Mi?rcoles, 23 de febrero de 2011

La fe cat?lica arranca desde una experiencia, desde un encuentro, desde una certeza: Dios ha intervenido en la historia humana, Cristo es el Salvador del mundo.

No somos defensores de un sistema ?tico m?s o menos perfecto. No somos herederos de tradiciones humanas, con sus luces y con sus sombras. No somos simples evocadores de una doctrina surgida desde el juda?smo y plasmada a lo largo de los siglos en el Credo y en los concilios.

Somos seguidores de Jes?s de Nazaret, verdadero Dios y verdadero Hombre, Se?or y Salvador del mundo.

Hay, en el coraz?n del cristianismo, una certeza profunda: Dios ha intervenido en la historia humana, Dios ha enviado al Mes?as, Dios ha abierto las puertas de los cielos, Dios ha ofrecido el perd?n a los pecadores, Dios nos invita a ser hijos en el Hijo.

Por eso el cristiano vive con una alegr?a profunda, porque sabe que Dios nos ofrece un don inmenso.

Benedicto XVI lo explicaba as?: ?dentro de nosotros deber?a surgir nuevamente la alegr?a por el hecho de que Dios nos haya mostrado gratuitamente su rostro, su voluntad, a s? mismo. Si esta alegr?a resurge entre nosotros, tocar? tambi?n el coraz?n de los no creyentes? (Benedicto XVI, homil?a, 30 de agosto de 2009).

Se trata de una alegr?a que hace a los cat?licos convincentes y misioneros, como subrayaba el Papa en la homil?a antes citada: ?donde esta alegr?a est? presente, ?sta -aun sin querer- posee una fuerza misionera. Suscita, de hecho, en los hombres la pregunta de si no est? verdaderamente aqu? el camino, si esta alegr?a no lleve efectivamente a las huellas del mismo Dios?.

Los hombres necesitan descubrir la gran verdad cristiana: Cristo ya vino al mundo. Nos toca a los bautizados testimoniarlo, desde la alegr?a humilde de quienes acogen y viven un don maravilloso y transformante.


Publicado por mario.web @ 18:12
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