Martes, 22 de febrero de 2011

El origen de la humanidad est? en el Amor de Dios. Por amor nos cre?. Por amor nos sustenta, nos acompa?a, nos llama.

El amor no dej? de trabajar cuando empez? la amarga historia del pecado humano. El amor se hizo presencia, se encarn?, porque quiso sacarnos del mal, porque quiso darnos la vida verdadera.

Dios es mucho m?s grande que el pecado. Por eso Cristo vino al mundo, muri? en la Cruz, fund? la Iglesia.

La presencia de Cristo, su acci?n salvadora, explica la esencia profunda de la Iglesia, act?a en los sacramentos, trabaja en sus ministros.

El Papa, los obispos, los sacerdotes, son simplemente embajadores del amor divino. Cada sacerdote alberga en lo m?s ?ntimo de su ser una llamada, una invitaci?n, un grito, que Dios quiere ofrecer a cada ser humano.

El sacerdote tiene una vocaci?n inmensamente grande y bella. Porque lo m?s hermoso es anunciar la gran noticia, el mensaje de paz y de salvaci?n. Por eso sus pies son dichosos en los montes (cf. Is 52,7). Por eso sus pasos recorren pueblos, aldeas y ciudades para anunciar que el Reino est? cerca (cf. Mt 10,7).

Dios escoge, Dios invita, Dios modela, Dios env?a a cada sacerdote por amor y para amar.

As? lo viv?a, as? lo entend?a san Juan Mar?a Vianney. El santo cura de Ars lo explicaba con palabras sencillas y emotivas: ?Si comprendi?ramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, morir?amos: no de pavor, sino de amor. Sin el sacerdote, la muerte y la pasi?n de Nuestro Se?or no servir?an de nada. El sacerdote contin?a la obra de la redenci?n sobre la tierra. ?De qu? nos servir?a una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: ?l es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes? (citado por Benedicto XVI en la carta de inicio del a?o sacerdotal, 16 de junio de 2009).

Esa es la explicaci?n y el sentido propio de la vida de cada sacerdote: hacer presente la redenci?n, la victoria del amor, por encima del pecado y de la muerte.

Vale la pena recordarlo, para rezar por los sacerdotes, para acompa?arlos en su incomparable misi?n; y para no dejar de dar gracias a Dios por seguir llamando a miles de hombres para trabajar en su vi?a como ministros de la misericordia, como testigos del amor eterno de un Padre bueno.


Publicado por mario.web @ 6:28
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