Jueves, 24 de febrero de 2011

Un empresario triunfa. Otros fracasan. Un ingeniero asciende. Otros quedan marginados, quiz? no llegan nunca a poner en pr?ctica sus conocimientos. Un matrimonio ?luce? entre familiares y amigos. Otros esposos quedan abandonados en una situaci?n de pobreza extrema. Un hombre o una mujer conquistan los primeros lugares en las revistas del coraz?n. Otros hombres y mujeres viven carcomidos por frustraciones y angustias ?ntimas que nadie conoce.

A veces pensamos que as? es la vida: una competici?n en la que unos destacan, vencen, gozan, mientras que otros (?la mayor?a?) quedan atr?s, sucumben bajo el polvo de la enfermedad, de la pobreza, del desprecio (por errores reales o imaginados), de la depresi?n o la angustia.

En la gran marcha humana, miles y miles de seres humanos ?aparcan? sus vidas a la vera del camino, como si no contasen, como si no fuesen importantes, como si sus cabellos (negros o blancos), sus rostros, sus arrugas o sus ojos tristes no tuvieran ning?n lugar en una sociedad que exige, que impone, par?metros de belleza, de fuerza f?sica, de bienestar econ?micos que pocos alcanzan.

Pero si nuestra mente sabe leer la realidad en su dimensi?n m?s rica y m?s completa, descubrir? que nadie vive a la vera del camino. Porque cada ser humano, de una raza o de otra, con o sin pasaporte, sano o enfermo, rico o pobre, tiene su nombre escrito en el coraz?n de Dios, vale infinitamente porque tiene su alma invitada a alcanzar el amor eterno.

Es a esta luz cuando descubrimos lo verdaderamente importante, lo noble, lo grande, entre los seres humanos. Porque no vale nada, para entrar en el Reino de los cielos, ganar puestos en Facebook o en las p?ginas de la prensa que dicen qui?n asciende y qui?n desciende.

Vale, en cambio, quien abre su esp?ritu al amor de Dios, quien se deja perdonar y perdona a su hermano, quien tiende la mano a quien se encuentra en la misma desgracia, quien descubre ese tesoro escondido (cf. Mt 13,44) por el que uno deja de lado las migajas de los aplausos humanos e invierte su coraz?n y toda su vida para llegar a poseerlo, ya en este mundo y, luego, para siempre, en el cielo.


Publicado por mario.web @ 8:02
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