S?bado, 26 de febrero de 2011

Jes?s empez? la proclamaci?n del Evangelio, apenas salido del Jord?n, clamando por todos los poblados de Galilea:?

- ?El Reino de Dios ha llegado! ?El Reino de Dios est? ya presente!...?

Est? presente, dec?a Jes?s ya en su tiempo. Cu?nto m?s lo dir?a ahora.?

Pero falta mucho todav?a para el fin. As? lo entendi? aquel pr?ncipe ruso. Era diplom?tico al servicio del zar, y al morir ?ste fusilado con toda su familia cuando lleg? el comunismo, el fiel servidor del rey fue detenido y sometido a juicio.?
- ?Da usted el voto al comunismo, renunciando a su difunto rey??
Fiel servidor del rey y m?s fiel servidor de Dios, el digno diplom?tico contest? ante el tribunal revolucionario:
- No; mi voto es solamente para el reinado de Dios en la Tierra.?

Condenado y desterrado, muri? como sacerdote de la Iglesia Cat?lica. A?n antes de abrazar el catolicismo, cuando o?a pronunciar el nombre del Papa se pon?a en pie y hac?a una reverencia. Para este m?rtir de su pueblo ruso, el Reino de Dios estaba confiado a la Iglesia Cat?lica, puesta por Jesucristo en manos de Pedro como Vicario suyo, como lo presenta, progresivamente, el mismo Evangelio.

Cuando nota Jes?s que el ambiente est? maduro entre los ap?stoles, le hace a Sim?n Pedro una promesa solemne:?
- T? eres Pedro, t? eres roca, y sobre esta Roca edificar? yo mi Iglesia.

Antes de morir, sabiendo que todos se van a dispersar y que iba a fallar hasta el mismo Pedro, le encarga Jes?s:
- Cuando regreses despu?s de tu ca?da, confirma t? en la fe a tus hermanos.?

Y una vez resucitado, Jes?s cumple la promesa a Pedro, y le encarga:?
- Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.?

Al final, dice Jes?s que volver? glorioso como Rey para juzgar al mundo, y a la Iglesia la meter? en el Reino definitivo de Dios:?
- ?Venid, benditos de mi Padre, tomad posesi?n del Reino que os est? preparado desde el principio del mundo!?

Pablo comentar? como colof?n de todo:?
- Cristo entregar? el Reino al Padre, para ser Dios todo en todas las cosas.?

Y la Iglesia confiesa, conforme a la palabra del Se?or, que su Reino no tendr? fin.?

Como podemos entender, esta visi?n del Reino y de la Iglesia es imponente.

Estamos ya en este Reino, aunque todav?a no se ha consumado, pues la victoria final no llegar? hasta que el mundo termine. Ahora la Iglesia, anunciadora y portadora del Reino, tiene que sufrir las consecuencias de un mundo convulsionado por el pecado, y ha de aguantar persecuci?n, porque el Reino de los cielos padece violencia, y solamente los esforzados se hacen con ?l.

Al llegar el Reino, esperado por los jud?os de modo espectacular, Jes?s aparece humilde, se ve rechazado hasta parar en la cruz, y les dice a los que quer?an un Reino glorioso:?
- El Reino de Dios no viene espectacularmente, sino que est? dentro de vosotros.

La Iglesia, sabiendo que encarna el Reino, sigue los mismos pasos del Se?or. Cuando se ve perseguida, cuando anuncia la Buena Noticia a los pobres, cuando se derrama en mil obras de caridad, cuando camina en humildad y sencillez, cuando hace los prodigios de amor que Jes?s..., entonces est? cumpliendo su misi?n de establecer, consolidar y llevar adelante el Reino.?

Pero nosotros no miramos el Reino solamente de un modo global --a nivel de toda la Iglesia--, sino de manera personal, individual, dentro de m?, de mi propia persona. Cada uno de nosotros se dice con plena convicci?n:?
- Yo tengo la ciudadan?a del Reino, vivo conforme acredita esta mi c?dula de identidad, y crezco, crezco siempre en la gracia y la santidad del Reino, hasta que me llegue el momento de recibir el premio que el Rey me tiene prometido.?

Porque Jesucristo cumple su palabra, tiene riquezas y las da. No hace como aquel rey persa de la antig?edad, que, en guerra contra su hermano, promete a sus soldados:?
- Despu?s de la victoria os repartir? riquezas sin cuento. Mi preocupaci?n no es que no voy a tener que dar, sino que no voy a contar suficientes amigos para repartir tanto como voy a tener. Adem?s, a cada uno de los griegos que luch?is por m?, os dar? una corona de oro.?

?Qu? bonitas palabras! Aquel rey fue derrotado, muri? en la batalla, las riquezas prometidas no aparecieron por ninguna parte, y la corona de oro no se vio jam?s...?

Jesucristo, s?; Jesucristo promete y da. Lo que le faltan al Rey Jes?s son m?s seguidores incondicionales a quienes dar despu?s el Cielo, que ser? el Reino en su consumaci?n final.

En la Iglesia Cat?lica nacimos por el Bautismo para el Reino. En la Iglesia vivimos y en la Iglesia queremos morir. En la tierra estamos dentro del Reino que lucha, y nosotros no rehuimos formar parte en la batalla. Despu?s estaremos en el Reino triunfante....


Publicado por mario.web @ 16:40
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