Jueves, 24 de febrero de 2011

Siempre he admirado a esas mujeres, reinas de su hogar, que llegan tarde y cansadas a casa con el firme impulso del amor por los suyos retumbando en el coraz?n. Sin demasiado tiempo y con el cosquilleo en el est?mago de los habitantes del nido familiar, se dirigen con confianza al refrigerador y, detenidas en posici?n de plena sabidur?a maternal, miran y estudian lo que hay disponible.?

Unos restos de la comida de anoche, un poco de verduras que quedaron de la ?ltima incursi?n culinaria, un proyecto de aderezo que no fue utilizado a?n, y algunas cosas que fueron tomadas de las g?ndolas del supermercado por aqu? y por all?. ?Manos a la obra! El proyecto ya est? claro en su mente. Se pica una cebolla y se enciende el fuego, con una sart?n con aceite a calentar, los utensillos aparecen como por arte de magia y los maravillosos perfumes brotan de sus manos adornando toda las habitaciones y los corazones. ?La casa est? viva!

Pronto se ve a todos los habitantes de su reino, chicos y grandes, convocados a poner la mesa y a sorprenderse una vez m?s de tan grande muestra de habilidad, y de amor. ?Qui?n no disfruta o ha disfrutado de estos momentos maravillosos, donde el amor se vuelve alimento y envuelve a los que se re?nen alrededor de la mesa familiar? Creo que todos guardamos recuerdos de esos olores, esos sabores, de esos deliciosos platos puestos frente a nuestros ojos de ni?os. Recuerdos que nos conmueven, donde un simple aroma nos vuelve d?cadas atr?s, nos transporta a otro tiempo y a otro lugar, y nos deja envolvernos con el amor en el recuerdo, amor que traspasa toda barrera y se abre a la sencillez de nuestra ni?ez m?s inocente.

Creo que Dios hace lo mismo con nosotros: El mira dentro de nosotros como si fu?ramos un refrigerador espiritual y hace un r?pido cuadro de las materias primas que tenemos a Su disposici?n. Una virtud poco desarrollada por aqu?, un deseo de justicia por all?, un recuerdo que infunde amor en nuestro coraz?n, un dolor surgido en un episodio que a?n no logramos olvidar, un poquito de fortaleza escondida en alg?n rinconcito de nuestra alma. Dios, parado en la puerta de nuestro refrigerador espiritual, busca y rebusca, mira y sopesa cada articulo que encuentra, deja algunos para utilizarlos luego, y va poniendo otros encima de Su Cocina Espiritual. Y mientras cierra la puerta de nuestro refrigerador, se dice a S? mismo: ?Manos a la obra!

R?pido y sabiendo a la perfecci?n cual es Su plan de cocina, trabaja sobre las especies y los utensillos con Mano Maestra. Pela y pica algunos condimentos, lava otros, mezcla, condimenta, fr?e y cocina, y pone todo en una hermosa presentaci?n, listo para ser disfrutado. ?La comida est? lista! Las obras de bien, que siempre son obras de Dios, brotan de Sus manos maestras en forma imprevista y haciendo que surjan de quien ni siquiera hab?a anticipado tal posibilidad. Por supuesto que lo hace con la seguridad de proveer el m?s sabroso sabor y aroma que comida alguna puedan jam?s producir: el amor. Sus platos son siempre ricos en amor, tanto en sabor como en aroma. Y por supuesto que alimentan a los comensales, alimento para el alma, para el esp?ritu.

Dios, en Su infinita bondad, saca de nosotros aquello de lo que disponemos, lo que sea. Ser? poco, o ser? mucho. Ser? el m?s exquisito producto de cocina, o el m?s humilde resto de la cena de ayer. Pero siempre es suficiente para que El se sienta feliz de poder elaborar un exquisito plato de amor, adornado por la Mano del que todo lo puede.?

?Y que tenemos que hacer nosotros? Simplemente abrir la puerta de nuestro refrigerador, para que El pueda servirse de lo que tenemos dentro, para que sea El el que siga Su plan maestro de cocina y haga de nosotros un rico plato pleno de virtudes, alimento para los comensales que se sienten con nosotros a la mesa. As? como una madre es capaz de mostrar el amor del que es capaz, en algo tan simple y cotidiano como un plato de comida hogare?a, as? es capaz el amor de nuestro Dios de producir exquisitos manjares espirituales a partir de nuestra voluntad. Solo debemos ponerla a Su disposici?n, abrir los portales de nuestro coraz?n y dejar que sea El el que desarrolle las recetas que nos alimenten, nos den vida, y den sentido a nuestro d?a.


Publicado por mario.web @ 7:56
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