Martes, 22 de febrero de 2011
Nuestra tierra est? ?vida no s?lo de personas santas, sino de comunidades santas, enamoradas de la Iglesia y del mundo
?

Todo esto abre nuevos caminos y requiere nuevo impulso al mismo proceso de evangelizaci?n de la vieja y nueva Europa. Hace tiempo que la Iglesia y el actual Pont?fice vienen pidiendo una profunda renovaci?n de los contenidos y del m?todo del anuncio del Evangelio, ? para hacer a la Iglesia del siglo XX siempre m?s id?nea para anunciar el Evangelio a la humanidad del siglo XX ?.(11) Y como nos record? el Congreso, ? no hay que tener miedo de vivir en una ?poca de paso de una orilla a la otra ?.(12)


a) El ? semper ? y el ? novum ?

Se trata de unir el ? semper ? y el ? novum ? del Evangelio para ofrecerlo a las nuevas exigencias y condiciones del hombre y de la mujer de hoy. Es, pues, urgente proponer de nuevo el n?cleo o centro del kerigma como ? noticia perennemente buena ?, rica de vida y de sentido para el joven que vive en Europa, como anuncio capaz de dar respuestas a sus expectativas y guiar su b?squeda.

En torno a estos puntos se concentran especialmente la tensi?n y el desaf?o. De esto dependen la imagen de hombre que se quiere construir y las grandes decisiones de la vida, el futuro de la persona y de la humanidad; el significado de la libertad y la relaci?n entre subjetividad y objetividad, el misterio de la vida y de la muerte, el amar y el sufrir, el trabajo y el descanso.

Es preciso aclarar la conexi?n entre praxis y verdad, entre momento hist?rico personal y futuro definitivo universal o entre bien recibido y bien dado, entre conocimiento del don y opci?n de vida. Somos conscientes de que precisamente en torno a estos puntos gira tambi?n una cierta crisis de significado, de la que derivan, por tanto, una cultura antivocacional y una imagen de hombre sin vocaci?n. Por consiguiente, de aqu? debe partir o aqu? debe arribar el camino de la nueva evangelizaci?n, para evangelizar la vida y el significado de la vida, la exigencia de libertad y de subjetividad, el sentido del propio ser en el mundo y del relacionarse con los otros.

De aqu? podr? emerger una cultura vocacional y un modelo de hombre abierto a la llamada. Para que a una Europa, que va cambiando en profundidad su imagen, no le llegue a faltar la buena noticia de la pascua del Se?or, en cuya sangre los pueblos dispersos se han reunido y los alejados se han aproximado, ? destruyendo el muro de enemistad que los separaba ? (Ef 2,14). O mejor, podemos decir que la vocaci?n es el coraz?n mismo de la nueva evangelizaci?n en los umbrales del tercer milenio, es la llamada de Dios al hombre para un tiempo nuevo de verdad y libertad, y para una nueva construcci?n ?tica de la cultura y de la sociedad europeas.


b) Nueva santidad

En este proceso de inculturaci?n de la buena nueva, la Palabra de Dios se hace compa?era de viaje del hombre y le sale al encuentro a lo largo de los caminos para revelarle el designio del Padre como condici?n para su felicidad. Y es exactamente la Palabra extra?da de la carta de Pablo a los cristianos de la Iglesia de Efeso, la que nos gu?a tambi?n hoy a nosotros, pueblo de Dios en Europa, a descubrir cuanto quiz? no es inmediatamente visible a primera vista, pero que es evento, es donaci?n, es vida nueva: ? As?, pues, ya no sois extra?os ni forasteros, antes bien, sois conciudadanos de los santos y familiares de Dios ? (Ef 2,19).

No es, evidentemente, palabra nueva, pero es palabra que hace ver de un modo nuevo la realidad de la Iglesia del viejo continente, que est? lejos de ser ? Iglesia vieja ?. Es comunidad de creyentes llamados a la ? juventud de la santidad ?, a la vocaci?n universal a la santidad, subrayada con fuerza por el Concilio(13) y reafirmada, en diversas ocasiones, por el Magisterio subsiguiente.

Es tiempo, ahora, de que aquella llamada adquiera fuerza y llegue a todo creyente, ? a fin de que alcanc?is a comprender juntamente con todos los santos cu?l sea la anchura y la longitud, la altura y la profundidad ? (Ef 3,18) del misterio de gracia confiado a la propia vida.

Es tiempo, ahora, de que aquella llamada suscite nuevos modelos de santidad, porque Europa tiene necesidad, sobre todo, de la santidad que el momento exige, original por tanto y, en alg?n modo, sin precedentes.

Se necesitan personas, capaces de ? echar puentes ? para unir cada vez m?s a las Iglesias y a los pueblos de Europa y para reconciliar los esp?ritus.

Son precisos ? padres ? y ? madres ? abiertos a la vida y al don de la vida; esposos y esposas que testimonien y celebren la belleza del amor humano bendecido por Dios; personas capaces de di?logo y de ? caridad cultural ? para transmitir el mensaje cristiano mediante los lenguajes de nuestra sociedad; profesionales y personas sencillas capaces de imprimir al compromiso en la vida civil y a las relaciones de trabajo y amistad, la transparecia de la verdad y la fuerza de la caridad cristiana; mujeres que descubran en la fe cristiana la posibilidad de vivir plenamente su condici?n femenina; sacerdotes de coraz?n grande, como el del Buen Pastor; di?conos permanentes que anuncien la Palabra y la libertad del servicio para con los m?s pobres; ap?stoles consagrados, capaces de sumergirse en el mundo y en la historia con coraz?n contemplativo, y m?sticos tan familiarizados con el misterio de Dios como para saber celebrar la experiencia de lo divino y hacer ver a Dios presente en la vor?gine de la acci?n.

Europa necesita nuevos confesores de la fe y del gozo de creer, testigos que sean creyentes cre?bles, valientes hasta la sangre, v?rgenes que no sean tales s?lo para s? mismas, sino que sepan decir a todos que la virginidad reside en el coraz?n de cada uno y reenv?a inmediatamente al Eterno, manantial de todo amor.

Nuestra tierra est? ?vida no s?lo de personas santas, sino de comunidades santas, de tal forma enamoradas de la Iglesia y del mundo que sepan presentar al mundo mismo una Iglesia libre, abierta, din?mica, presente en la historia diaria de Europa, cercana a los sufrimientos de la gente, acogedora con todos, promotora de la justicia, sol?cita para con los pobres, no preocupada por su minor?a num?rica ni por las barreras puestas a su acci?n, no asustada por el clima de descristianizaci?n social (real pero quiz? no tan radical ni generalizado), ni de la escasez (a menudo s?lo aparente) de los resultados.

?Ser? ?sta la nueva santidad capaz de reevangelizar a Europa y de construir la nueva Europa!


Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesi?sticas?

"Nuevas vocaciones para una nueva Europa"


Publicado por mario.web @ 19:51
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios