Mi?rcoles, 16 de febrero de 2011

La Eucarist?a, Presencia y Don de Cristo al mundo, estar? en el centro de la gran asamblea de cristianos venidos de todos los continentes a la ciudad de Qu?bec, para el 49? Congreso Eucar?stico Internacional, que se celebrar? del 15 al 22 de junio de 2008.

Este tema se encuentra desarrollado en un Documento teol?gico de base, aprobado por el Comit? Pontificio para los Congresos Eucar?sticos Internacionales.

Durante el Congreso, meditaremos cada una de las homil?as y las catequesis inspiradas de este texto, que nos ayudar?n en la preparaci?n espiritual y animar?n a la oraci?n para que podamos unirnos espiritualmente a la celebraci?n del Congreso.




INTRODUCCI?N

El Congreso Eucar?stico Internacional, que se celebrar? en Junio de 2008 en la ciudad de Qu?bec, ofrecer? a la Iglesia local y a la Iglesia universal un tiempo fuerte de oraci?n y reflexi?n para celebrar el don de la Sagrada Eucarist?a. Este 49? Congreso Eucar?stico Internacional hace parte de una serie de congresos que han marcado la vida de la Iglesia desde hace m?s de un siglo; el Congreso coincide, adem?s, con el 400?aniversario de la fundaci?n de Qu?bec, la primera ciudad francesa en Norte Am?rica, llamada a ser en el siglo XVII, una etapa y un n?cleo misionero muy importantes para el conjunto del continente.

El Congreso Eucar?stico ser? lo que se llama una Statio Orbis, expresi?n que denota una celebraci?n de la Iglesia universal gracias a la invitaci?n de la Iglesia local de Quebec, para recordar el don de la Eucarist?a que Dios ha hecho a toda la humanidad.

La ciudad de Qu?bec con su divisa Don de Dieu, feray valoir (Har? valer el don de Dios), se ubica dentro de la historia de un pueblo cuyo lema es: Je me souviens (Me recuerdo). Este lema evoca las palabras de Jes?s a sus ap?stoles en la ?ltima Cena: Haced esto en recuerdo m?o(Lc 22,19; 1 Cor 11,25).

La Eucarist?a conmemora la Pascua del Se?or, es su ?memorial?, cuyo sentido b?blico es no solamente recuerdo sino presencia del acontecimiento salv?fico. El Congreso eucar?stico ser? una ocasi?n privilegiada para honrar este don de Dios en medio de la vida cristiana y para acordarse de las ra?ces cristianas de muchos pa?ses que esperan una nueva evangelizaci?n. La Eucarist?a ha alimentado el anuncio del Evangelio y el encuentro de la civilizaci?n europea con la aut?ctona en Norte Am?rica. La Eucarist?a sigue siendo, a?n hoy, un fermento de la cultura y una garant?a de esperanza para el futuro de un mundo que se mueve por los caminos de la globalizaci?n.

El tema central del Congreso, aprobado por el Papa Benedicto XVI es: La Eucarist?a, don de Dios para la vida del mundo.

Recordar el don de Dios, tiene una importancia capital en nuestro tiempo, pues el mundo moderno conoce, en medio de los grandes avances t?cnicos, sobre todo en el plano de las comunicaciones, un vac?o interior muy dram?tico, experimentado como una ausencia de Dios.

El ser humano de esta ?poca contempor?nea, fascinado por sus logros creadores, tiende, de hecho, a olvidar a su Creador y a establecerse como ?nico due?o de su propio destino.

Sin embargo, esta tentaci?n de suplantar a Dios no anula la aspiraci?n al infinito que palpita en lo ?ntimo de su ser, ni los aut?nticos valores que trata de cultivar, incluso si estos comportan riesgos de desviaci?n. La estima de la libertad, la atenci?n a la igualdad, el ideal de la solidaridad, la apertura a la comunicaci?n sin fronteras, la capacidad t?cnica y la protecci?n del medio ambiente son, todos ellos, valores innegables que suscitan la admiraci?n, honran al mundo actual y producen frutos de justicia y fraternidad.

El drama de un humanismo que se olvida de Dios

El gran riesgo del olvido del Creador consiste, sobre todo, en que la persona se encierra en s? misma, en un egocentrismo que genera incapacidad para amar y para comprometerse de manera estable y duradera, llevando a una frustraci?n creciente de la
aspiraci?n universal al amor y a la libertad. El motivo radica en que el ser humano, creado a la imagen de Dios y para la comuni?n con El, ?no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s? mismo a los dem?s? 1

La realizaci?n de su persona pasa por este don de s? mismo, el cual implica apertura al otro, acogida y respeto de la vida.

Sin embargo, el hombre actual desborda sin cesar los l?mites impuestos a su dominio sobre la transmisi?n y el fin de la vida. La apropiaci?n incontrolada de este dominio sobre la vida y la muerte, aunque t?cnicamente posible, amenaza peligrosamente al mismo ser humano, porque, conforme a la expresi?n en?rgica de Juan Pablo II, una ?cultura de la muerte? domina en muchas sociedades secularizadas. La muerte de Dios en la cultura lleva consigo, casi inevitablemente, la muerte del hombre, lo que se constata no solo en corrientes de pensamiento nihilistas, sino sobre todo en relaciones conflictivas y fen?menos de ruptura que se multiplican a todos los niveles de la experiencia humana, perturbando el matrimonio y la familia, acrecentando los conflictos ?tnicos y sociales y aumentando la distancia entre los ricos y la inmensa mayor?a de pobres.

Aunque hoy en d?a se tiene una conciencia m?s refinada sobre la dignidad de la persona humana y sus derechos, sin embargo vemos c?mo se multiplica la violaci?n de esos derechos, casi en todas partes del planeta, c?mo las armas de destrucci?n masiva se acumulan, contradiciendo los discursos de paz y c?mo una concentraci?n creciente de bienes materiales en unas pocas manos hipoteca el fen?meno de la globalizaci?n, mientras que las necesidades fundamentales de muchedumbres de pobres son ignoradas desvergonzadamente. La paz del mundo se encuentra minada por la injusticia y la miseria, y el terrorismo se convierte cada vez m?s en el arma de los desesperados.

En el plan religioso, ninguna persona quiere ya verse sometida a una autoridad que le dicte su conducta. En raz?n de la circulaci?n a nivel de la informaci?n, la persona se encuentra confrontada a una multitud de creencias y, tambi?n, a la dificultad creciente de transmitir a las nuevas generaciones la herencia recibida de su propia tradici?n religiosa. La fe cristiana no es la excepci?n, sobre todo porque su transmisi?n reposa en una revelaci?n que desborda la medida de la raz?n. Celoso del bien precioso de su propia libertad, el hombre elabora su propia espiritualidad separada de la religi?n, cediendo as?, a veces, a la tendencia excesivamente individualista de las culturas democr?ticas contempor?neas.

La Sagrada Eucarist?a contiene lo esencial de la respuesta cristiana al drama de un humanismo que ha perdido su referencia constitutiva a un Dios creador y salvador.

La Eucarist?a es la memoria de Dios en acto de salvaci?n. Memorial de la muerte y de la resurrecci?n de Jesucristo, lleva al mundo el Evangelio de la paz definitiva, que sigue siendo, sin embargo, un objeto de esperanza en la vida presente. Al celebrar la Sagrada Eucarist?a, en nombre de toda la humanidad redimida por Jesucristo, la Iglesia acoge el don prometido: ?El Par?clito, el Esp?ritu Santo, que el Padre enviar? en mi nombre, os lo ense?ar? todo y os recordar? todo lo que yo os he dicho? (Jn 14,26). Es Dios mismo quien, en ?ltimas, se acuerda de su alianza con la humanidad y quien se da como alimento de vida eterna. ?Se acuerda de su amor?,
canta la Virgen Mar?a en el Magnificat (cf. Lc 1,54).

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  1. Concilio Vaticano II, Constituci?n pastoral Gaudium et Spes, n. 24. regresar


Publicado por mario.web @ 0:33
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