Mi?rcoles, 16 de febrero de 2011

Toda vida humana es una llamada no solamente a la existencia, sino que encierra en s? misma una misi?n determinada, aunque a veces escondida para nosotros. Mar?a es el ejemplo m?s noble de una creatura que recibe una misi?n de Dios y la lleva a t?rmino de modo acabado y perfecto.

Al nacer se nos da una misi?n. Nuestra vida comienza m?s aut?nticamente cuando recibimos la gracia del bautismo. ?De qu? nos hubiera valido nacer -dice S. Agust?n- si no hubi?ramos sido redimidos? Con el nacimiento de Mar?a qued? marcado, de modo singular, en la historia el plan de Dios, el misterio escondido desde todos los siglos. Ella, como todos nosotros, fue elegida antes de la creaci?n del mundo para ser santa en el amor. Pero Mar?a tiene una misi?n muy particular y ?nica: La de hacer posible la presencia del Verbo entre nosotros. Gracias a que Mar?a acept? la misi?n de ser Madre del Salvador, pudo realizarse la redenci?n del g?nero humano.

Dios elige nuestra misi?n. No somos nosotros los que hemos decidido vivir, ni tampoco quienes escogimos las circunstancias de nuestro nacimiento. No nos define, por tanto, en primer lugar, la libertad, sino la dependencia de Dios. ?El mundo y el hombre -nos dice el Catecismo de la Iglesia cat?lica, n.34- atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin ?ltimo, sino que participan de Aquel que es el Ser en s?, sin origen y sin fin?. Hemos sido elegios en Cristo y ?destinados de antemano seg?n el designio de quien todo lo hace conforme al deseo de su voluntad? (Ef 1,11). Esta es la elecci?n general. Dios providente nos presenta a cada cual el modo como tenemos que llevar adelante esa elecci?n. En Mar?a se manifiesta de una forma muy patente: Dios envi? a su ?ngel, a una ciudad de Nazaret, en el sexto mes, a una doncella llamada Mar?a. Dios sabe el cuando de cada una de nuestras vidas y de un modo u otro nos descubre la forma de llevar adelante nuestra vocaci?n: Amarle en esta vida y gozar de El eternamente en el cielo.

Responsabilidad en el cumplimiento de la misi?n. Este plan de salvaci?n de Dios para cada uno de nosotros exige una respuesta responsable y madura. En ella nos jugamos el destino de nuestras vidas. No es, por tanto, una cuesti?n de poco m?s o menos. Es la cuesti?n fundamental de la vida. ?El hombre es invitado al di?logo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente seg?n la verdad, si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su creador? (Gaudium et Spes, n. 19). Mar?a escucha con atenci?n el plan que el Se?or le propone en el mensaje del ?ngel y con plena conciencia, confiando en la palabra de Dios, responde: ?Aqu? est? la esclava del Se?or, que me suceda seg?n dices?.

Pedirle a Mar?a que nos conceda la fuerza para saber responder a Dios cada d?a con mayor autenticidad y responsabilidad.


Publicado por mario.web @ 23:29
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