Viernes, 25 de febrero de 2011

Alcanzar una meta muy deseada, ?es siempre una victoria? Llegar a poseer algo anhelado desde lo m?s hondo del alma, ?nos beneficia, nos perfecciona, nos lleva a la verdadera felicidad, nos permite construir un mundo m?s justo y m?s bueno?

Hay momentos en la vida que se presentan como un triunfo, que nos hacen saltar de alegr?a, que nos permiten celebrar una peque?a fiesta en el alma. Pero si la fiesta se convierte en ocasi?n de pecado o de injusticia, si la alegr?a nos aparta de las metas verdaderas y nos encadena a seguridades ef?meras, el aparente triunfo se convierte en el inicio de una derrota amarga.

Las verdaderas victorias son aquellas que nos acercan al bien, a la verdad, a la belleza aut?ntica. No podemos vivir ilusionados por fuegos de artificio que deslumbran pero no llevan a nada s?lido ni verdadero. S?lo lo que nos introduce en el mundo de lo eterno, s?lo lo que nos acerca a Dios y nos une a los dem?s seres humanos puede ser visto como victoria aut?ntica y buena.

Si recordamos esta verdad, podremos relativizar victorias (y derrotas) en el mundo de lo contingente, para concentrar las propias fuerzas en aquellas acciones y virtudes que hacen al mundo un poco m?s bueno y nos abren las puertas del Reino.

Entonces seremos capaces de usar lo mejor de nuestra mente y de nuestro coraz?n para vivir seg?n el mensaje del Evangelio, para crecer en el amor aut?ntico, para caminar cada d?a con la mirada puesta en la fiesta que nos tiene preparada, desde toda la eternidad, el Padre bueno que habita en los cielos.


Publicado por mario.web @ 9:55
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