Mi?rcoles, 16 de febrero de 2011

Ser?a muy interesante examinar a la luz de la psicolog?a moderna algunas expresiones de los salmos de la Biblia. Por ejemplo, ?stas:

?Oh Dios, mi alma est? sedienta de ti! Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, ?rida, sin agua...

Como brama el ciervo sediento por la fuente de agua, as?, Dios m?o, clama por ti el alma m?a. Porque mi alma est? sedienta del Dios fuerte y vivo. ?Cu?ndo llegar? el d?a en que me presente ante la cara del Dios vivo?...

Mi alma suspira y sufre ansiando estar en los atrios del Se?or...


Y podr?amos citar muchos m?s.

Esto, para preguntarnos: ?Es posible tener hambre y sed y sentirse feliz? Porque estos mismos salmistas que as? se sienten llenos de hambre y de sed, exclaman felices, como uno de ellos:

Se inundan de gozo mi alma y mi cuerpo contemplando al Dios vivo. Porque vale m?s un d?a s?lo en los atrios de tu templo que mil d?as fuera de tu casa, mi Dios...

?Es posible esto? S?; porque al mismo tiempo que se tiene hambre y sed, se tiene qu? comer y qu? beber. La tragedia ser?a tener hambre y sed, y no tener nada que llevarse al paladar. Y al rev?s, tener delante un banquete espl?ndido y sentirse inapetente total, sin ganas de nada.

A un multimillonario le hicieron esta pregunta: "Usted es feliz del todo, ?no es as?? Porque lo tiene todo". La respuesta no puso ser m?s triste: "Est?n ustedes equivocados. Me falta una cosa que me tiene fastidiado: ?no tengo HAMBRE!"

Y otro caso paralelo. El gran industrial alem?n, fundador de la f?brica de ca?ones que hicieron retemblar a Europa en dos guerras mundiales, vivi? sus ?ltimos a?os con una dolencia estomacal incurable. Al ver merendar a un obrero, que com?a feliz a dos carrillos, dijo con no disimulada envidia: Dar?a medio mill?n para comer un bocadillo con apetito semejante.

Esto es una realidad muy cierta. El hambriento es mucho m?s feliz con un trozo de pan y un plato de arroz seco devorado con avidez, aunque dentro de un rato vuelva a tener el hambre de siempre, que el sentado ante la mesa espl?ndida de un banquete de gala, pero con falta total de apetito.

Por eso, nos preguntamos: ?Estamos satisfechos de la vida?...

Algunos, s?; la mayor?a, no. Porque nos faltan muchas cosas, y quisi?ramos tenerlo todo. S?lo cuando tuvi?ramos ese todo so?ado, s?lo entonces as? lo pensamos ser?amos felices de verdad. Pero, al pensar as?, tambi?n nos enga?amos todos, los que lo tienen todo y los que piensan tenerlo alg?n d?a. Porque esa hambre de felicidad es precisamente una se?al inequ?voca de que aqu? no seremos nunca felices del todo.

Dios ha metido esa hambre en nuestro ser para hacernos entender que tenemos un destino eterno, y que s?lo un ser eterno e infinito podr? dejarnos enteramente satisfechos. Es la bienaventuranza que proclama Jes?s: ?Dichosos los pobres, dichosos los que ten?is hambre, porque un d?a quedar?is hartos y ser?n colmados todos vuestros deseos!

Aquel pastor protestante se convirti? al catolicismo y arm? una tremenda revoluci?n entre los suyos. Al enterarse su padre, le mand? una respuesta terrible: con una carta le maldec?a y le desheredaba de todo bien familiar. Preguntado si en esta situaci?n era feliz o no, respondi?: "?Oh, si pudiese dar a mi padre una parte de mi dicha y de mi paz!"

Ninguna cosa y ning?n bien terreno le importaban ya nada, ahora que se sent?a lleno de Dios. Esta ansia de Dios la sentimos todos en particular y la siente el mundo entero. Ninguna cosa de aqu? nos llena plenamente por m?s que se disfrute. El ap?stol San Pablo nos describe c?mo estamos con todas las criaturas suspirando de lo ?ntimo del coraz?n, anhelando la liberaci?n de nuestro cuerpo, para vernos metidos definitivamente el Dios...

No sabemos si la psicolog?a se explica el misterio. Pero lo vivimos todos muy bien: tenemos hambre y sed de Dios, y estamos felices, aunque poseamos a Dios s?lo en las sombras de la fe. El creyente es una persona feliz de verdad. Se siente metido en Dios y pendiente de su providencia amorosa. Se pone a orar, y est? convencido de que habla con Dios, al que trata con intimidad. Y cuanto m?s trata con Dios, m?s ansias siente de Dios.

Adem?s, est? seguro de que este mismo trato que ahora tiene con Dios, por intenso y dichoso que sea, es s?lo un anticipo de lo que le espera despu?s. El convencimiento de la vida eterna que ya se acerca es el colmo de todas sus ilusiones y de sus esperanzas, que no van a quedar fallidas.

Poseer el mundo entero, sin tener a Dios, es la mayor desgracia y la pobreza suma. Tener a Dios, aunque nos falte todo, es la mayor suerte y la riqueza colmada. Es lo que nos dijo, con versos mil veces repetidos, nuestra incomparable Teresa de Jes?s: Quien a Dios tiene nada le falta, s?lo Dios basta...


Publicado por mario.web @ 0:17
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