S?bado, 26 de febrero de 2011

Con inusitada frecuencia desfilan hoy d?a por las pantallas de televisi?n episodios de dolor, de violencia y de muerte realmente aterradores.?

Nunca podr? olvidar las escenas que transmiten en los noticieros sobre la violencia de los secuestradores y narcotraficantes.

El dolor y tragedia en el terremoto de Hait?.

As? mismo, quedar?n para siempre impresas en la memoria de los que lo vieron, las im?genes de la aplicaci?n de la pena de muerte a una mujer en la c?mara de gas, televisada al mundo entero, desde los Estados Unidos, no hace mucho tiempo.

Lo m?s sobrecogedor y terrible, al estar viendo aquello, era saber que no hab?a ning?n truco ni montaje. No era cine o pel?cula. Era pura y cruda realidad. Y ante ella, cualquier sensibilidad m?nimamente despierta, se ve presa de una tremenda sacudida y conmoci?n.

Al reflexionar en todo esto me ha asaltado el recuerdo otra ejecuci?n. La m?s importante y trascendente de la historia.

Ocurri? hace ya bastantes siglos, por lo que no disponemos de ninguna filmaci?n. Pero el carecer del video no importa tanto; sabemos que fue tan real como la que m?s.

Tenemos a mano los documentos donde est? recogida la historia de los ?ltimos instantes de ese hombre-Dios ajusticiado en una cruz junto a dos malhechores, en el monte Calvario, a las afueras de Jerusal?n.

?Qu? bien nos vendr?a a todos repasar de vez en cuando esas p?ginas del Evangelio cargadas de dram?tico realismo! Y hacerlo no con ojos miopes, coraz?n tibio o mente superficial; sino abri?ndonos a ese misterio con toda nuestra capacidad humana de asombro, de admiraci?n, de sobrecogimiento, de gratitud.

Mucho me temo que algunos de nosotros ya hemos sedado nuestra sensibilidad ante la pasi?n y muerte de Cristo. ?Qu? l?stima que veinte siglos hayan erosionado y desfigurado tanto la imagen de ese cuerpo crucificado!

?Qu? pena que ya no nos conmueva y estremezca! A fuerza de verlo en tantas partes, nos hemos acostumbrado a pasear delante de ?l con apat?a e indiferencia. Ya no nos lacera ese rostro abofeteado y cubierto de salivazos, esa frente ba?ada en sangre y ce?ida de espinas, ese torso sembrado de llagas y hematomas, esas manos y esos pies perforados por los clavos.

Todo eso, junto a otros insondables sufrimientos espirituales y morales, lo padeci? Cristo, siendo inocente. ?l no hab?a cometido maldad alguna y no hubo nunca en su boca mentira. ?l pas? por el mundo haciendo el bien. Y fue apresado como un delincuente, escarnecido como un demente, ajusticiado como un criminal.?

Como cordero al deg?ello era llevado? y tampoco ?l abri? la boca. ?Por qu?? ?Por qu? ese modo de comportarse tan escandalosamente impropio de alguien que es Hijo de Dios? ?Por qu? su pasi?n? ?Por qu? su muerte? Y, ?por qu? en la cruz?

La respuesta, en el fondo, es una sola. Porque amaba inmensamente al Padre. Porque amaba locamente a los hombres. Porque amaba y ama a cada uno de nosotros; y con un amor llevado hasta el extremo, hasta dar su vida colgado de un madero.?

?Qui?n no se conmociona al descubrir detr?s de ese crucificado el amor infinito y personal de todo un Dios hecho hombre por nosotros y por nuestra salvaci?n?

Dejemos que la contemplaci?n del amor de Cristo, manifestado en su pasi?n y muerte, toque nuestro coraz?n y haga brotar en ?l la decisi?n de corresponder con un amor al menos semejante.


Publicado por mario.web @ 7:41
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Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 21 de abril de 2011 | 0:30

TODO LO QUE DICES ACA ES LA PURA VERDAD,  AHORA YA NO SE VALORA Y CASI NI SE RECUERDA ESTA SACRIFICIO DE UNO PARA SALVACION DE TODOS