?? a un seminarista al psic?logo. Eran marido y
mujer, ambos psic?logos. Mientras la se?ora hac?a unos tests al
joven, el marido me entretuvo en una animada conversaci?n. Entre
otras cosas me dijo: "Yo no soy creyente; pero, si existe Dios,
s?lo puede ser el Dios del Crucificado, porque en ?l Dios mismo ha
venido a vivir, a amar y a sufrir con nosotros y como nosotros".
Ven?a a decir que, si fuera un Dios que se desinteresara de nosotros,
un tal Dios no podr?a existir; y si se interesa por nosotros, no
puede haber dejado de venir y vivir "a lo humano": nacer en una
familia, tener unos amigos y enemigos, reir y llorar; tratar de ser
libre y coherente, aceptando las consecuencias que ello lleva consigo y,
por lo tanto, la eventualidad de la ofensa, la calumnia, la traici?n,
la lapidaci?n o la cruz. Y as? fue efectivamente el paso de Cristo
entre nosotros. No pod?a ser diversamente; de lo contrario, se
pod?a haber ahorrado su venida. ?Pero, vino! Ah? est? la
cosa.

Prescindiendo de la respuesta, positiva o negativa, que uno d?,
una cosa no es admisible: no dar respuesta, la indiferencia, el
pretender pasar de largo con desprecio, la pereza de pensar, de
preguntarse. No, porque con ello nos jugar?amos nuestra humanidad: la
capacidad de pensar, de preguntarnos, de dudar, de responder... Y a
nuestra humanidad no podemos renunciar, aunque nos haga pasar malos
ratos de vez en cuando. No, a ser humanos no tenemos derecho a
renunciar.

[4] A lo que iba. Estamos en un per?odo del a?o en que, en
el hemisferio norte, quien m?s quien menos (m?s bien menos que
m?s) disfruta de unos d?as de vacaciones. Son d?as que sirven,
entre otras cosas, como "test" del calibre humano de las
personas: hay quien durante el a?o vive totalmente sumergido en la
problem?tica de la familia y del trabajo y aprovecha estos d?as
para puro y simple relajo; hay quien recupera y profundiza las
relaciones familiares o amistosas "suspendidas" o empobrecidas
durante los meses precedentes; hay quien visita alg?n lugar
culturalmente interesante; y hay quien se dedica con calma a leer
alg?n libro, ya sea una novela recomendada por un amigo, ya sea algo
que invita a reflexionar, dado que durante el a?o "no hay tiempo
ni tranquilidad para ello". Porque el peligro est? en que, como
dec?a un autor, "la vida es aquello que transcurre mientras
pensamos en otra cosa"...

Y dado que en muchas partes respiramos un ambiente m?s bien
agn?stico o paganizante durante el a?o, quisiera ofrecer alguna
idea para reflexionar un momento precisamente sobre la fe. Por si
sirve...

El creyente no es aqu?l que lo tiene todo claro, no se halla en
la visi?n beat?fica; es uno que ha entrevisto una luz en la noche
y espera la aurora. Una luz que le permite sostener la fatiga de la vida
y de la fe; una luz tal vez humilde, uno que lucha por su fe. A su vez,
el no creyente que reflexiona vive tambi?n en lucha, b?squeda y
espera; a tientas va detr?s de un significado que no acaba de
encontrar. La increencia seria es sufrimiento de quien no encuentra, de
una ausencia, de una orfandad que no logra saber si hay o hubo un padre.
Este creyente y este no creyente son dos personas que, de manera diversa
luchan con Dios; y, aunque no lo parezca, se hallan m?s cerca la una
de la otra de lo que se imaginan.

La raz?n est? en que en toda persona que se pregunta sobre el
significado de la vida, del amor, del dolor, de la muerte, de las
cosas..., hay una mezcla ?en diversas dosis- de creyente y de no
creyente. El hombre no es uno que ya ha llegado a la meta, sino un
peregrino siempre en camino hacia la patria del sentido o del sinsentido
definitivos. La vida es ?xodo, un caminar hacia. Ah? est? la
grandeza del hombre; una grandeza a la que abdica cuando renuncia a
pensar y se declara derrotado o falsamente desinteresado. El hombre es
un caminante hacia, un mendigo de sentido: lo busca en su vivencia del
amor, del trabajo, de la s?plica silenciosa. Su verdadera
tentaci?n es la de pararse y salirse de ese camino, darse por
vencido, renunciar a su grandeza de pensante, dejarse arrastrar por la
pereza: ?pensar es fatigoso!.

Ahora bien, demos un paso m?s. Dios "ha tenido tiempo"
para el hombre; ha salido de su eterno silencio y se ha manifestado, ha
hablado (Jn 1, 1-18; 3, 16-21; Heb 1, 1-4). Ha salido al encuentro del
hombre que busca y camina. De este encuentro entre el ir del hombre y el
venir de Dios, del encuentro entre el ?xodo humano y el adviento
divino, puede surgir la fe; como les sucedi? a los dos disc?pulos
que se dirig?an a Ema?s: no les fue f?cil reconocer al Maestro,
pero al final, despu?s de una larga discusi?n desilusionada, se
les abrieron los ojos, y el desaliento y la queja cedieron el paso a la
alegr?a y al anuncio incontenibles (Lc 24, 13-35).

La fe es b?squeda, lucha, como Jacob con Dios, el misterioso
agresor nocturno (Gen 32, 23-33). En la vida hay ciertamente momentos de
pausa, de descanso, refrigeraci?n, gozo; pero, no pocas veces nos
descubrimos luchando con Dios, con nuestros "porqu?s". Por
eso la lucha y la duda habitan siempre en alg?n rinc?n de la casa
del creyente. Tambi?n el Bautista mand? preguntar a Jes?s:
"?Eres t? el que ha de venir, o debemos esperar a otro?" (Mt
11, 3ss). El mismo Cristo en la cruz pregunt?: "?Por
qu?...?" (Mt 27, 46). Y un grande m?stico como san Juan de la
Cruz escrib?a: "En una noche oscura / con ansias, en amores
inflamada... " ("Noche oscura", estrofa 1). La fe es
rendici?n, entrega, abandono, confianza... , sin dejar por ello de
seguir luchando. Lo que dec?a Jerem?as, el profeta tr?gico:
"Me has seducido, oh Se?or, y me dej? seducir; me has agarrado
y me has podido (...). Yo dec?a: ??No pensar? m?s en ?l,
ni hablar? m?s en su nombre!?. Pero hab?a en mi coraz?n
algo as? como un fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo
me esforzaba por abrogarlo, no pod?a" (Jer 20, 7.9).

La fe es, al mismo tiempo, lucha y entrega, pregunta y confianza en
la respuesta, admiraci?n y b?squeda. Por eso, si son coherentes,
tanto el creyente como el no creyente no pueden dejar de ser tolerantes
respecto del otro, de cultivar el silencio y la humildad, la pregunta y
el caminar incesante. Si de algo (no, de alguien) son enemigos, lo son
de la banalidad, la superficialidad, la pereza que se niega a pensar. Y
qui?n sabe si la grande diferencia hoy d?a, m?s que entre
creyentes y no creyentes, est? entre pensantes y no pensantes,
caminantes y renunciatarios, entre quien busca un amor siempre m?s
grande, una raz?n de la belleza y un horizonte m?s ancho, y quien,
en cambio, se contenta con ir mirando el reducido espacio en que apoya
sus pies y sin preguntarse por qu? existe en vez de no existir.

Ojal? acabemos el verano exclamando con el salmista:
"?Se?or, Dios nuestro, / qu? admirable es tu nombre en toda la
tierra!... / Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, / la luna y
las estrellas que has creado, / ?qu? es el hombre para que te
acuerdes de ?l?... / Lo hiciste poco inferior a los ?ngeles, / lo
coronaste de gloria y dignidad; / le diste el mando sobre las obras de
tus manos, / todo lo sometiste bajo sus pies..." (Salmo 8); "...
?Oh Dios, amante de la vida!" (Sab 11, 23-26).


Publicado por mario.web @ 23:59
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