Lunes, 21 de febrero de 2011

Necesitamos medicinas para curar el dolor de garganta o una infecci?n intestinal. Las medicinas act?an y a veces funcionan en el cuerpo, pero no llegan a sanar las penas del alma.

Necesitamos casas bien construidas y seguras, que nos defiendan del fr?o y permitan una vida confortable. Pero la mejor casa del mundo es incapaz de arrancar depresiones, angustias y l?grimas que surgen en los corazones.

Necesitamos campesinos y vendedores que permitan la llegada de comida a los hogares. Pero por m?s que comamos y bebamos no podremos alargar eternamente nuestra estancia en esta Tierra.

Necesitamos momentos de descanso, ratos de sue?o, deportes sanos con los amigos. Pero las heridas que dejan ego?smos y pecados siguen all?, y esperan esa decisi?n valiente que nos aparte del mal y nos lleve hacia lo bueno.

Necesitamos justicia y gobiernos eficaces y verdaderos, que defiendan nuestros bienes y nuestra fama, que castiguen a los culpables, que construyan sociedades m?s vivibles. Pero ning?n pol?tico, ning?n juez, puede determinar c?mo ser? nuestra vida tras la muerte.

Por eso, lo que m?s necesita el alma s?lo puede venir desde quien ha dado soplo a nuestro barro, desde quien nos ha hecho por cari?o, desde quien espera, m?s all? de nuestras miserias, que volvamos a sus brazos.

S?lo Dios puede llegar a esas necesidades que llevamos en lo m?s dentro del alma. S?lo Dios puede, al llevarnos al sacramento de la confesi?n, perdonar nuestros pecados e introducirnos en el mundo de la misericordia. S?lo Dios puede bendecir matrimonios y familias, para que haya armon?a entre los corazones y un amor sincero que una a los que viven bajo el mismo techo.

No podemos vivir, es verdad, sin m?dicos ni campesinos, sin gobernantes buenos ni ingenieros. Pero nuestra existencia es mucho m?s grande que las casas, y nuestros corazones buscan continuamente amores que inician en el tiempo y que nos abren a lo eterno.

Por eso, junto a tantos profesionales que hacen posible una vida m?s o menos aceptable, necesitamos santos en todas las profesiones y en todas las familias, que nos hablen de Dios y de Su Amor eterno.

Esos santos ser?n quienes nos indiquen d?nde se encuentra la felicidad verdadera, d?nde podremos recibir fuerzas para el perd?n y la esperanza, d?nde anclaremos un d?a, para siempre, la nave de nuestras almas fr?giles y enamoradas.


Publicado por mario.web @ 10:57
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