Lunes, 21 de febrero de 2011

Dejamos ya Malta atr?s. Ahora nos toca proseguir el viaje hasta Roma (Hch 28,11-23)?
Por lo dem?s, no era dif?cil la salida. El centuri?n imperial contrat? una nave alejandrina cargada de trigo y en ella hizo subir a todos los prisioneros que le hab?an encomendado.?

Era el mes de Febrero, y con viento favorable el barco enfil? la proa hacia Sicilia. Al cabo de dos d?as atracaban en Pozzuoli, o Putt?oli, el puerto de N?poles sobre la isla de Capri.?

?Qu? emociones! Al principio de la primavera, despu?s del espacio forzoso del invierno en que no desembarcaba ning?n barco, las primeras naves que llegaban eran recibidas por una verdadera multitud, que daba la bienvenida a pasajeros anunciados, al trigo que llegaba para la poblaci?n, y - aunque sea doloroso decirlo -, con el cargamento de fieras de ?frica y de criminales comunes o guerrilleros destinados a las diversiones del circo.?

Pronto supo la comunidad cristiana que en la embarcaci?n ven?a el conocid?simo Pablo.?
Vienen a buscar a Pablo hasta el puerto, y el centuri?n Julio, totalmente a favor de Pablo, no tiene inconveniente en dejarlo con los suyos:?

- Qu?date con ellos estos d?as hasta que marchemos a Roma.?

Aunque, al darle el permiso, era obligaci?n del centuri?n encargarle a un soldado que lo tuviera sujeto a la cadena; pero esto para Pablo no era inconveniente mayor.?

Los hermanos, apenas visto Pablo, mandaron por la posta una carta a los hermanos de Roma comunic?ndoles la fausta noticia. Como el viaje ya no se hizo por mar, sino por tierra v?a Apia arriba, al llegar la caravana a Tres Tabernas y al Foro Apio, unos treinta kil?metros al sur de la Urbe, ya estaba all? la comisi?n venida de la Iglesia romana para recibir a Pablo.?

Es inexplicable la emoci?n de este encuentro. Besos, abrazos, l?grimas, y gritar nombres uno tras otro:?

- ??quila, Priscila!..., ?Ampliato! ?Ep?neto!... ?Mar?a, Julia!... ?Alejandro y Rufo, los dichosos hijos de Sim?n de Cirene que ayud? al Se?or a llevar la cruz!...?

Iban saliendo los nombres y presentaciones de tantos como Pablo hab?a mencionado en su carta a los Romanos.?

?Y ahora estaban todos aqu?!?

Con los ojos arrasados en l?grimas, y con los brazos extendidos al cielo en acci?n de gracias, como nos dice Lucas, exclamando jubilosos:?

- ?C?mo te esperan todos en Roma, Pablo!...?

El centuri?n Julio observaba todo, y se preguntaba:?
-?Pero, ?qui?n es este Pablo?...?

Hab?a que seguir adelante. Un d?a m?s?, los montes Albanos?, ?y Roma a la vista!?

Ya en la Capital del Imperio, el centuri?n Julio se dirige directamente, como primer?sima obligaci?n suya, hacia Castro Pretorio donde tiene su sede la Polic?a Imperial, y entrega los presos al prefecto del campamento.?

Pero a Pablo lo lleva directamente al Jefe supremo, Afranio Burro, hombre honrado, ?ntegro, que junto con el fil?sofo S?neca hab?an sido los instructores del Emperador Ner?n, aunque tanto S?neca como Burro ser?an matados despu?s por Ner?n, loco y desagradecido.?

El ?elogium? - o documento del Procurador Festo que deb?a entregar el centuri?n , hab?a desparecido en el naufragio con todo lo dem?s del barco. Pero el centuri?n ten?a a su favor el ser un militar conspicuo de la ?cohorte augusta?, y se acept? sin m?s su testimonio sobre el naufragio y la condici?n y la conducta ejemplar?sima de Pablo.?

Por eso Burro determin? sin m?s:?
-?Custodia libre!??

Esto resultaba formidable para Pablo. Nada de c?rcel. Hasta celebrarse el juicio, el detenido pod?a alquilar casa propia, en la que recib?a a quien quisiera llegar.?

La ?custodia libre? exig?a ?nicamente que el preso deb?a tener consigo un soldado responsable de su seguridad, el cual lo ten?a siempre a la vista. La cadena colgaba de la pared. Pero si el preso sal?a de casa, llevaba sujeta la cadena por una punta al brazo derecho, y la otra atada a la mu?eca izquierda del soldado guardi?n.?

Pablo y los hermanos se apresuraron a alquilar una casa, probablemente no lejos del Pretorio, lo cual tra?a una gran ventaja para su custodia y por la misma libertad del detenido.?

O tal vez la escogieron en la parte izquierda del r?o T?ber que atraviesa la ciudad, en la calle llamada hoy San Pablo a la R?gola, cerca de la actual Sinagoga jud?a.?

Pedro, si es que estaba en Roma por estos d?as, se hallaba casi seguro en la otra parte del T?ber, dentro de un barrio pobre lleno de jud?os, por la ladera y a las plantas del Jan?culum.?

Pablo, una vez instalado en su casa, no perdi? para nada el tiempo. A los tres d?as ya ten?a en ella a los principales de los jud?os, a los que hab?a convocado. Este encuentro primero se desarroll? con gran cortes?a. Pablo comenz? con delicadeza:?

Hermanos, yo no hice nada contra nuestro pueblo o las costumbres de nuestros padres; pero los de Jerusal?n me entregaron a los romanos, los cuales, al examinarme, me declararon libre al no hallar en m? ning?n delito. Pero al oponerse los jud?os, me vi obligado a apelar al Emperador, aunque no quiero acusar para nada a nuestra naci?n. Por esto les he llamado a ustedes, para verlos y hablarles. S?lo por la esperanza de Israel me encuentro encadenado.?

A semejante finura de lenguaje, los jud?os respondieron en igual tono:?

- Nosotros no hemos recibido de Judea cartas ni ning?n hermano nos ha tra?do noticias contra ti. Con todo, nos gustar?a escuchar lo que piensas, porque estamos informados de que por todas partes se habla de esa secta.?

Muy cort?s y muy diplom?tico este modo de hablar. Con la cortes?a de este primer encuentro, se pudieron poner de acuerdo y se?alaron fecha para la pr?xima e importante visita, que se va a celebrar dentro de pocos d?as.?

Nosotros tambi?n vamos a asistir a ella. El amor que tenemos a Pablo y el inter?s que nos inspira el pueblo elegido nos hacen esperar impacientes. Lucas, como siempre, el cronista fiel, nos va a poner al tanto de todo.?

Acabada esa visita, ya no saldremos de Roma sino espor?dicamente para acompa?ar a Pablo en alg?n viaje r?pido. En adelante, s?lo en Roma quedar?n fijos nuestra mente y nuestro coraz?n de cristianos.?


Publicado por mario.web @ 23:54
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