Viernes, 25 de febrero de 2011

La conciencia nos acompa?a siempre, nos habla de mil maneras. Antes de tomar una decisi?n, para sugerirnos lo que es bueno y para alertarnos sobre lo que es malo. Mientras llevamos adelante nuestros prop?sitos, como una luz que est? siempre a nuestro lado. Despu?s de que hicimos lo que hicimos, como una voz que aprueba o que condena, que pide justicia o que aplaude por el bien realizado.

No podemos olvidar nunca, en el camino de la vida, esa voz interior de la conciencia que puede resultar decisiva, para el bien, si est? bien formada, o para la propia ruina y el da?o de los seres cercanos, si est? herida por deformaciones de gravedad.

La conciencia es esa potencia de juicio que indica, cuando funciona correctamente, d?nde est? el bien, d?nde est? el mal, c?mo romper con el pecado, c?mo avanzar hacia la virtud.

De una manera sencilla y cercana, en la conciencia podemos escuchar la voz del mismo Dios, que nos pide romper con el ego?smo, que nos lanza a dejar vicios que destruyen, que nos exige superar miedos que paralizan.

Si la escuchamos, si la seguimos, podremos entrar en el mundo de la justicia, de la belleza, de la verdad, del bien, del amor que inicia en el tiempo y que dura para siempre.

Quien escucha a su conciencia, quien la acoge en sus buenos consejos, quien la educa a trav?s de lecturas sanas, de la ayuda de personas maduras y buenas, de las luces que Dios ofrece en momentos de oraci?n o simplemente mientras vamos de una habitaci?n a otra, tendr? en ella un faro que ilumina toda la vida, que ayuda a tomar decisiones buenas, que aparta de la oscuridad de las pasiones y de las influencias negativas de falsos amigos. Se adentrar?, entonces, en un mundo luminoso y bello, en una existencia llena de alegr?as aut?nticas.

Tener una conciencia buena, sana, fuerte, bien formada, es el camino imprescindible para entrar en el mundo del Evangelio, para vivir en gracia, para crecer en el amor aut?nticamente cristiano.

Hoy, como siempre, necesitamos valorar el papel de la conciencia, para no sucumbir en un mundo de prisas, de superficialidades, de consumismo, de soberbia. As? tendremos, en esa voz interior de la conciencia, una aliada buena, en?rgica y luminosa, en los mil cruces de caminos que pasan ante nuestros ojos mientras seguimos en marcha hacia el encuentro eterno con Dios Padre.


Publicado por mario.web @ 9:49
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