Martes, 22 de febrero de 2011

Pablo, prisionero en la propia casa que tiene alquilada en Roma, y donde recibe a tantos visitantes, un d?a queda sorprendido:?

- ?C?mo? ?As? que t? vienes de Colosas? ntonces, conoces a mi amigo Filem?n, ?no es as???

El joven visitante tiembla de pies a cabeza.?
- S?, te conoc? en su casa, y ahora vengo con mucho miedo. Me llamo On?simo. Mi amo Filem?n te quer?a mucho desde que t? le ense?aste tu nueva religi?n.?

- ?On?simo? ??ste es el nombre que te puso tu amo? ?Le eras de mucho provecho?... Pablo se da cuenta de lo que es este joven, pues los amos pon?an el nombre a los esclavos seg?n se presentaban por sus cualidades. Y On?simo en griego significa ?provechoso?.?

- ?Qu? te pasa, pues, On?simo? Expl?camelo todo.?

- Mira, Pablo, yo soy un esclavo, le rob? a mi amo, me escap? de su casa y he venido huyendo hasta Roma. Mi amo ha debido dar parte a la polic?a, y seguro que me est?n buscando. Si caigo en sus manos, ya sabes lo que me espera: me marcar?n en la frente con hierro rusiente la F de ?fugitivo?, y me condenar?n de por vida a la rueda de molino o a trabajar en las minas, si es que no me matan con azotes o en la cruz.?
Aunque mi amo a lo mejor no har? esto, porque desde que est? en tu religi?n es muy bueno. Como en Colosas todos saben que est?s preso en Roma, te he buscado y por eso vengo.?

Pablo adivina toda la tragedia del joven esclavo, ?y qu? le toca hacer! Pues, ayudarlo. Y lo va a hacer con enorme amor y con eficacia sorprendente. Le bastan unas pocas l?neas, una carta breve, pues se lee de un tir?n en dos o tres minutos.?

Esta carta es un escrito genial, y se ha dicho de ella que es ?una obra art?stica de discreci?n y cortes?a?; el principio de la declaraci?n de los derechos del hombre?; una carta con la cual no resiste comparaci?n ning?n documento humano de la antig?edad?.?

Ante todo, Pablo le dice al esclavo fugitivo:?

- T? te vas a quedar conmigo como si fueras un esclavo m?o. Me atiendes en las cosas que puedas, y el pretoriano que me custodia a m?, pensando que eres mi esclavo, no va a sospechar de ti nada. Con Epafras que est? aqu? en Roma, tan amigo de Filem?n tu amo, miraremos de arreglar tu situaci?n.?

As? se convino y as? se hizo. Pero, ?qu? ocurri?? Pues, lo que ten?a que ocurrir.?
El joven esclavo, ladr?n y fugitivo, no era ning?n tonto, serv?a muy bien a Pablo y, sobre todo, le escuchaba veces y m?s veces hablar de Jes?s con los muchos visitantes que acud?an all?. Hasta que el esclavo ladr?n y fugitivo, pregunta resuelto:?

- Pablo, ?puedo ser yo tambi?n cristiano?...?
Por delicadeza, y por respeto a su libertad, nada le hab?a dicho Pablo, el cual esperaba que la fruta cayera del ?rbol madura por su propio peso.?

Ahora Pablo no puede con su alegr?a. Por el nuevo cristiano, y porque tiene en su mano la soluci?n del problema. ??Lo he engendrado en las cadenas!?, escribir? gozosamente Pablo a Filem?n.?

Como estaba T?tico para partir hacia Colosas, al mismo tiempo que llevaba a las Iglesias del Asia las dos cartas a los Colosenses y a los Efesios, oye el parecer de Epafras:?

- S?, este es el momento mejor. Devuelve el esclavo a Filem?n, que no va a tener m?s remedio que recibirlo como hermano cristiano.?

Al hablar as?, Epafras ya hab?a le?do la carta, tan breve como densa, que Pablo hab?a escrito toda entera de su pu?o y letra a Filem?n, y que comenzaba cargada de psicolog?a:?

?Pablo, prisionero de Cristo Jes?s?.?

Filem?n era rico, con casa magn?fica, que serv?a para iglesia, hacienda grande y muchos esclavos. Pero era sobre todo un cristiano caritativo, de gran coraz?n, cuya bondad era reconocida por todos, de modo que Pablo puede escribirle con toda verdad:?

?Tengo noticia de tu caridad y de tu fe para con el Se?or Jes?s y para con todos los santos, de modo que la participaci?n de tu fe es eficiente?.?

No te quedas en buenas palabras, sino que sabes actuar la fe con el amor. ?Por eso tuve gran alegr?a y consuelo a causa de tu caridad, por el alivio que los corazones de los santos han recibido de ti, hermano querido?.?

Cada palabra que viene va a ser una cu?a en el coraz?n de Filem?n, el cual no va a poder resistir:?
?Aunque tengo en Cristo bastante libertad para mandarte lo que conviene, prefiero m?s bien rogarte en bien de la caridad, yo, este Pablo ya anciano y ahora preso por Cristo?.?

Podemos meternos en la mente de Filem?n:?
-?A ver por d?nde se va a descolgar este Pablo! ?A ver qu? me querr? pedir!...?

Y vino, naturalmente, la petici?n menos esperada:?

- Te ruego a favor de mi hijo, a quien engendr? cadenas, On?simo, que en otro tiempo te fue in?til, pero ahora muy ?til para ti y para m?.?

Y a?ade con palabras conmovedoras:?

?Te devuelvo a este hijo, que es mi propio coraz?n. Yo quer?a detenerlo conmigo, para que me sirviera en tu lugar, en estas cadenas que llevo por el Evangelio. ?Pero, sin consultarte, no he querido hacer nada, para que esta acci?n tuya no fuera forzada sino voluntaria?.?

Filem?n estaba vencido del todo. ?Qu? remedio le quedaba? Aunque Pablo no ha acabado, pues falta la ?ltima estocada:?

?Te escribo confiado, seguro que har?s m?s de lo que te pido?.?

?Vaya elegancia la de Pablo para pedir al amo que no retenga m?s al esclavo, sino que le d? la libertad!... Era lo ?ltimo que pod?a pedir. ??S?, hermano, hazme este favor, y alivia este mi coraz?n en Cristo!...?

?Qu? ha significado en la Iglesia y en el mundo esta acci?n de Pablo y de Filem?n, cristiano tan ejemplar. La mayor plaga social que se ha conocido en la historia, la esclavitud en el Imperio Romano, con esta carta qued? herida de muerte.?

Ni Pablo, ni la Iglesia, ni nadie pod?a levantar a los esclavos en una revoluci?n armada, al estilo de nuestros guerrilleros en las monta?as. Hubiera sido una cat?strofe para todos, empezando por los mismos esclavos.?

La Iglesia, desde Pablo, empez? por vivir la libertad y la igualdad entre sus hijos.?
Hab?a muchos amos y matronas cristianos que dejaban libres a sus esclavos. Los cargos de la Iglesia, hasta el de Papa, eran ocupados lo mismo por el noble Cornelio que por el esclavo Sixto.?

Si los historiadores hurgan buscando la ra?z de la libertad que hoy impera en el mundo, llegar?n hasta Jesucristo. Y dar?n con el caso especial de un pobre esclavo que top? con un ejemplar due?o cristiano, llamado Filem?n, el cual estaba leyendo, con mano temblorosa y emoci?n que le ahogaba el pecho, una carta enviada desde Roma por un preso llamado Pablo?


Publicado por mario.web @ 0:00
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