S?bado, 26 de febrero de 2011

El Ap?stol llamado Tom?s en los Evangelios (Mt 10, 3; Mc 3,18, Lc 6,15) es apodado "D?dimo" que significa "gemelo" (Jn 11,16). Entra casi en el Evangelio de una forma silenciosa. Sus primeras palabras afirman en una ocasi?n su deseo de morir con Jes?s (Jn 11, 16).?

Posteriormente se manifiesta con un estilo racionalista ante las palabras de Jes?s, asombr?ndose de c?mo se puede conocer un camino, no sabiendo a d?nde se va (Jn 14,4). Finalmente conocemos su incredulidad ante el hecho de la Resurrecci?n ( Jn 20, 24-29) y su presencia en la aparici?n de Jes?s en el lago de Tiber?ades (Jn 2, 1-14).?

Tras la Ascensi?n lo contemplamos en Jerusal?n con los dem?s ap?stoles. La tradici?n le asigna como actividad misionera Persia y la India. La ciudad hind? de Calamina, donde se supone que muri?, no ha sido identificada. Santo Tom?s muri? m?rtir Sus restos fueron traslados a Edesa.?

Vamos a contemplar la figura de Sto. Tom?s a la luz de ese amor de Dios que siempre persigue al hombre para que se salve y llegue al conocimiento de la verdad. Es una de las formas m?s bellas de ver la misericordia divina.

Dios siempre persigue al hombre cuando ?ste se sale del camino del amor y de la verdad que ?l le ofrece. La misericordia no es tanto una actitud pasiva de Dios, siempre dispuesto a perdonar, cuanto una acci?n de Dios positiva consistente en buscar la oveja perdida una y otra vez. El Evangelio est? lleno de im?genes bell?simas de este estilo de Dios. Desde el buen Pastor que abandona el reba?o a buen recaudo para ir a buscar a la oveja perdida, hasta ese Cristo que providencialmente se hace presente siempre all? donde alguien le necesita, la realidad es que Dios persigue al hombre una y otra vez ofreci?ndole su Coraz?n abierto para que vuelva.?

La misericordia divina, -un atributo precioso de Dios-, se convierte as? en esa larga persecuci?n de Dios al hombre a lo largo de toda la vida por medio de innumerables gracias que respetan indudablemente la libertad del hombre. No se resigna a perder a nadie. Dios no abandona a nadie, a no ser que alguien le abandone a ?l.

Desde el momento en que Dios crea a cualquier ser humano, esa persona se convierte en objeto inmediato del amor de Dios. A partir de ah? Dios se hace garante de un compromiso destinado a lograr, respetando la libertad humana, la salvaci?n del hombre. Jam?s desiste Dios de este compromiso, suceda lo que suceda y pase lo que pase. Es tal el amor de Dios hacia el hombre que, aun rechazado, olvidado, abandonado, blasfemado, Dios sigue llamando a las puertas del coraz?n una y otra vez, hasta el ?ltimo momento de la vida. Este comportamiento divino se encierra en una palabra: "alianza". Dios ha hecho una alianza de amor con el hombre que ?l siempre respetar?.

Desgraciadamente el hombre con frecuencia toma a broma este amor de Dios. Cree que la misericordia divina consiste en burlarse del amor de Dios que siempre terminar? perdonando, incluso sin que medie la petici?n de perd?n. As? muchos seres humanos juegan inconscientemente a lo largo de la vida con la misericordia divina, olvid?ndose de aquellas palabras de S. Pablo: "Trabajad con temor y temblor por vuestra salvaci?n". En esta actitud se da un equ?voco de fondo. Nada tiene que ver la Misericordia infinita de Dios con la certeza de que el hombre va a estar dispuesto a pedir perd?n un d?a. La Misericordia divina siempre estar? asegurada; no as? la petici?n de perd?n del hombre. La Misericordia divina necesita la actitud humilde del hombre que reconoce su mentira, su equivocaci?n, su deslealtad al amor de Dios.

A pesar de los pecados cometidos, una y otra vez, nunca hay motivo o raz?n para dudar de la Misericordia divina. El amor de Dios es m?s grande que nuestros pecados, por terribles que fueran. Ah? tenemos a Pedro, a Zaqueo, a la mujer ad?ltera, a tantas personas pecadoras con quienes Cristo se encontr?. Nunca encontraron en ?l el reproche amargo, el rechazo cruel, la cr?tica amarga. Al rev?s, todos los pecadores, que reconocieron su pecado, encontraron en Cristo el perd?n, el aliento, el ?nimo, la esperanza que tanto les ayud? a encontrar el camino de la paz y del bien. No deja de tener un significado muy consolador esa imagen del Crucificado, en la que Cristo, clavado en la Cruz, tiene los brazos abiertos para siempre, convirti?ndose as? en la imagen de ese Dios que siempre espera, que siempre acoge, que siempre abraza.


Publicado por mario.web @ 16:45
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