S?bado, 19 de febrero de 2011

Siempre que hablamos de Dios lo hacemos con un gran amor --no digamos ya con un gran respeto--, y siempre tratamos de crecer en la fe, en la confianza y en el amor de ese Dios que nos ama y que nos espera.

Cualquiera dir?a que esto es muy f?cil, y, sin embargo, todos tenemos la experiencia --porque lo o?mos mil veces-- de que muchos, cuando sufren algo que les parece injusto, tienen miedo a Dios y dudan de todo: dudan de que Dios exista, dudan de que les ame, y dudan de que Dios les reserve alg?n bien, y se preguntan:
- Si Dios existe, si Dios me ama, ?por qu? Dios no me escucha? ?Por qu? ha de mandarme este sufrimiento? ?Por qu? tiene que venirme este mal?
Esta queja la o?mos muchas veces. Pero, ?no es cierto que Dios nunca est? m?s cerca de nosotros que cuando sufrimos, como el pap? y la mam? sobre el ni?ito que se ha agravado?...

Se cuenta muchas veces lo que ocurri? en el m?s terrible campo de concentraci?n y de exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Estaban formados todos los prisioneros ante un espect?culo macabro, contemplando al compa?ero colgado en la horca. En medio del silencio aterrador, se levanta una voz estremecedora:
- ?Y d?nde est? Dios?
Ante este grito de un descre?do, se alza la voz de un creyente, mientras su dedo se?ala al que cuelga del pat?bulo:
- ?Dios est? ah?!

Cierto. All? estaba Dios, all? estaba Jesucristo, que extend?a a aquel campo de la muerte su propia muerte en la cruz. Porque Dios estaba junto a la horca y las c?maras de gas para salvar a las v?ctimas inocentes, como estaba en el Calvario esperando que Jes?s muriese y fuera sepultado, para resucitarlo despu?s con gloria.

Dios no quiere nuestros males. Dios pedir? cuentas a los causantes del dolor ajeno. Dios nos librar? definitivamente un d?a de todo lo que ahora nos atormenta.

Si tenemos estas convicciones, la prueba se convierte en resignaci?n cristiana y en m?rito ante Dios.

Ciertamente, que el dolor es un misterio. ?Por qu? Dios permite el mal? No lo sabremos nunca en este mundo. En este mundo estamos viendo el tapiz o el bordado al rev?s: todo son hilos que se entrecruzan en un desorden feo y sin ninguna direcci?n fija. Habr? que mirarlo por el otro lado para asombranos de la obra de arte que all? se esconde.

?nicamente en la vida futura entenderemos el dolor de este mundo, cuando veamos que esas pruebas han sido el camino --angustioso, pero seguro-- por el que Dios nos ha llevado a la salvaci?n.

La gran respuesta a nuestra pregunta la tenemos en Jesucristo clavado en la cruz. Inocente como Jes?s, ninguno. ?Y por qu? Jes?s ha tenido que sufrir como nadie en este mundo?

Cuando parece que Dios se ha escondido en nuestra vida es precisamente cuando nos mira con m?s amor. Est? detr?s de las cortinas de la ventana mirando c?mo caminamos por la calle del mundo; nosotros no lo vemos, pero a ?l no se le escapa ninguno de nuestros movimientos.

No entendemos su Providencia, pero sabemos besar su mano amorosa cuando nos permite alg?n mal.
La palabra de Job es una de las m?s repetidas de toda la Biblia:
- Si recibimos los bienes de la mano de Dios, ?por qu? no vamos a recibir los males? Males que no nos vienen de la mano de Dios, pero que son permitidos por Dios para nuestro bien.

Le preguntaron un d?a a Teresita:
- ?Has tenido que sufrir hoy tambi?n muchos dolores?
- S?, pero porque los quiero. Yo quiero todo lo que me env?a Dios.

En esta respuesta de la querida Santa est? la clave que resuelve todo el problema. Para ella, nos se trataba solamente de resignaci?n y de simple aceptaci?n. Era m?s. Era querer lo que Dios quer?a, haciendo de las dos voluntades una sola. Esto es el colmo de la virtud cristiana. Esto es lo que hacen tantos hermanos nuestros, de quienes decimos que est?n en lo m?s alto de la santidad.

El mal, por otra parte, no puede triunfar. Dios le tiene puesto un l?mite del cual no pasar?.
Dios no quiere que nuestra vida sea un fracaso. Si permite la tempestad es para dar despu?s la bonanza. Si consiente que los ojos derramen l?grimas, es para convertirlas despu?s en j?bilo y alegr?a.

Dios siempre hace brotar una rosa en medio de las espinas. El dolor entonces, sostenido con valent?a, se convierte en la elegancia de la vida.

Un sabio escritor nos lo dice bellamente:
- El dolor, para los que viven en el Esp?ritu, se convierte en el m?s recio hilo telef?nico, por el cual transmitimos a Dios un himno de amor, como el m?s hermoso saludo que los hijos pueden dirigir a su Padre, inspirado por el Esp?ritu Santo.

Hay que repetirse constantemente ese eslogan tan conocido: ?Dios me ama!
El d?a en que nos convencemos de ello, y sabemos vivir la realidad que entra?a, ese d?a se ha encontrado la clave misteriosa de la felicidad verdadera... .


Publicado por mario.web @ 8:44
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