S?bado, 26 de febrero de 2011
"?No conocen la anticoncepci?n?", les dicen; las familias numerosas dan respuestas ingeniosas que hacen pensar
?
?Qu? responde una familia numerosa cuando la critican por tener muchos hijos?
?Qu? responde una familia numerosa cuando la critican por tener muchos hijos?
"?No conocen la anticoncepci?n?", les dicen; las familias numerosas dan respuestas ingeniosas que hacen pensar.

Mar?a L?pez y su marido, Alex, reciben m?s sonrisas que malas caras, m?s elogios que menosprecio cuando se dirigen a la tienda de comestibles en la capital de Canad?, Ottawa, con sus cuatro hijos. Pero les asombra que tambi?n hayan de escuchar cr?ticas. En un mundo en el que a la mayor?a nos han ense?ado que, cuando no se tiene nada agradable que decir, mejor no decir nada en absoluto, no deja de ser revelador que la gente condene abiertamente a las familias por tomar la decisi?n de tener un hijo cuando, seg?n parece, no se debe tener m?s de dos.

En otra ocasi?n, una mujer, refiri?ndose a un hombre con cinco hijos, le dijo a L?pez: "?Es que no ha o?do hablar del control de natalidad?" L?pez le respondi? de la forma m?s suave que pudo: "?No estaba usted a favor de la libertad de elecci?n? Pues esto es lo que ?l ha elegido".

Frases con gancho?

En la era de las frases cortas con gancho en la batalla de las ideas, las madres y los padres se encuentran en primera l?nea de fuego intentando defender la familia con oraciones de quince palabras o menos. Yo tambi?n soy padre de cuatro hijos y estaba con un peque?o grupo de familias canadienses, cuando la charla gir? hacia el tema de la hostilidad. Nuestra conversaci?n se convirti? en una sesi?n estrat?gica improvisada sobre c?mo responder de manera coherente.?

Est?bamos de acuerdo en que, despu?s del insulto, lo mejor es actuar con rapidez. Los atacantes, con su sonrisa complaciente, en realidad no quieren discutir la filosof?a de la norma no escrita de los dos hijos; en cambio, los padres agraviados s? desean responder con una m?xima que conduzca a una reflexi?n posterior. "Creo que el mejor regalo que le puedes hacer a un ni?o es tener hermanos" fue la respuesta ganadora".

Ahora, imagine que tiene, por ejemplo, diez ni?os. Una pareja de Texas con diez hijos cuenta que la mayor?a de la gente se queda maravillada. En los restaurantes, la camarera les pregunta que de qu? campamento o grupo son. Pero una vez, les dijeron: "?Y se consideran personas responsables teniendo diez hijos?" La madre, Catherine Musco Garc?a-Prats, respondi?: "No medimos nuestro sentido de responsabilidad por el n?mero de ni?os que tenemos, sino por lo que hacemos con ellos".?

Se nota que tiene pr?ctica en responder a las cr?ticas. Cuando le preguntan si hay tiempo para querer a tantos, Garc?a-Prats contesta: "El amor se multiplica.?
Cada uno de ellos cuenta con nueve hermanos que lo adoran".

Yo he dejado de decir que tener hijos significa contar con alguien que venga a verme cuando sea viejo. En el fondo, es una respuesta ego?sta. Prefiero decir que los ni?os invitan al sacrificio y estimulan la bondad de las personas. Los ni?os hacen del mundo un lugar mejor porque obligan a sus padres a madurar al hacerles pensar en las necesidades de los dem?s.

El recurso m?s valioso?

Si disipamos la cortina de humo, veremos que los ?ndices de natalidad muestran lo contraria a los ni?os que es la sociedad actual. Un pa?s necesita un m?nimo de 2,1 hijos por mujer (como en los Estados Unidos) s?lo para sobrevivir. Una sociedad que quiere a los ni?os no tiene una tasa de fecundidad de tan solo 1,5 hijos por mujer, como en Canad?, o de 1,3, como en Espa?a, Italia y Grecia. De hecho, toda Europa tiene poblaciones implosivas, a juzgar por sus tasas.

Hasta hace poco, cuando numerosos pa?ses occidentales se encontraron con la crisis de natalidad, no se ofrec?a ning?n tipo de beneficio fiscal a las familias que generaban el recurso m?s valioso: la siguiente generaci?n. En casi todos los pa?ses occidentales, despu?s de que una mujer haya tenido un beb?, una enfermera le da una charla sobre m?todos anticonceptivos.?

Naciones Unidas da fondos a la organizaci?n de planificaci?n familiar Planned Parenthood, que gasta m?s dinero en poner fin a embarazos que en cualquier otra cosa, y cuando las parejas tienen hijos, los esconden. Se env?a a los ni?os a la guarder?a, pero no hay ning?n adulto que levante la mano cuando se pregunta: ?Qui?n hubiera preferido la guarder?a a estar con su madre cuando era ni?o?

El mundo occidental padece algo peor que un desdoblamiento de personalidad: lo que es una bendici?n para unos, supone una carga para otros. Cuando las dos partes se encuentran, los acontecimientos pueden dar un curioso giro. Una conocida llev? a sus cinco hijos de compras. Cuando el dependiente de la caja se enter? de que todos los ni?os eran de ella, coment?: "Los hay avariciosos". Qu? extra?o.

Pero los comentarios despectivos de los que son blanco las madres, en muchos casos no van dirigidos a ellas, sino a la persona que los pronuncia. Son justificaciones para la mujer que decidi? no tener hijos y ahora se arrepiente, o que esper? demasiado.

Por lo general, la hostilidad de los hombres no es m?s que el mismo egocentrismo de siempre. Me top? con esta situaci?n por primera vez cuando mi primer hijo ten?a seis meses y me lo llev? a un restaurante donde me encontr? con unos conocidos. Para la joven pareja que ten?a al lado, tener familia no entraba en sus planes debido a las consecuencias para la figura de ella, la vida sexual de ambos, las noches de hockey de ?l y sus planes de viaje conjuntos.?

?l se inclin? hacia nosotros para expresar su opini?n: formando una cruz con los ?ndices de las manos, los coloc? ante la cara de mi hijo, como para protegerse de todo mal, y anunci? desafiante que en sus vidas los ni?os estaban absolutamente fuera de toda discusi?n. Ella no dijo nada. Visto desde ahora, creo que esta escena fue un mensaje para ella, no para m?.

Aliados secretos?

Pero esta moneda tambi?n tiene una cara alentadora. En la guerra cultural, las familias tienen sus aliados secretos. Cuando, de repente, aparecen unos desconocidos que te dicen "tiene unos ni?os preciosos" o "es usted valiente" o "qu? suerte tiene", al padre abatido se le sube la moral, como a un soldado en las trincheras despu?s de escuchar que los refuerzos est?n en camino.?

Ahora, hago un esfuerzo consciente para felicitar a los padres y las madres con hijos peque?os, para ayudarles a abrir una puerta o para bregar con el cochecito. Una sonrisa c?mplice que diga "la paternidad no es para pusil?nimes" es, a veces, el elixir que un padre necesita para superar un desastre infantil.

Por una serie de circunstancias complicadas, hace poco mi mujer tuvo que ir sola a la iglesia con nuestra hija peque?a. Al final de la misa, la peque?a Catalina lloraba tan alto que muchos giraron la cabeza. Mi mujer se puso colorada y se le hizo eterno el camino hasta la puerta. Pero lo importante en esta an?cdota fue que un desconocido se acerc? a ella, la felicit? por haber acudido y le dijo que sab?a que su labor era dif?cil. A pesar de lo mal que lo hab?a pasado, cuando me lo cont? m?s tarde, mi mujer estaba radiante.

Nunca est? de m?s que te den ?nimos. En el mundo actual, los padres y las madres lo necesitamos m?s que nunca.

Publicado por mario.web @ 12:42
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios