Lunes, 21 de febrero de 2011

Se ha observado muchas veces dentro de nuestro entorno religioso que las almas amantes de la Virgen Mar?a gozan y esparcen una alegr?a especial. Es un hecho comprobado y que nadie puede negar. La Virgen arrastra a multitudes hacia sus santuarios. Ante su imagen se congregan las gentes con flores, con velas, y rezan y cantan con fervor y entusiasmo inigualable. Y sobre ese ambiente flota un aire de paz y de alegr?a que no se da en otras partes. ?Por qu? ser??... Una respuesta nos sale espont?nea de los labios, y no nos equivocamos: ?Pues, porque est?n con la Madre!...

Si esta es la raz?n m?s poderosa. Entonces, si queremos vivir alegres, y ser adem?s ap?stoles de la alegr?a para desterrar de las almas la tristeza, ?por qu? no contamos m?s con Mar?a?...

Partamos de la realidad familiar. Se trata de un hogar bien constituido. La madre ha sido siempre el coraz?n de ese hogar y los hijos se han visto siempre tambi?n amparados por el calor del coraz?n m?s bello que existe. ?Puede haber all? tristeza?...?
A?n podemos avanzar un poco m?s en nuestra pregunta, y plantear la cuesti?n de otra manera diferente.

Se trata de un hijo que viene con un fracaso espantoso, del orden que sea. No sabe d?nde refugiarse. Pero llega a la casa y se encuentra con la madre que le est? esperando. ?Cabr? all? la desesperaci?n? ?Dejar?n de secarse las l?grimas de los ojos? ?Volver?n los labios a sonre?r?...?

Todas estas cuestiones est?n de m?s. Sabemos de sobra que el amor de una madre no falla nunca. Y al no fallar su amor, al lado de ella la tristeza se hace un imposible.
Esto que nos pasa a todos en el seno del hogar cuando contamos con la bendici?n de una madre, es tambi?n la realidad que se vive en la Iglesia. Dios ha querido que en su Iglesia no falte la madre, para que en esa casa y en ese hogar del cristiano, como es la Iglesia, no sea posible la tristeza, pues se contar? en ella con el ser querido que es siempre causa de alegr?a.

Por eso Cristo, moribundo en la Cruz, declar? la maternidad espiritual de Mar?a, nos la dio por Madre, y nosotros la aclamamos gozosos: ?Madre de la Iglesia!.?
Por eso el pueblo cristiano, con ese instinto tan certero que tiene --como que est? guiado por el Esp?ritu Santo-- llama a Mar?a Causa de nuestra alegr?a.

Unos j?venes ingeniosos, humoristas y cristianos fervientes, hicieron suyo un eslogan publicitario, que aplicaron a Mar?a y lo cantaban con ardor:
- Y sonr?a, sonr?a, con la protecci?n de la Virgen cada d?a.?
Hab?an cambiado el nombre de una pasta dent?frica por el nombre m?s hermoso, el de la Virgen. ?Bien por la imaginaci?n de nuestros simp?ticos muchachos!...?

Esos j?venes cantaban de este modo su ideal y pregonaban por doquier, de todos modos y a cuantos quisieran o?rles, su amor a la m?s bella de las mujeres.

Amar a la Virgen es tener el alma llena de juventud, de ilusiones, de alegr?a. Un amar que lleva a esparcir siempre en derredor ese optimismo que necesita el mundo.

Amar y hacer amar a la Virgen alegra forzosamente la vida. La mujer es el s?mbolo m?s significativo del amor, el ser m?s querido del amor, el difusor m?s potente del amor.?

Y mujer como Mar?a no hay, la mujer m?s bella salida de la mano de Dios.?
Mar?a, al dar amor, llenar? de alegr?a, de canciones y de flores el mundo; porque, donde existe el amor, no mueren ni menguan nunca la felicidad, la belleza, el cantar...?

Alegr?a y cantar de los que el mundo moderno est? tan necesitado.?
Alegr?a la m?s sana. Cantar el m?s puro a la m?s pura de las mujeres.
Con Mar?a, las caras aparecen radiantes, con la sonrisa siempre a flor de labios, como un rayo primaveral.?
Ser ap?stol de Mar?a es ser ap?stol de la felicidad.

Llevemos Mar?a al que sufre soledad, y le haremos sonre?r.
Llevemos Mar?a al t?mido, y lo convertiremos en decidido y emprendedor.
Llevemos Mar?a al triste, y el que padece comenzar? a disfrutar.
Llevemos Mar?a al anciano, y lo veremos volver a los a?os felices de la juventud.
Llevemos Mar?a al pecador, y veremos c?mo el culpable vuelve muy pronto a su Dios.
Llevemos Mar?a a nuestro propio hogar, y veremos lo que ser? nuestra familia con dos madres juntas, que no son rivales celosas, sino dos amigas inseparables.
Llevemos Mar?a a nuestros amigos, ?y sabremos lo que es amarnos con una mujer como Ella en medio del grupo!...

Hemos dicho antes que la piedad cristiana, siempre conducida por el Esp?ritu Santo, llama a la Virgen: Causa de nuestra alegr?a.?
No puede ser de otra manera. Porque Mar?a nos trae y nos da siempre a Jes?s, el que es el gozo del Padre, el pasmo de los Angeles, la dicha colmada de los Santos.

Como los j?venes aquellos, junto con la plegaria, tenemos siempre en los labios el nombre de Mar?a, y sabemos decirnos:?
- Sonr?a, sonr?a, con la protecci?n de la Virgen cada d?a....


Publicado por mario.web @ 10:47
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