Viernes, 25 de febrero de 2011

Fray Ang?lico dec?a que quien quiera pintar a Cristo s?lo tiene un procedimiento: vivir con Cristo. Aceptamos la explicaci?n de que a los ap?stoles les importaba m?s contar el gozo de la resurrecci?n que describir los ojos del Resucitado. Lo aceptamos todo, pero aun as?, ?qu? no dar?amos por conocer su verdadero rostro?

Isa?as lo describir? como var?n de dolores. Su aspecto no era de hombre, ni su rostro el de los hijos de los hombres. No ten?a figura ni hermosura para atraer nuestras miradas, ni apariencia para excitar nuestro afecto... Era despreciado y abandonado de los hombres, var?n de dolores, como objeto ante el cual las gentes se cubren el rostro (Is 52, 14; 53, 2)

Los Padres de la Iglesia ponderar?n la belleza f?sica de Jes?s. San Juan Cris?stomo contar? que ?el aspecto de Cristo estaba lleno de una gracia admirable?. San Agust?n afirma que es ?el m?s hermoso de los hijos de los hombres?. Y san Jer?nimo dir? que ?el brillo que se desprend?a de ?l, la majestad divina oculta en ?l y que brillaba hasta en su rostro, atra?a a ?l, desde el principio, a los que lo ve?an?.?

Jes?s ten?a un coraz?n de hombre, un coraz?n sensible a las ingratitudes, insultos, silencios, traiciones y negaciones. As? se queja de la soledad y tristeza que siente. Sim?n, ?duermes? ?Ni una hora has podido velar? (Mc 14,37). Ante la triple negaci?n de Pedro, Jes?s le devuelve una mirada llena de reproche, ternura, compasi?n y aliento. El Se?or mir? a Pedro. Y ante el beso del traidor, Jes?s dice: ??Con un beso me entregas?? A la bofetada del siervo de An?s, Jes?s responde mansamente ?Si he hablado bien, ?por qu? me pegas?? (Jn 18,23). De todas las actitudes del Maestro, la m?s elocuente, sin duda, es la del silencio. Jes?s calla ante el abandono de los amigos, cuando le atan, cuando le calumnian, cuando le pegan, cuando la gente prefiere la libertad de Barrab?s, cuando lo tratan como a un bandido... Ya muere en el abandono, traicionado, apurando vinagre para calmar su sed...

Era la compasi?n, la misericordia que sent?a Jes?s lo que le llevaba a actuar. Los evangelios nos hablan de un Jes?s compasivo y misericordioso y as? lo hace con el leproso (Mc 1,41); con la viuda de Na?m (Lc 7,13); con los dos ciegos (Mt 20,34); con la muchedumbre que anda como ovejas sin pastor; con la muchedumbre sin comida por el desierto (Mt 14,14).

?l viene a proclamar un a?o de gracia para los pobres y oprimidos y los de coraz?n destrozado (Lc 4,16-22); ?l llama bienaventurados a los misericordiosos... (Mt 5,7) e invita a mostrar la misericordia unos a otros (Lc 10,33-35).

Jes?s se acerca a la gente y se muestra misericordioso con los gestos, con la mirada; ?l toma siempre la iniciativa, se adelanta a sanar, a comer y alojarse con alguien o quedarse en tal pueblo. Sus palabras amables, consuelan, dan confianza, dan paz. Se sienta y acoge a los m?s d?biles, a los m?s necesitados: leprosos, impuros: (Mc 1,40-45); sordomudos, ciegos, (Mc 7,31-37); los endemoniados ( Mc 5,1-20); pecadores (publicanos) (Mt 9,9-13); pecadoras (prostitutas) (Lc 7,36-50); mujeres marginadas (Mc 5,24-34); ni?os relegados, enfermos (Mc 10,13-16); samaritanos y paganos (Jn 4,4-42). Y la misericordia tambi?n la adopta en la postura con que expresa sus sentimientos, actitud, relaci?n...

  • agachado frente a la humillada/acusada (y luego se endereza para hablarle cara a cara)
  • sentado compartiendo con Mateo y compa?eros publicanos, el fariseo, la samaritana)
  • invita a levantarse a la gente (suegra de Sim?n, ni?a de Jairo),
  • a presentarse ante los dem?s sin miedo (hemorroisa, de la mano seca)
  • a detener la procesi?n f?nebre (viuda de Na?m)
  • camina junto con los disc?pulos de Ema?s.
    Y Jes?s manda ser misericordiosos, como el Padre de es misericordioso (Lc 6,36).?

    A algunas personas les hubiera gustado haber vivido en tiempo de Jes?s para mirarlo, tocarlo, escuchar sus palabras. Hoy, sin embargo, tenemos un privilegio mayor, pues sabemos que, por la fe, al mirar a cada persona, miramos a Cristo y creemos que todo lo que hacemos a uno de los m?s peque?os, a ?l se lo hacemos, pues no podemos olvidar que cada una de las caras humanas es el rostro de Jes?s, cada ser humano, bien est? sufriendo o gozando, riendo o llorando, es el rostro de Cristo.

    El reconocer el rostro de Cristo en cada ser humano, con sus nombre y apellidos, nos dar? la oportunidad de que ?l podr? reconocernos a nosotros en la eternidad y por toda la eternidad.?
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    Publicado por mario.web @ 9:37
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