Mi?rcoles, 16 de febrero de 2011

Un d?a la navaja, saliendo del mango que le serv?a de base se puso al sol y vio el sol reflejado en ella.

Entonces se enorgulleci?, dio vueltas a sus pensamientos y se dijo: ?Volver? a la tienda de la que acabo de salir? De ninguna manera. Los dioses no pueden querer que tanta belleza degenere en usos tan bajos. Ser?a una locura. dedicarme afeitar las enjabonadas barbas de los labriegos. ?Estoy destinada para un servicio as?? Sin duda alguna que no. Me ocultar? en un sitio retirado y all? pasar? la vida tranquila.

Despu?s de vivir este estilo de vida algunos meses saliendo fuera de su funda al aire libre se dio cuenta de que hab?a adquirido el aspecto de una sierra oxidada y que su superficie no pod?a reflejar ya el resplandor del sol. Arrepentida llor? en vano su irreparable desgracia y se dijo: ?Cu?nto mejor hubiera sido haberme gastado en manos del barbero que tuvo que privarse de mi exquisita habilidad para cortar! ?D?nde est? ya mi rostro reluciente? El ?xido lo ha consumido.

Lo mismo acontece a esas mentes que en lugar de ejercitarse y superarse se dan a la pereza lo mismo que la navaja de afeitar, pierden su agudeza y la herrumbre de la ignorancia las corroe.


Publicado por mario.web @ 10:38
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios