Domingo, 20 de febrero de 2011

En la Misa, estamos hablando de un misterio de fe y de amor. De fe, porque a Jes?s no lo vemos; de Amor, porque del suyo participamos.?

En cuanto a?la fe, decir que es un "misterio" no es quedarse en un "no se puede entender": es m?s bien un mar sin orillas, y penetrar en ?l es como atravesar la puerta de un gran palacio y encontrarnos una estancia preciosa llena de tesoros que tiene a su vez cinco puertas, cada una de las cuales da a habitaciones m?s espl?ndidas... tesoros escondidos nos depara la Misa si ponemos el coraz?n, si profundizamos en ella deslig?ndonos de los lazos de la tierra y del tiempo y penetramos con Jes?s en el cielo. El descubrimiento de este d?a es una gracia que se ha de pedir.?

Y es tambi?n?misterio de amor. Dicen de un obispo que daba catequesis a unos peques, y pregunt? por qu? comulgar a Jes?s. Entonces, un gitano de entre los m?s traviesos, contest?: "Ze??, porque pa querelo hay que rosarlo". Hay muchos j?venes que no van a Misa, cierto, y otros usan esta excusa para tampoco ir ellos, pero no se trata de hacer lo que todos, sino de actuar en conciencia. Podemos recordar la vieja historia de un chico que ten?a una novia en el pueblo, y se fue a hacer la mili. Desde ah? escrib?a a la novia cada d?a. El cartero llevaba puntualmente las cartas a casa de la novia cada d?a, pero ?l, influido por malas compa??as, no iba nunca al pueblo a verla, sino que utilizaba los permisos para irse de juerga. Cuando acab? la mili y volvi? al pueblo, fue a casa de la novia y se encontr? con la sorpresa de que la novia se hab?a casado... ?con el cartero! Ojos que no ven, coraz?n que no siente, y al no ver nunca a su novio y ver s?lo al cartero, acab? por enamorarse de ?l. Si dejamos de tratar a una persona, poco a poco podemos quererla menos, y si esto nos pasa con Dios nuestro coraz?n puede llenarse con las cosas en las que ponemos el coraz?n. Si dejamos de tratar a Dios nos ?casamos? con otras cosas...?

Dec?a una chica, leyendo el "C?ntico espiritual" de San Juan de la Cruz, que "hasta entonces no se me hab?a ocurrido plantearme mi relaci?n con Dios como la de dos amantes... la palabra amor no me sonaba como amor real... esto me abri? una puerta, y pido al Se?or cuando comulgo que me haga descubrirle/vivir como mi Amado, y sentirme yo su amada". La Misa es un acontecimiento de amor, en el que Jes?s, "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am? hasta el extremo". Esta entrega nos interpela y nos lleva a preguntarnos: ?Estamos tratando a Dios como se merece?

La Misa tambi?n es?un encuentro con Jes?s, y con los hermanos.?Las grandes experiencias humanas (enamoramiento, amistad, contemplaci?n, sentido est?tico, etc.) son muy dif?ciles de transmitir si no es desde la "experiencia vivida". Es como si alguien nos pregunta: ?cu?ntame el sabor de las cerezas, de las fresas...? le diremos: ?toma, come una?, porque s?lo desde el gusto podemos hablar. Tambi?n si nos describen desde fuera las vidrieras de las catedrales, explicaremos que no se puede ver la luz que ellas desprenden sino desde dentro, que hay que entrar para gozar de estas cosas...?

Sin la experiencia del amor de Dios, el fracaso y la muerte, el dolor y los desenga?os que acompa?an el camino de la vida nos dan un car?cter agrio y resentido, y en cambio el sentido de Dios nos hace ver que tanto nacer como morir son fases hacia la resurrecci?n, as? todo tiene un lugar en los planes de Dios.

Nos abre las puertas a la esperanza. No estamos solos, pues nos dice Jes?s: "Yo estar? con vosotros todos los d?as, hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20). No es Jes?s un recuerdo pasado sino que se queda ?l mismo. Aquel ?Yo soy el que soy/el que ser? es ?Enmanuel?, Dios-con-nosotros, presencia viva del Resucitado en medio de los suyos que se presenta de nuevo por el Esp?ritu Santo en la "ekklesia", asamblea convocada por el Se?or resucitado, quien ofreci? su vida "para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos" (Jn 11, 52). Se hace una fiesta que ya se vive desde los primeros cristianos: "acud?an asiduamente a la ense?anza de los ap?stoles, a la comuni?n, a la fracci?n del pan y a las oraciones" (Hechos 2, 42). Nos toca vivir el mandato de Jes?s: "Haced esto en memoria m?a". As? como la memoria de una persona conserva su identidad, y la de un pueblo, as? el memorial del Se?or que nos acompa?a siempre constituye nuestra identidad, que hemos de conservar.?

La Iglesia es la familia de los hijos de Dios, extendida por todo el mundo, y esta familia tiene un hogar en el que se re?nen todos, y en ?l una mesa donde se celebra la comida preparada y servida con amor. Faltar a esta comida es separarse de la vida familiar, pues esa comida -esa cena- es el acto familiar por excelencia, donde padres e hijos, hermanos entre ellos, renuevan su mutuo afecto y tratan las cuestiones de familia, y se dan consejos y exhortaciones, ?nimos para el bien de todos; cuando falta un hijo por cualquier motivo, es en la mesa donde se nota su ausencia, y tambi?n ah? es cuando m?s se a?oran los difuntos que ya no est?n entre nosotros. As? tambi?n la Iglesia mira con af?n alrededor de su mesa, en la mesa del altar, a ver si encuentra a todos sus hijos, y con frecuencia llora ausencias. Algunos ni siquiera entran en el comedor, otros entran pero miran la comida desde lejos, inapetentes, desganados, anor?xicos o con el paladar estragado con otros sabores, y no encuentran gusto en el alimento del alma, y as? la Iglesia llora por estos hijos.?

No son ritos formalistas, sino que en los gestos hay la expresi?n del coraz?n, ciertas ?rutinas? necesarias en la vida, pues -comenta otro- "la vida me ha ense?ado que ha de haber momentos fuertes de plegaria y de celebraci?n, que el alimento de la fe no puede dejarse a la sola espontaneidad, sino que ha de haber cierto orden para hacer las cosas como en el horario de comidas. Dicho de otro modo, he aprendido la importancia de los ritos y de su repetici?n, como un cierto sentido c?clico en el tiempo". La asamblea eucar?stica dominical es un acontecimiento de fraternidad, como se ve desde los primeros documentos cristianos. En la primera carta de Pablo a los Corintios ya se habla de las colectas a favor de los hermanos necesitados, y en los Hechos de los Ap?stoles se ve c?mo pon?an todo en com?n.



Fragmento del Cap?tulo 2 del Libro "Mi Querida Misa. La belleza de la Eucarist?a y del domingo"

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Publicado por mario.web @ 18:15
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