S?bado, 26 de febrero de 2011

Jesucristo en la cruz pronunci? siete palabras, tal como lo han testimoniado los cuatro evangelistas. Siete palabras, tres recogidas por Lucas, tres por Juan y una misma por Marcos y Mateo.

Las Palabras sobre las que vamos a reflexionar son nuevas, muy nuevas podr?amos decir, porque Jes?s las pronuncia a cada instante. Y no envejecen, porque las pronuncia a cada coraz?n y a cada hombre en el hoy de la historia. Son palabras para siempre. S?, estas palabras hist?ricas pronunciadas desde la cruz son palabras eternamente nuevas, y hacen a quienes las acogen y las viven hombres tambi?n nuevos.?


Primera palabra
Padre, perd?nalos, porque no saben lo que hacen.?

?Qu? diferente, qu? nuevas se nos hacen, por contraste, las palabras de Jes?s en el momento supremo de la cruz! Jes?s nada sabe de venganza, no siente que ha perdido su dignidad filial, no pide ni promete castigos ni maldiciones. "Padre, perd?nalos, porque no saben lo que hacen". Padre, perdona a todos: a los ladrones, a las autoridades jud?as, al gent?o, a los transe?ntes, a los soldados, a mis disc?pulos; perdona a todos: a los corruptos, a las prostitutas, a los hip?critas, a los desinhibidos, a los hutus y a los tutsis, a los serbios y a los kosovares, a los que construyen las armas y a los que hacen las guerras, a los genocidas y a los abortistas, a los que pecan de oculto y a los que lo hacen en p?blico, a los criminales de profesi?n y a los que lo son sin que lo aparenten?

Segunda palabra
Te aseguro hoy estar?s conmigo en el para?so.?

En el Antiguo Testamento se habla del sheol despu?s de la muerte, ese lugar tenebroso, algo fantasmal y como lleno de sombras, bastante triste en que yac?an las almas de los muertos. Muy lejos se est? todav?a de considerar el paso de la vida a la muerte, como el paso al para?so, el lugar de todas las delicias y felicidades. La concepci?n jud?a sobre la resurrecci?n estaba relacionada con el fin de los tiempos, no con el hoy con que Jesucristo la asegura: HOY estar?s conmigo en el para?so. En la Torah se dice que es maldito quien cuelga de la cruz, puesto que eso significa que se trata de un criminal, de alguien que no ha cumplido la Ley de Dios y sus preceptos. Jes?s acepta que su interlocutor es un criminal, pero no lo considera maldito, sino bendito, digno de gozar eternamente del para?so; ?l es muy consciente de que no ha venido a salvar a los justos, sino a los pecadores. La novedad de esta palabra de Jes?s requiere un coraz?n de ni?o, un volver a nacer por obra del Esp?ritu. As? es ahora el coraz?n de este hombre que de ladr?n se ha convertido en ni?o: Jes?s, acu?rdate de m? cuando vengas como rey. Tambi?n nosotros digamos: "Yo quiero ser como un ni?o". Y como ni?os escucharemos de labios de Jes?s: Hoy estar?s conmigo en el para?so? Con Jes?s, la vida, cualquiera que sea su circunstancia, es un para?so, el ?nico para?so.?


Tercera palabra
"Mujer, ah? tienes a tu hijo". despu?s dijo al desc?pulo: "Ah? tienes a tu madre".?

En el Antiguo Testamento el pueblo de Israel es simbolizado por una esposa. "Te desposar? conmigo para siempre, te desposar? en justicia y en derecho, en amor y en ternura, te desposar? en fidelidad, y t? conocer?s al Se?or" (Os 2, 21-22). Pero, que yo recuerde, no existe el s?mbolo de una madre aplicado a Israel; el s?mbolo de padre y madre es aplicado a Yav?h ?nicamente. En el Nuevo Testamento la Iglesia, el nuevo Israel, es presentada por varios s?mbolos: ciertamente el de esposa (Ef 5,21-33) y el de hijo que puede llamar pap? a Dios (G?l. 4, 6-7), pero tambi?n el de madre, como aqu? en la cruz. Mar?a, la madre de Jes?s, la mujer nueva de la historia, simboliza la Iglesia que nos engendra a la fe, a la esperanza y al amor de Dios. A su vez, el disc?pulo amado, representa a la Iglesia que d?a tras d?a vamos engendrando mediante la palabra y el sacramento. De modo que la Iglesia es madre como Mar?a e hijo como el disc?pulo amado. Cristo en la cruz regala a la Iglesia, simbolizada en Mar?a, un atributo de Dios: el ser padre, el ser madre de los creyentes, de la humanidad.?

Hoy la Iglesia, desde su cruz y desde nuestra cruz, nos da a Mar?a, como madre y maestra de vida, como compa?era de camino, como modelo de generosidad y de entrega, como s?mbolo de la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad de la Iglesia.?

Mar?a simboliza y promueve la unidad porque todos los cristianos somos sus hijos; simboliza y promueve la santidad, con su amor y su ternura hacia su Hijo y hacia la voluntad del Padre; simboliza y promueve la catolicidad, porque es la nueva Eva, la madre de la nueva humanidad, a la que todos los hombres estamos llamados; simboliza y promueve la apostolicidad, con su presencia y su solicitud por los ap?stoles como en el cen?culo en los d?as de Pentecost?s. Mar?a es Iglesia. Mar?a hace Iglesia, engendra la Iglesia.?


Cuarta palabra
Dios m?o, Dios m?o, ?por qu? me has abandonado??

En el libro de los salmos encontramos muchos que hablan de peligros, persecuciones, intrigas, malignidad humana? y de confianza en Yahv?h que salva al que ora de todo ello. El salmo 22 pertenece a este grupo de salmos. Sobre ?l, como sobre un pentagrama, parece haber sido redactado el texto de la pasi?n de Jesucristo. Escuchemos algunos fragmentos:?
"?Dios m?o, Dios m?o! ?Por qu? me has abandonado? ?por qu? no escuchas mis gritos y me salvas???
todos los que me ven se r?en de m?:?
?Se encomend? al Se?or, ?pues que ?l lo libre,
que lo salve, si es que lo ama!??
?taladran mis manos y mis pies,
puedo contar todos mis huesos,
se reparten mis vestiduras,
echan a suerte mis ropas".

Si nos fijamos en la figura de Job, los?
lamentos en su desgracia, son impresionantes a nuestros o?dos:

"Desaparezca el d?a en que nac?
y la noche que dijo: Ha sido concebido un hombre.
Que ese d?a se convierta en tinieblas?
Lo ?nico que me quedan son mis gemidos;
como el agua se derraman mis lamentos?
No tengo paz, ni calma, ni descanso,
y me invade la turbaci?n" (Job 3,3-4.20-26).

Jes?s es el ?ltimo y supremo de entre los justos perseguidos. "El mismo Cristo, en los d?as de su vida mortal present? oraciones y s?plicas con grandes gritos y l?grimas a aqu?l que pod?a salvarlo de la muerte" (Hbr 5,7). Pero es tambi?n el Hijo obediente y el sumo sacerdote que ofrece voluntariamente su vida para la salvaci?n de la humanidad: "Fue escuchado en atenci?n a su actitud reverente. Y aunque era Hijo, aprendi? sufriendo lo que cuesta obedecer" (Hbr 5,7-9). Jes?s no grita a su Padre que le libre de la muerte como el justo perseguido, Jes?s no se lamenta de su estado desgarrador e inhumano al estilo de Job, Jes?s grita al Padre el abandono que siente su alma, y el deseo de consumar hasta el final su sacrificio redentor.


Quinta palabra
Tengo sed?

En el Antiguo Testamento la sed est? muy presente. Se nos habla del pueblo de Israel, sediento cuando marcha por el desierto, y que se queja de haber sido conducido all? para morir en ?l de sed (cf. Ex 17,1ss).?

?Cu?nto mejor estaban en Egipto!?

De sed se habla tambi?n en algunos de los salmos. Por ejemplo, en el salmo 41: "Tengo sed de Dios, del Dios vivo, ?cu?ndo entrar? a ver el rostro de Dios?" o en el salmo 68: "Los insultos me han roto el coraz?n y desfallezco; espero compasi?n, y no la hay; nadie me consuela. Me pusieron veneno en la comida, me dieron a beber vinagre para mi sed".?

Jes?s tiene sed, como junto al pozo de Jacob en Siqu?n, pero ahora ya no pide que le den de beber, como lo hizo all? cuando se dirigi? a la samaritana (Jn 4,10-15). Jes?s en las bienaventuranzas dijo:?
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos ser?n saciados" (Mt 5, 6), y ahora el Padre, no los hombres, sacia misteriosamente esa sed de justicia de Jes?s, es decir, de redenci?n. Y al t?rmino del libro del Apocalipsis dice Jes?s: "Si alguno tiene sed, venga y beba de balde, si quiere, del agua de la vida" (22,17), porque "el que viene a m? no volver? a tener hambre; el que cree en m? nunca tendr? sed" (Jn 6,35). Y el Apocalipsis no es sino el eco de unas palabras del Evangelio: "El ?ltimo d?a, el m?s importante de la fiesta (fiesta de los tabern?culos), Jes?s, puesto en pie ante la muchedumbre, afirm? solemnemente: Si alguien tiene sed, que venga a m? y beba" (Jn 7, 37-38). Y en el gran momento del juicio final escucharemos estas palabras de Jes?s: "Venid, benditos de mi Padre, porque estuve sediento y me disteis de beber" (Mt 25, 31-40).?

Es nueva la sed de Jes?s. No es sed del Dios vivo, porque esa sed est? completamente saciada. No es tampoco la palabra de Jes?s un grito de queja, de desesperaci?n, de rebeli?n, como en el caso de los israelitas. Es sed real, s?, pero no s?lo en su realidad f?sica, sino sobre todo en su realidad m?s ?ntima y espiritual. Es sed de justicia, de redenci?n por la sangre. Es sed que s?lo el Esp?ritu Santo puede apagar en el coraz?n de Cristo y del cristiano. Es sed que no es suya, sino de sus hermanos los hombres, hecha propia por ?l en el calvario.?


Sexta palabra
Todo est? cumplido

Ha ido a donde el Padre quer?a; ha predicado cuando, donde y por el tiempo que el Padre quer?a; ha hecho los milagros que el Padre quer?a; ha elegido a los hombres que el Padre le indic?; ha predicado la verdad y la justicia, como el Padre quer?a; ha vivido conforme a lo que predicaba, para agradar a su Padre; ha sufrido los tormentos indescriptibles de la pasi?n y de la cruz; ha cumplido las Escrituras. Ahora ya puede expirar como un soldado valiente que ha combatido el buen combate y que grita: Adsum!?


S?ptima palabra
Padre, a tus manos conf?o mi esp?ritu.

A ti, Se?or, me acojo; no quede yo defraudado??
S? para m? roca de cobijo y fortaleza protectora??
gu?ame y cond?ceme, por el honor de tu nombre??
En tus manos encomiendo mi esp?ritu;?
t?, Se?or, el Dios fiel, me rescatar?s (Sal 31, 2-6).?

Jes?s, con este salmo, llama a Dios su roca y su fortaleza. Esa roca y fortaleza ya no es Yahv?h, es el Padre de nuestro Se?or Jesucristo. Hay una novedad radical: No es la relaci?n de un vasallo con su rey, sino la de un hijo para con su Padre. No se abandona a las manos poderosas de Yahv?h, el Se?or de los ej?rcitos, el rey de las naciones, sino en las manos tiernas y benditas del Padre. Digamos tambi?n nosotros: Padre, a tus manos conf?o mi esp?ritu, mi vida entera, ahora en el tiempo de la lucha, luego en la eternidad del amor.?


Publicado por mario.web @ 7:53
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios