Mi?rcoles, 16 de febrero de 2011

5. "YA" Y "TODAV?A NO".

se sigue que el entero acontecimiento de la vida terrestre de Jes?s, as? como su acci?n en detalle, se contempla bajo dos aspectos: por un lado ten?a efecto en una situaci?n hist?rica actual; por otro, ten?a un significado que alcanzaba hasta el destino eterno del hombre y que s?lo se pod?a expresar simb?licamente.

La venida del Hijo del hombre. A esta luz es como, a mi parecer, se pueden entender los dichos arcanos acerca de la venida del Hijo del hombre. Es central de todo este grupo de dichos la respuesta que seg?n los Evangelios dio Jes?s al sumo sacerdote cuando fue interrogado acerca de sus pretensiones mesi?nicas alegadas: "Ver?is al Hijo del hombre sentado a la diestra de Dios y viniendo entre las nubes del cielo" (Mc.14, 62). El lenguaje es alusivo y est? cargado de im?genes. Aqu? hay ecos de dos pasajes del Antiguo Testamento. En uno de ellos se representa al Omnipotente confiriendo la suprema dignidad al rey de Israel (prototipo del Mes?as), con las palabras "Si?ntate a mi diestra" (Sal.110, 1). Esto se ve asociado aqu? con otro pasaje del libro de Daniel, que describe en un conjunto extra?o de im?genes una visi?n de cosas venideras. Primero hay una procesi?n de bestias fant?sticas y feroces, y luego uno como "Hijo de hombre" (una figura humana en vivo contraste con las
figuras de bestias) que ven?a entre las nubes del cielo para recibir la invest? dura del dominio eterno (Dan.7, 13-14, 18). El profeta mismo proporcion? una clave. Las bestias representaban los imperios paganos brutales por los que Israel hab?a sido oprimido sucesivamente, y la figura humana representaba el "pueblo de los santos del Alt?simo". Este es por tanto un "duplicado" del siervo de Dios, una encarnaci?n del pueblo de Dios, primeramente oprimido y luego vengado y exaltado en gloria. Es una visi?n de la victoria final de la causa de Dios sobre todos los poderes del Universo. Es tambi?n una visi?n de la victoria hist?rica (esperada) de Israel sobre sus opresores. Probablemente debemos entender que tambi?n Jes?s, al recordar esta profec?a, indicaba la victoria final de la causa de Dios o, en otros t?rminos, la realizaci?n consumada de su reino m?s all? de la historia, afirmando su participaci?n en ella pero tambi?n aqu?, al igual que en Daniel, esta victoria tiene su
encarnaci?n .en la historia, a saber, en la suerte inminente de Jes?s mismo, que pasando por el sufrimiento y el sacrificio llegar? a la vida gloriosa. La figura humana de la visi?n de Daniel adquir?a nueva identidad. Es esa persona hist?rica en la que, como en su "representante cabal", el nuevo Israel, el pueblo de Dios, surgir? del desastre aparentemente irreversible: "resucitado a la vida juntamente con Cristo", como expres? San Pablo (Col.3, 1). Esta es la venida del Hijo del hombre en el plano hist?rico. Su "venida" definitiva se sit?a m?s all? de la historia, pero el modelo esencial de ?sta se dio ya en la .persona hist?rica y en el acontecimiento hist?rico.27

28 VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE
El Cristo de los Padres y de los Concilios.

Jesucristo no es una parte de nuestra fe. No es siquiera un tema de estudio cuyos l?mites se pudieran determinar de antemano. Su persona ocupa el coraz?n del acto de fe y cualquier creyente est? obligado a responder a la pregunta que Jes?s planteaba: "Y vosotros, ?qui?n dec?s que soy yo?" Desde aquella profesi?n global y totalizante del grupo apost?lico: "T? eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" hasta hoy, la respuesta se ha ido expresando y desarrollando de un modo progresivo. Queremos situar las grandes etapas de este desarrollo, no por preocupaci?n meramente hist?rica, sino porque eso nos permite entroncarnos con la esencia de la fe: esa esencia que a?n hoy corre el riesgo de ser deformada y desconocida.

1. EL PUNTO DE PARTIDA.

Evidentemente lo encontramos en el Nuevo Testamento. Es un punto de partida doble: est? la fe de las primeras comunidades cristianas, y est? la experiencia viva del grupo apost?lico. Este ?ltimo punto es la ra?z de donde brota todo.

a) La experiencia del grupo apost?lico. Cuando 'los ap?stoles se encontraron con Jes?s de Nazareth, vieron en El un simple hombre, el hijo de Mar?a. Ellos pensaron, como todo el mundo, que era hijo de Jos? tambi?n. Vivieron con El durante varios meses, compartiendo su vida, su comida, su amistad y su trabajo. Para ellos se trataba de un ser excepcional, pero en principio era simplemente un hombre; un hombre enfrentado con la indiferencia y la hostilidad de unos, abierto a la amistad de otros, y angustiado ante la muerte. Cuando anunciaron a Jes?s, le presentaron como un hombre "a quien Dios acredit?" (Act.2, 22).?

?Un hombre! ?Nada del otro mundo! Sin embargo, ?cu?ntos creyentes han sentido la tentaci?n, y la sienten a?n hoy, de minimizar, de reducir, de no tomar en serio este aspecto de la realidad de Jes?s! Esa afirmaci?n de los primeros cristianos a pesar de todo, es de capital importancia. Es un aspecto inseparable del aspecto total de Jesucristo y representa uno de los elementos esenciales del hecho de Jes?s. Ser hombre no es solamente tener un cuerpo. Consiste ante todo en tener una conciencia humana, con sus l?mites, y una libertad humana con el riesgo de sus opciones. Precisamente por eso es por lo que Jes?s pertenece a nuestra raza, y por eso precisamente Jes?s puede comprendernos, hablarnos y salvarnos (2).

Pero en este hombre tan cercano a ellos, los ap?stoles empiezan a ver y a adivinar poco a poco la acci?n y la presencia de Dios. Por su autoridad en obras y palabras, por su manera de vivir y de rezar, por los poderes divinos que asume y por las exigencias que formula, este hombre les plantea una pregunta: ?Qui?n es?, porque "Jes?s" no es un insensato, ni un blasfemo; es el profeta m?s equilibrado, el m?s humilde y sobre todo el m?s religioso; es el m?s atento cuando se pone a rezar con el Padre con una confianza de hijo, el m?s preocupado en proclamar su voluntad y el m?s decidido a someterse a ella aunque sea hasta la muerte. Ese es el rasgo m?s sorprendente y el m?s significativo de la actitud de Jes?s, el rasgo que obliga a los Doce, y a rostros tambi?n, a plantearse esta pregunta:


Publicado por mario.web @ 10:13
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