Domingo, 20 de febrero de 2011

Los golpes de la vida dejan heridas. Algunas, gracias a Dios, cicatrizan con cierta velocidad. Otras tardan en cerrarse. Otras siguen abiertas por semanas, meses, incluso a?os.

Las heridas del coraz?n tienen un comportamiento parecido. Una ofensa, una traici?n, un desenga?o, un fracaso, pueden hacernos da?o durante un tiempo breve, pero sin dejar grandes huellas en la propia vida. Otras veces tardan m?s tiempo, pero al final cicatrizan. Pero existen heridas del alma que sangran durante un tiempo largo, muy largo, casi asfixiante.

Esas heridas ahogan el coraz?n y lo sumergen en depresiones intensas, en miedos que aturden, en odios que destruyen, en sospechas hacia todos y hacia todo, en desesperanza, en agon?a interior.

Es casi imposible evitar los malos momentos, los golpes fuertes en el camino de la vida. Pero es importante saber afrontarlos con un coraz?n sano y con un realismo sereno. Sobre todo, con la esperanza puesta en Dios.

En el mundo no todos son buenos, pero tampoco todos son malos. No todas mis decisiones llevan a buenos resultados, pero no todas est?n condenadas al fracaso. Entre mis amigos no todos son fieles y sinceros, pero gracias a Dios no son todos traidores y miserables.

Las heridas forman parte de la vida, constituyen un ingrediente inevitable entre quienes emprenden un camino. A veces, porque uno mismo es torpe y no supo prever d?nde estaba el peligro. Otras veces, porque los otros, con o sin culpa, obstruyen nuestra vida, provocan heridas en el cuerpo o en el alma, cortan nuestros mejores sue?os o tambi?n (gracias a Dios) impiden que llevemos a cabo planes absurdos.

No puedo permitir que esas heridas paralicen mi alma. Tengo entre mis manos mil horizontes que se har?n realidad si empiezo a dar un nuevo paso. Hay ojos y corazones amigos que piden, que suplican, que me levante de mi pena, que deje mis angustias, que supera ofensas, que pida perd?n a Dios y a quien he da?ado de alg?n modo, que ponga en marcha mi inteligencia y mi voluntad para conquistar metas buenas.

Hoy es un d?a en el que mi coraz?n puede recibir una terapia profunda, intensa, desde las manos de un Dios que no dejar? nunca de amarme, porque soy obra de sus manos. Basta simplemente que le d? permiso para que limpie, para que cosa, para que le deje hablar en lo m?s ?ntimo del alma, para que consuele mi dolor, para que perdone mi pecado, y para que me lleve, suavemente, a perdonar a todo aquel que me haya provocado alguna herida en este camino misterioso del existir humano.


Publicado por mario.web @ 18:26
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