Mi?rcoles, 16 de febrero de 2011

Sabemos y sentimos que nos rebasa la petici?n del Se?or en este Evangelio: ?Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial?. Sin embargo, es el deseo de Jes?s y acogi?ndolo, trabajemos con la ayuda del Esp?ritu Santo en ir cincelando en nuestro ser el perfil de Jesucristo?.

1. ?QU? PENSABA DE LA MUERTE?

Si nos atenemos a las noticias evang?licas, debemos decir que en la conciencia de Jes?s no existe la muerte en nuestro sentido.

Siempre que habla de su muerte ocurre cinco veces, lo hace en relaci?n con su resurrecci?n.

Para nosotros, la muerte es el fin, sin m?s. Nuestra conciencia vital inmediata no va m?s all?. Cierto es que nos decimos lo m?s aut?ntico de nuestra, existencia no puede tener fin con la muerte; lo expresamos ' en diversos presentimientos, imaginaciones y esperanzas, y con la fe en la Revelaci?n nos aseguramos la esperanza de la vida eterna. En Jes?s es distinto. El sabe que ha de morir, y acepta la muerte; pero la considera como tr?nsito hacia una existencia que abarcar? no s?lo el alma, sino tambi?n el cuerpo, y que seguir? inmediatamente a la muerte. "Desde entonces, Jesucristo empez? a ensenar a sus disc?pulos que ten?a que ir a Jerusal?n a sufrir mucho por parte de los ancianos, de los grandes sacerdotes y de los doctores, y a que le mataran y a resucitar en el tercer d?a" (Mt. 16, 21). Esas palabras no est?n meramente dichas, sino que brotan de una posici?n de conjunto, de una manera original de estar vivo.

Tampoco se puede interpretar una expresi?n como la citada a manera de interpretaciones hechas con posteridad por los disc?pulos, pues entonces se destruye todo.

La conciencia de muerte y resurrecci?n que se expresa en ellas es central para Jes?s. Si se quita esa conciencia, no queda algo as? como un hombre real quiz?, como si fuera m?s aut?ntico al quedar liberado de disfraces legendarios, sino que desaparece su peculiaridad. Se queda despose?do hasta lo ?ltimo. Esa conciencia le es esencial. El ?ngulo de vida que observa inmediatamente no termina en El, como nos pasa a nosotros, ante la muerte, para luego proseguir andando a tientas con inseguridad, sino que atraviesa por la muerte con perfecta claridad. La muerte no es para ?l fin sino tr?nsito. La manera como Jes?s se nota vivir espiritual y corporalmente es m?s bien tal que abarca la muerte como un acontecimiento que queda dentro de su condici?n de estar vivo. Por otra parte, esto no tiene nada que ver con ninguna mitolog?a ni conciencia del misterio. Esa integridad de vida queda constituida desde la realidad divina, desde la cual existe ?l y en referencia a la cual vive.

Sobre esta conciencia de vida de Jes?s, descansa la conciencia cristiana de la vida, la muerte y la resurrecci?n. Esto es algo m?s que la confianza en la indestructibilidad espiritual; m?s bien la esperanza en una eterna existencia humana en Dios. Pero la realidad en cuya realizaci?n conjunta se percibe, es el sentimiento de vida de Jes?s. Tampoco aqu? lo decisivo es lo que El dice, sino lo que es.

Todo ello nos lleva a la conclusi?n de que El vivi? de otra manera y muri? de otra manera que nosotros. Aqu? se evidencia con grandeza y nitidez definitivas lo que ya nos encontr?bamos en el fen?meno de su "salud", y que es algo diferente de una vitalidad natural o una voluntad espiritual de vivir, Es una cualidad de su contextura an?mico corporal, para la cual falta toda medida por parte de la experiencia natural.

Mejor se obtendr?a una aproximaci?n a ello en la energ?a de la paciencia y el sufrimiento que puede emanar del amor fundado en la persona, o de la pura voluntad creativa del esp?ritu, o del deber y querer aut?nticamente religiosos. Solamente que en el mero hombre, esa energ?a debe abrirse paso contra todo lo enredado y extraviado que hay aun en el m?s sano... Esto falta absoluta mente en Jes?s. Es sano y vivo; pero en un sentido especial. Por su propia naturaleza, puede ser sano el animal. El hombre, que se ha desprendido de Dios, querr?a serlo, pero no puede. Est? hecho para subsistir desde Dios; es su salud lo que ha perdido por el pecado, de una vez para siempre... Por el contrario, esa "salud" de que habla la conciencia com?n es un fen?meno nada claro en absoluto. Casi se dir?a que es algo a?n m?s enigm?tico que la enfermedad, pero es sencillamente enfermedad establecida en la forma de la normalidad; la enfermedad ontol?gica del ser ca?do, que se oculta por un
relativo orden de su disposici?n de conjunto. En Jes?s falta. En El est? la plenitud de lo que ha destruido esta confusi?n; el existir por Dios y hacia el concepto de salud, que lo pensamos necesariamente por nosotros, no se ajusta a El. Su situaci?n queda m?s all? de lo que caracterizamos como enfermedad y como salud.19

2. ?COMO LE LLEGO LA MUERTE?

Los relatos del proceso de Jes?s no nos aportan toda la claridad necesaria sobre las circunstancias en las que fue conducido a la muerte. ?C?mo se desarroll? la comparecencia ante el supremo Tribunal jud?o, el Sanedr?n? ?Qu? acusaci?n fue determinante la de haber hablado de destruir el Templo o la de haberse declarado el Mes?as, el Rey de los Jud?os? ?Hubo proceso en buena y debida forma? ?C?mo un procedimiento religioso desemboc? en un proceso pol?tico ante el Procurador romano? Es seguro que Jes?s fue acusado de ser un agitador. Un cierto n?mero de jud?os notables explotaron h?bilmente esta acusaci?n ante el representante de Roma. Pilato no estaba muy convencido de ello. Trat? de salvar la vida del acusado pidiendo a la muchedumbre que eligiese al que iba a beneficiarse de la gracia "pascual": Barrab?s o Jes?s. As?, la suerte de Jes?s se jug? por eliminaci?n, mediante la agitaci?n de una multitud manejada por sus enemigos.

El motivo inmenso. Pero estos enemigos de Jes?s que se encontraban entre los sacerdotes, los escribas y fariseos, el hombre de la calle, ?por qu? motivo quer?an su muerte? Ese motivo era inmenso. Para ellos Jes?s era un loco, un diab?lico, un blasfemador; no respetaba nada, ni la moral, ni la ley, ni el culto. Todo lo trastornaba: la sociedad, la religi?n y a Dios mismo. Recordad: apenas hab?a dejado su aldea de Galilea cuando se puso a anunciar el Reino de Dios, la llegada de Dios como si Dios estuviera all? con todos, sin condiciones, sin ceremonia, sin exigir certificado de buena conducta y costumbres. Cu?ntas par?bolas en las que mostraba a Dios yendo, sin precauci?n ni previo examen, locamente, en busca de la oveja perdida o del hijo pr?digo! A?n peor: el Nazareno com?a con pecadores p?blicos, visitaba a los enfermos que se consideraban castigados por Dios, dec?a que las prostitutas entrar?an en el Para?so antes que los ministros del culto. Y pretend?a obrar en
nombre de Dios. Destru?a las barreras sociales y religiosas que divid?an el Israel de su tiempo, pero destru?a al Dios de la pureza legal; aquel a quien se cre?a honrar observando ritos, separando a los que ten?an algunas taras mentales, f?sicas, morales o profesionales, y mirando a distancia a los extranjeros y a los samaritanos, esos hermanos bastardos y traidores.

La escalada. Y sigui? la escalada. Un s?bado hab?a desafiado a las autoridades curando a un hombre que ten?a paralizada una mano. Habr?a podido esperar algunas horas el fin del s?bado y respetar el d?a consagrado a Dios. (CONTINUA)


Publicado por mario.web @ 10:44
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