S?bado, 26 de febrero de 2011

La pregunta surge en lo m?s ?ntimo del alma ante un fracaso familiar, personal, en el trabajo o en otros ?mbitos: ?en qu? he fallado?

La pregunta est? en el coraz?n de padres de familia que buscaron dar una buena educaci?n a los hijos, que transmitieron principios sanos, que les llevaron a la iglesia para rezar y recibir los sacramentos. De modo inesperado, un hijo o una hija rompe con los valores recibidos y se marcha, quiz? no de casa, pero s? lejos de mucho de lo que sus padres quisieron transmitirle. ?En qu? fallaron?

La pregunta est? en la mente de sacerdotes y catequistas que trabajaron en serio para comunicar la fe a ni?os, j?venes y adultos, para ense?arles a orar, para animarles a la confesi?n y a la misa. Luego, tras la primera comuni?n, o tras la confirmaci?n, o despu?s de la boda, muchos desaparecen. ?D?nde estuvo el fallo?

La pregunta est? en educadores que, d?a tras d?a, buscan transmitir la ciencia y los valores en las aulas de la escuela o de la universidad. Un d?a llega la noticia de la muerte de un alumno por sobredosis de droga. ?Qui?n fall??

La pregunta llega a ser algo sumamente personal cuando, despu?s de tantos estudios, trabajos, sacrificios, oraciones, uno mira su propio coraz?n y se siente vac?o, cansado, sin fuerzas, sin ilusiones, sin triunfos, sin buenos h?bitos, sin esperanza. ?En qu? he fallado?

A veces lo que ha ocurrido es por culpa directa de quien se hace la pregunta. No supo poner medios eficaces, no capt? la importancia de ciertas situaciones, no percibi? que era la hora de cambiar de m?todo, no busc? momentos de di?logo con el hijo o con el alumno para ofrecerle una ayuda m?s concreta.

Pero otras veces la culpa no es ni de los padres ni de los educadores. El hijo puede tener padres santos, pero tiene un coraz?n libre y en grado de dar un portazo a su pasado por un capricho del momento. El alumno puede haber recibido una educaci?n ?ptima con profesores excelentes, pero su curiosidad es capaz de llevarle a la ruina en pocos d?as.

Adem?s, nadie tiene garantizado, en esta vida, triunfos concretos en lo que depende de otros. No todos los jefes de trabajo ser?n justos, por m?s que uno tenga ?m?ritos? para no ser despedido. Ni todas las dietas y consejos m?dicos son suficientes para impedir un c?ncer de origen gen?tico. Ni las oraciones se convierten en una garant?a autom?tica para recibir lo que uno pide: muchas veces Dios permite una prueba para luego darnos algo mucho mejor.

?En qu? he fallado? Vale la pena lanzar la pregunta con serenidad, delante de Dios y de la propia conciencia. Ser? entonces posible reconocer errores reales y actitudes que han provocado mucho da?o. O tambi?n ser? justo reconocer, en los l?mites ineliminables de la vida humana, que uno hizo lo que pudo y con la mejor voluntad del mundo, pero que Dios ha permitido un dolor debido a las decisiones de otros o a circunstancias que no podemos controlar.

En ese segundo caso vale la pena recordar que no tenemos aqu? morada permanente (cf. Hb 13,14), que somos peregrinos hacia la patria definitiva.

Dios, no lo olvidemos, no dejar? de estar a nuestro lado para mantener viva una llama de esperanza. Nos dar? las fuerzas necesarias para poner, de nuevo, la mano en el arado. Nos animar? a seguir, quiz? entre l?grimas, en el trabajo sencillo por vivir el Evangelio y hacer el bien a quienes viven a nuestro lado.


Publicado por mario.web @ 7:40
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