Martes, 15 de febrero de 2011


La Eucarist?a, Presencia y Don de Cristo al mundo, estar? en el centro de la gran asamblea de cristianos venidos de todos los continentes a la ciudad de Qu?bec, para el 49? Congreso Eucar?stico Internacional, que se celebrar? del 15 al 22 de junio de 2008.

Este tema se encuentra desarrollado en un Documento teol?gico de base, aprobado por el Comit? Pontificio para los Congresos Eucar?sticos Internacionales.

Durante el Congreso, meditaremos cada una de las homil?as y las catequesis inspiradas de este texto, que nos ayudar?n en la preparaci?n espiritual y animar?n a la oraci?n para que podamos unirnos espiritualmente a la celebraci?n del Congreso.




V.- La Eucarist?a y la misi?n


?Los dos disc?pulos de Ema?s, tras haber reconocido al Se?or, ?se levantaron al momento? (Lc 24,33) para ir a comunicar lo que hab?an visto y o?do. Cuando se ha tenido verdadera experiencia del Resucitado, aliment?ndose de su Cuerpo y de su Sangre, no se puede guardar la alegr?a s?lo para uno mismo. El encuentro con Cristo, profundizado continuamente en la intimidad eucar?stica, suscita en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio?.34

A. La evangelizaci?n y la transformaci?n del mundo

?Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los disc?pulos de Cristo?.35 Cuando la Iglesia celebra el memorial de la muerte y resurrecci?n de Cristo, no deja de pedir a Dios: ?Acu?rdate Se?or? de todos aquellos a los que Cristo ha tra?do la Vida. Esta s?plica constante expresa la identidad y misi?n de la Iglesia, ya que se sabe solidaria y responsable de la salvaci?n de toda la humanidad. Viviendo de la Eucarist?a, participa a la intercesi?n universal de Cristo y lleva a toda la humanidad la esperanza de la vida eterna.

La Iglesia realiza su misi?n por la evangelizaci?n que trasmite la fe en Cristo y por la b?squeda de la justicia y la paz, que realizan la transformaci?n del mundo. Precisamente, la Eucarist?a es la fuente y cumbre de la evangelizaci?n y de la transformaci?n del mundo. Tiene el poder de despertar la esperanza de la vida eterna en aquellos que son tentados por la desesperaci?n.

La Eucarist?a abre al compartir a quienes est?n tentados a cerrar sus manos. Antepone la reconciliaci?n en lugar de la divisi?n. En una sociedad que frecuentemente esta dominada por una ?cultura de la muerte?, exacerbada por la b?squeda del confort individual, del poder y del dinero, la Eucarist?a recuerda el derecho de los pobres y el deber de la justicia y la solidaridad. Despierta a la comunidad al don inmenso de la Nueva Alianza, que llama a la humanidad entera a transformarse en algo m?s grande que ella misma.

?Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: ?Mira que hago nuevas todas las cosas? (Ap 21,5).Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida seg?n el Evangelio. La finalidad de la evangelizaci?n es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor ser?a decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos est?n comprometidos, su vida y ambiente concretos?.36

Desde el centro eucar?stico de su vida, la Iglesia de Cristo frecuentemente ha contribuido a construir comunidades humanas, reforzando los lazos de la unidad entre las personas y los grupos humanos. De esta forma, las comunidades cristianas, incluso peque?as y pobres, han crecido en medio de los pueblos en donde se enraizaban. En muchas naciones, como fue el caso en tierras de Am?rica para las aciones ind?genas y europeas, la Iglesia de Cristo ha inscrito la fe en el espacio de las nuevas culturas. En este espacio, el cristianismo contin?a buscando, por medio de los creyentes, soluciones nuevas a los
problemas in?ditos que enfrentan las comunidades humanas all? implantadas. Frecuentemente ha acompa?ado el nacimiento, evoluci?n y sobre vivencia de los pueblos, como lo ha hecho en el ?Nuevo Mundo?, mientras que el memorial del Se?or marcaba el desarrollo religioso y social. Gracias a su alto valor social y espiritual, el cristianismo ha ayudado a construir un aut?ntico ?estar unidos?, en el que el compartir de la Palabra y del Pan se prolongaba en el compartir de otras realidades humanas. El don de Dios se inscribi? en la vida del mundo.

Tanto en Am?rica, como en otras partes del mundo, la Iglesia comenz? con un proyecto misionero. Aqu?, en Qu?bec, la fe y las instituciones eclesiales dieron nacimiento a una Iglesia particular que buscaba inspirarse en la primera comunidad de Jerusal?n, y contribuyeron a moldear los rasgos del pueblo que estaba naciendo. La Iglesia local de Qu?bec, como la sociedad en la que est? inserta, fue marcada por un impulso inicial: ursulinas y hospitalarias, recoletos y jesuitas, asociados laicos y sacerdotes seculares atravesaron el oc?ano para anunciar el Evangelio de Dios sobre una tierra nueva.

Nuestra Iglesia fue a extraer de la aventura m?stica de estas mujeres y hombres, aventura llevada hasta los l?mites de la resistencia f?sica de la determinaci?n y de la fe, su profunda identidad en el pa?s naciente. Este impulso misionero, sacado de la fuente eucar?stica, que ha marcado tan profundamente la historia de este pa?s, est? llamado a continuarse y profundizarse para enfrentar los nuevos desaf?os de la secularizaci?n.


B. Construir la paz por la justicia y la caridad

La Iglesia es testigo para la humanidad del don realizado ?para que el mundo tenga vida?. Por lo mismo, la Eucarist?a es un desaf?o constante a la calidad de vida y amor de los disc?pulos de Cristo. ?Qu? he hecho de mi hermano? ?Qu? han hecho de m??Tuve hambre, sed, fui un extranjero, estaba desnudo, enfermo, en prisi?n (cf. Mt 25,31-46).?Lo que celebran es coherente y consecuente con sus relaciones sociales, familiares, interraciales, inter?tnicas o con la vida pol?tica y econ?mica en la que participan? El memorial de lo que consideran como el acontecimiento central de la historia de la humanidad quita el velo a sus inconsecuencias cada vez que toleran cualquier forma de miseria, injusticia, violencia, explotaci?n, racismo y privaci?n de libertad. La Eucarist?a convoca a los cristianos a participar en la restauraci?n continua de la condici?n humana y de la situaci?n del mundo y, si esto no se vive, son llamados seriamente a la conversi?n para vivir el llamado del Evangelio: ?Deja tu ofrenda all?, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda? (Mt 5,24).

La situaci?n actual del mundo interpela de forma particular la conciencia de los cristianos frente al grave problema del respeto a la vida desde el momento de la concepci?n hasta su t?rmino, al igual que el hambre y la miseria de las mazas. Es una invitaci?n a una globalizaci?n de la solidaridad en nombre de la dignidad inalienable de la persona humana, sobre todo cuando seres sin recursos son golpeados por cat?strofes naturales, triturados por las maquinas ciegas de la guerra y la explotaci?n econ?mica y confinados en campos de refugiados. Todas esas personas que la miseria, en cierto modo, ha destituido de su condici?n de seres humanos son el ?pr?jimo? por quien Cristo entreg? su vida. Su Coraz?n ?eucar?stico? asumi? anticipadamente, sobre la cruz, todas las miserias del mundo, y su Esp?ritu nos urge a tomar partido como ?l, pac?fica y eficazmente, por los pobres y por las v?ctimas inocentes.

Siguiendo el llamado de Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI contin?a interpelando sin cesar la responsabilidad de los seres humanos, en particular la de los dirigentes y jefes de estado: ?Se puede afirmar, sobre la base de datos estad?sticos disponibles, que menos de la mitad de las ingentes sumas destinadas globalmente a armamento ser?a m?s que suficiente para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ej?rcito de los pobres. Esto interpela a la conciencia humana. Nuestro com?n compromiso por la verdad puede y tiene que dar nueva esperanza a estas poblaciones que viven bajo el umbral de la pobreza, mucho m?s a causa de situaciones que dependen de las relaciones internacionales pol?ticas, comerciales y culturales, que por circunstancias incontroladas?.37


?Sin embargo, sabemos que el mal no tiene la ?ltima palabra, porque quien vence es Cristo crucificado y resucitado, y su triunfo se manifiesta con la fuerza del amor misericordioso. Su resurrecci?n nos da esta certeza: a pesar de toda la oscuridad que existe en el mundo, el mal no tiene la ?ltima palabra. Sostenidos por esta certeza, podremos comprometernos con m?s valent?a y entusiasmo para que nazca un mundo m?s justo?.38




____________________________


  1. Juan Pablo II, Carta apost?lica Mane nobiscum Domine,n. 24. regresar

  1. Vaticano II, Constituci?n pastoral Gaudium et Spes,n.1. regresar

  1. Pablo VI, Exhortaci?n apost?lica Evangelii nuntiandi, n. 18.regresar

  1. Benedicto XVI, Discurso al Cuerpo Diplom?tico acreditado ante la
    Santa Sede,9 de Enero de 2006. regresar

  1. Benedicto XVI, Audiencia general, 12 de Abril de 2006.regresar


Publicado por mario.web @ 21:31
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios