Lunes, 21 de febrero de 2011

Con los dos a?os preso en Cesarea, parecer?a que a Pablo se le iban todas las esperanzas. El procurador F?lix, aparentemente muy obsequioso, resultaba fatal, porque no decid?a la cuesti?n. Pero el a?o 60 vino a sucederle en el cargo Porcio Festo, hombre serio, honrado, digno de confianza, que llev? admirablemente la administraci?n jud?a (Hch 25-26)?

Pablo pod?a estar tranquilo con el procurador que ven?a. A los tres d?as de desembarcar en Cesarea, ya estaba Festo en Jerusal?n. Y aqu? le vino la primera sorpresa de los jud?os, que ten?an prisa en acabar con Pablo, y tramaban una emboscada como aquella de los cuarenta del juramento hac?a dos a?os:?

-Ya ves los cargos que tenemos contra Pablo. ?Por qu? no lo traes para juzgarlo aqu???

Festo respondi? como deb?a:?

-Ese prisionero sigue custodiado en Cesarea. Como es ciudadano romano, me toca juzgarlo a m?. Que vengan conmigo los responsables de ustedes, pues he de marchar en seguida, y presenten all? los cargos de la acusaci?n.?

No pudo Festo ser m?s correcto. A los ocho o diez d?as estaba ya en Cesarea, y el d?a siguiente mismo, sin esperar m?s, hac?a comparecer ante s? a Pablo para escuchar la acusaci?n que tra?an contra ?l.?

Vinieron los cargos de los jud?os, cargos muy graves y abundantes, aunque no lograban probar ninguno.?

Tenemos como testigo presencial a Lucas, que lo cuenta todo con una gran exactitud.?

Contra ese embrollo de los acusadores, Pablo en su defensa respondi? con firmeza y serenidad:?

-?No he cometido delito alguno ni contra la Ley ni contra el Templo ni contra el Emperador. Esos cargos carecen de fundamento. Los acusadores no presentan ninguna prueba.?

Harto ve?a Festo que no se trataba de ning?n crimen contra Roma o el Emperador, lo ?nico que a ?l le incumb?a.?

Y entonces, sin ir precisamente contra Pablo, le propuso con lealtad:?

- ?Quieres subir a Jerusal?n para someterte all? a mi juicio??

Festo obraba con rectitud y astucia, y las tres partes pod?an estar contentas.?
Los jud?os, satisfechos por celebrar el juicio en Jerusal?n, que era lo que ellos quer?an. El Procurador se los ganaba con esta deferencia, y as? sal?a ?l mismo favorecido. Adem?s, Pablo quedar?a absuelto, al no existir delito contra Roma o el Emperador.?

Pero Pablo ve?a m?s all?: ?Y si hay una nueva conjura de los jud?os?... Ante esto, el acusado clama en voz bien alta y con terrible decisi?n, de modo que pudo impresionar a Festo:?

-??Me niego a ir a Jerusal?n! Yo debo ser juzgado s?lo en un tribunal imperial. T?, Procurador, sabes muy bien que no he perjudicado a los jud?os. Si he cometido un delito capital, no me niego a morir; pero si no hay nada de lo que ?stos me acusan, nadie puede entregarme en su poder. Por lo mismo, apelo al C?sar.?

Se acab? la cuesti?n. Ni el mismo Procurador ten?a ya potestad para juzgar a Pablo. De modo que all? mismo, en un acto puramente protocolario, se retir? con sus asesores, j?venes abogados, les pidi? su parecer, y se present? de nuevo en la asamblea ante los jud?os, con la resoluci?n dirigida a Pablo:?

-?Has apelado al C?sar? ?Pues al C?sar has de ir!?

Los jud?os quedaban definitivamente corridos, aunque pod?an desplazarse a Roma con la acusaci?n si quer?an el proceso contra Pablo. Al Procurador le sal?a todo bien, pues los jud?os pudieron pensar que estaba a su favor, y estaba seguro de que el prisionero no ser?a condenado en Roma.?
Y Pablo tambi?n se ve?a grandemente beneficiado. Por fin, lejos de los jud?os. Aunque fuera entre cadenas, pero con la esperanza de ser absuelto en el tribunal del Emperador. El viaje a Roma lo ten?a seguro y la libertad le caer?a por su propio peso.?

Para mayor suerte de Pablo, a los pocos d?as llegaban a Cesarea el rey Agripa y su mujer Berenice con el fin de cumplimentar al nuevo Procurador, el cual inform? del caso a sus hu?spedes, y Agripa contest?:?

- Me gustar?a mucho escuchar a ese hombre.?
- ?Te gustar?a? Ma?ana mismo lo escuchar?s.?

Al d?a siguiente entraban con toda pompa en la sala de la audiencia el rey Agripa con Berenice, acompa?ados de comandantes y la gente principal de la ciudad.?
Tra?do Pablo, Festo lo present? con gran deferencia, y Agripa se dirigi? al acusado:?

- Puedes hablar en defensa propia.?

Pablo, que tra?a las manos encadenadas, levant? su derecha y empez? su exposici?n:?

-?Ante las acusaciones de los jud?os, tengo la satisfacci?n de defenderme ante ti, rey Agripa, especialmente porque, como jud?o, eres experto en todo lo de nuestra religi?n.?

Relat? Pablo entonces su vida y la aparici?n del Se?or ante las puertas de Damasco. Con tal convicci?n y tal unci?n hablaba, que arranc? a Festo esta broma:?

- Est?s loco, Pablo. Tanto estudiar te ha hecho perder la cabeza.?

Pero Pablo replic?:?

No estoy loco, ilustre Festo. Mis palabras son verdaderas y muy sensatas. El Rey entiende muy bien todo esto, y a ?l me dirijo con franqueza, pues todo esto no se desarroll? a escondidas. ?Verdad, rey Agripa, que crees en Mois?s y en los profetas? ?Yo s? que crees!?

S?; el rey y la reina cre?an como jud?os. Lo malo era, ?pasm?monos!, que Agripa y Berenice viv?an casados en uni?n incestuosa, siendo la comidilla de todo el pueblo. Entonces Agripa se vio precisado a responder, y lo hizo de manera evasiva y por compromiso, gastando tambi?n una broma como Festo:

- Por poco me convences a hacerme cristiano.?
Pablo aprovecha la ocasi?n para responder content?simo ante aquella asamblea, aunque gastando por su parte otra broma:?

-Quiera Dios que por poco o por mucho, no s?lo t?, sino todos los oyentes, fueran hoy lo que soy yo, ?menos estas cadenas!...?

Todos r?en ante la ocurrencia de Pablo. Y todos comentaban al retirarse:?

- Este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte o la c?rcel.?

Agripa fue a?n m?s expl?cito con Festo:?

-Podr?a Pablo haberse marchado libre si no hubiera apelado al Emperador.?
Pero ya no hab?a remedio. El derecho romano exig?a la comparecencia de Pablo en los tribunales de Roma.?

?Qu? bien ha jugado Dios a favor de Pablo, y c?mo ha dejado fuera de combate a sus perseguidores los jud?os!?

?Dar?s testimonio de m? en Roma!?, le hab?a dicho Jes?s.?
?Ir?s a Roma?, le dice ahora la autoridad.?
Y Pablo se repite a s? mismo:?

-??Por fin, podr? ir a Roma! Se va a cumplir mi sue?o dorado. Ya es conocido el Se?or Jes?s en aquella estupenda Iglesia, pero lo ser? mucho m?s en adelante. Desde all? podr? llevar su nombre hasta el conf?n de la tierra. ?Roma!...?




Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en?esta direcci?n.?
Y en?www.evangelicemos.net?


Publicado por mario.web @ 23:52
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Publicado por Invitado
Viernes, 30 de septiembre de 2011 | 15:25
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