S?bado, 26 de febrero de 2011

Siempre me ha hecho reflexionar mucho aquella bienaventuranza de Cristo:?

Bienaventurados los puros de coraz?n, porque ellos ver?n a Dios.

?Qu? tendr? que ver la pureza con la vista? Desde luego, con la vista corporal quiz? no tenga que ver apenas nada. Pero seguramente mucho con la vista espiritual. Porque est? claro que a Dios no se le puede ver con los ojos de la carne, pero s? con los del esp?ritu, con los del coraz?n, que son la fe y el amor. S?lo cuando el alma es pura y cristalina est? en condiciones de poder ver y contemplar a Dios. S?lo en un coraz?n puro -escrib?a San Agust?n- existen los ojos con que puede Dios ser visto.?

Me imagino que Cristo al formular esta bienaventuranza ten?a en mente a su Madre. Ella era la creatura m?s pura que jam?s ha existido y existir?. El coraz?n de Mar?a era como un mar de gracia profundo, cristalino y transparente. Nadie como Ella de pura.?

Bien lo dijo San Ambrosio: Qui?n es m?s noble que la madre de Dios? ?Qui?n m?s espl?ndida que aquella que fue elegida por el mismo Esplendor? ?Qui?n m?s pura que la que gener? una creatura sin contacto f?sico alguno? Ella era virgen pura no s?lo en el cuerpo, sino tambi?n en el alma.?

Se ha dicho siempre que los ojos son las ventanas del alma. Es cierto. A trav?s de ellos se puede mirar al interior de otra persona. Por eso, mirando a los ojos a Mar?a podremos ver y apreciar la pureza inmaculada de su alma.?

Los ojos de Mar?a. ?Qui?n pudiera haberlos visto realmente tan siquiera una vez, aunque fuera por un instante! S?lo a algunos privilegiados les toc?. Nosotros hemos de contentarnos con verlos desde la fe o con soltar un poco nuestra imaginaci?n para hacernos una idea de c?mo eran.

Los ojos de Mar?a.

Ojos hermosos, agradables, con esa belleza natural que no necesita de mejunjes ni postizos para ser encantadores.?

Ojos sencillos, de esos que no saben mirar a los dem?s desde arriba.?

Ojos bondadosos, que nunca se han desfigurado con gui?os de ira o de odio.

Ojos sinceros, que no han aprendido a mentir; testigos de un interior sin sombra de doblez.?

Ojos atentos a las necesidades ajenas y distra?dos para fijarse y molestarse por sus defectos.?

Ojos comprensivos y misericordiosos que, ante pecadores y malhechores, se transforman en manos abiertas que ofrecen la gracia a raudales.?

Como los describen aquellos en versos de Pem?n: A Tus ojos, luz de aurora / sobre el desierto fr?o. / Tu mirada, roc?o / sobre la dura arcilla pecadora. Esos ojos cuya mirada Judas evit? al salir del cen?culo la noche de la traici?n? Esa misma mirada que a Dimas, en el Calvario, llev? a la conversi?n y al para?so??

Ojos de mujer que reflejan n?tidamente un alma preciosa, adornada de humildad, de bondad, se sinceridad, caridad, de comprensi?n y misericordia. Los ojos de Mar?a. Los ojos de un alma en gracia. Verdaderas ventanas al cielo. Porque cielo era toda su alma.?

Ojos que pueden llorar y cuyas l?grimas al caer en la tierra, obran portentos tambi?n en el cielo. Bien comprendi? esto aquel poeta que le rezaba a la Virgen: Tus l?grimas son las perlas / que compran mi salvaci?n. / Jes?s me perdona al verlas. / Son sangre del coraz?n / que se derrama al verterlas. Y es que de unos ojos as? s?lo pueden salir l?grimas cargadas de la omnipotencia del amor de quien es Madre de Dios y mediadora de toda gracia.?

Los ojos de Mar?a, cuya penetrante y dulce mirada todo lo puede. Cu?ntos indiferentes se han visto interpelados por el brillo de pureza de esos ojos inocentes. Cu?ntos orgullosos han ca?do rendidos a sus plantas, desarmados por la mansedumbre que traslucen sus pupilas. Cu?ntos ?nimos fr?giles ante el mal se han armado de bravura y han vencido al tentador al recordar que Ella les miraba.?

Cu?ntas veces la sola mirada de Mar?a fue sin duda b?lsamo sobre el desgarrado coraz?n de alg?n vecino atribulado. Cu?ntas fue fuente de paz y consuelo que barri? de angustias el interior de alg?n contrariado pariente. Cu?ntas, esos luceros de su rostro, fueron luz c?lida, manto que arrop? de piedad e intercesi?n las almas atenazadas por el fr?o del pecado. Y cu?ntas siguen siendo a?n todo eso y m?s para muchos de nosotros.?

El ver las estrellas / me cause enojos, / pero vuestros ojos /m?s lucen que ellas, escribi? con tino Lope de Vega. Es sumamente consolador saber que tendremos toda la eternidad para contemplar, sin cansancio ni aburrimiento, los hermosos ojos de Mar?a. Asomarse a ellos es asomarse a la maravilla m?s excelsa salida de las manos de Dios.?

Mar?a fue su obra maestra. En Ella el Creador se luci?. Ella es, en palabras de Pio IX, Aun inefable milagro de Dios; es m?s, es el m?s alto de todos los milagros y digna Madre de Dios. Pablo VI la describe como Ala mujer vestida de sol, en la que los rayos pur?simos de la belleza humana se encuentran con los sobrehumanos, pero accesibles, de la belleza sobrenatural. Sin embargo, no hay que esperar a llegar al cielo para recrearnos en su contemplaci?n.

Podemos desde ahora, con la fe, mirar sus ojos y sostener su mirada portentosa.?
Pero me temo que muchos de nosotros somos incapaces de sostener una mirada tan luminosa. Nos molesta el chorro de luz que el alma pura de Mar?a despide a trav?s de sus ojos y de todo su ser. Nuestras pupilas, tan acostumbradas quiz? a las oscuridades de la impureza y del pecado, no soportan semejante claridad. A lo mejor no queremos que esa mirada materna desenmascare y purifique nuestra alma llena de barro. Porque no estamos dispuestos a dejar que en ella penetre la gracia de Dios y la limpie y la ordene y la santifique.

Todo eso cuesta mucho. El precio de la pureza es elevado, s?lo las almas ricas pueden pagarlo. Ricas en amor, en generosidad, en desprendimiento de s? y de los placeres desordenados.?

S?lo esas almas disfrutar?n ya en la tierra del gozo espiritual incomparablemente m?s sublime, profundo y duradero que el m?s refinado placer corporal. S?lo ellas experimentar?n la libertad interior del que no est? encadenado por los instintos del cuerpo. Y s?lo ellas gozar?n de la bienaventuranza de la visi?n de Dios por toda la eternidad.?

Mar?a ha sido la creatura m?s pura y por eso tambi?n la m?s aut?nticamente feliz y satisfecha, la m?s libre de esp?ritu, la mejor dispuesta para ver a Dios y saborear esa deliciosa visi?n con una intensidad inigualable.


Publicado por mario.web @ 7:56
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