S?bado, 26 de febrero de 2011

Para robarle la fama a una persona lo m?s f?cil es calumniarla. A Benedicto XVI le han buscado desprestigiar desde el d?a que lo eligieron Pont?fice. Las falacias sobre su persona se han ido multiplicando conforme sus firmes palabras se han dejado sentir a favor de la vida, la familia, la correcta sexualidad, el matrimonio, la responsabilidad, la paternidad y la maternidad responsable, etc.?

Hay muchos a quienes no les agrada que el Papa recuerde la verdad del hombre al hombre de hoy y por eso recurren a la mentira para descalificarle. Y es que el difamar a un ser humano, robarle la fama, denigrarlo, es f?cil, muy, muy f?cil. Bastan comentarios ligeros, simplificaciones baratas, palabras pre?adas de sutil dolo, juicios gratuitos e infundamentados; aunque todos los hombres tienen una capacidad cr?tica no todos la ponen en pr?ctica y se dejan llevar f?cilmente por las opiniones comunes. Decir, por ejemplo, que Benedicto XVI fue nazi en su juventud pero que lo ha venido ocultando, es un juicio que merece un repaso por la vida de Joseph Ratzinger y amerita repetir la clase de historia contempor?nea elemental.?

?ltimamente se viene escuchando este comentario a ra?z de la defensa a la vida que el Papa viene realizando en sus discursos, homil?as y otros documentos en temas puntuales como eutanasia y aborto.?


?Es verdad que Joseph Ratzinger fue nazi??

El Papa nunca ha negado que le obligaron a participar en las juventudes hitlerianas ni que hizo acto de presencia en las milicias del tercer Reich. Tambi?n ha dejado claro que nuca estuvo en el frente de batalla. En el libro autobiogr?fico ?Mi vida? ?l mismo narra el contexto hist?rico padecido, la manera como se vio obligado a formar parte de esos grupos y luego su enrolamiento en el ej?rcito, en qu? consisti? su participaci?n y c?mo sali? de ?l.?


El contexto hist?rico?

Quien conoce de historia sabe c?mo lleg? Hitler al poder y lo que sucedi? luego. De lo vivido entonces por el peque?o Joseph, Ratzinger contar?:?

?Los nazistas hablaron r?pidamente de ?toma del poder?, y de esto efectivamente se trat?. El poder vino, de hecho, ejercitado desde el primer momento [?] vinieron introducidas las ?juventudes hitlerianas? y la ?liga de las mujeres alemanas?, vinculadas a la escuela, as? que tambi?n mi hermano y mi hermana debieron tomar parte en sus manifestaciones. Mi padre ?que era policia rural? sufr?a mucho por el hecho de tener que estar al servicio de un poder estatal a cuyos v?rtices consideraba criminales aunque, gracias a Dios, su trabajo en aquel lugar y en aquel tiempo casi no era tocado. En los cuatro a?os que transcurrimos aqu? ?se refiere a Aschau? de aquello que puedo recordar, el nuevo r?gimen se mueve s?lo para espiar y tener bajo control a los sacerdotes que ten?a una conducta ?hostil al Reich?; valga decir que mi padre nunca tom? parte en esto personalmente; al contrario, puso en guardia y ayud? a aquellos sacerdotes de los cuales sab?a que corr?an peligro?.?

Conforme fue pasando el tiempo el gobierno enrol? a los j?venes alemanes en las filas activas para desempe?ar servicios laborales que consist?an en ayudas espec?ficas de car?cter pr?ctico para el mantenimiento de los cuarteles o las bases de informaci?n militares, por ejemplo.?

?Mi hermano ten?a 17 a?os, yo 14. Quiz? yo estar?a fuera pero era claro que mi hermano no podr?a fugarse. De hecho, en el verano de 1942 vino enrolado en el as? llamado ?servicio laboral? [?] fue asignado al departamento de las comunicaciones, como radiotelegrafista. Despu?s de pasar por Francia, Holanda y Checoslovaquia, en 1944 fue enviado al frente italiano, donde fue herido y, afortunadamente, transferido a Traunstein al hospital militar dispuesto en el seminario que para ?l hab?a sido el lugar de tantas experiencias religiosas. Pero apenas restablecido fue enviado nuevamente al frente italiano [?] No obstante la gravosa oscuridad del cuadro hist?rico, delante de m? estaba todav?a un bello a?o acad?mico en casa y en la escuela de Traunstein???

Mientras tanto, los azotes de la guerra se dejaban sentir m?s y m?s:?

?[?] en los peri?dicos estaban elencados los ca?dos; casi todos los d?as ven?a celebrada una misa por alg?n joven soldado ca?do en la guerra. Los nombres eran cada vez m?s los de aquellas personas conocidas por nosotros. Cada vez m?s se trataba de estudiantes de nuestra escuela, j?venes llenos de vida y de fe, que nosotros hab?amos conocido personalmente, que hasta hacia poco tiempo hab?amos visto cercanos a nosotros?.?


Obligado a formar parte?

Pese a la aparente fortaleza del ej?rcito alem?n, los primeros fracasos se empezaron a suceder; fracasos que conllevaban la p?rdida de hombres y la necesidad de m?s para hinchar las filas de los frentes de batalla o, por lo menos, para aumentar el ?nimo de los que ya estaban en ellas.?

?Vista la creciente falta de personal militar, en 1943 los hombres del r?gimen inventaron algo nuevo. Dado que los estudiantes de los internados deb?an vivir de todos modos en comunidad, lejos de casa, consideraron que no hab?a ning?n obst?culo para cambiar la sede de los colegios, coloc?ndolas en las apretadas bases antia?reas. Adem?s, desde el momento que no estudiaban todo el d?a, parec?a del todo normal que utilizaran su tiempo libre para los servicios de defensa de los ataques a?reos enemigos. De hecho, yo no estaba internado desde hacia tiempo, pero desde el punto de vista jur?dico formaba todav?a parte del seminario de Traunstein. Fue as? que el peque?o grupo de seminarista de mi generaci?n (generaci?n 1926 y 1927) fue llamado a los servicios de contra-aviones a Munich. A los diecisiete a?os tuvimos que aceptar un tipo muy particular de internado. Habitamos las barracas como soldados regulares que ?ramos, obviamente una peque?a minor?a, nos vinieron impuestos los mismos uniformes y, en sustancia, deb?amos desarrollar el mismo servicio con la ?nica diferencia que a nosotros estaba concedido tambi?n frecuentar un m?nimo de clases???


Su participaci?n?

As? lo narra ?l mismo: ?[?] el periodo transcurrido caus? situaciones embarazosas, sobre todo para los individuos tan poco inclinados a la vida militar como yo. Aqu? yo estuve asignado a los servicios telef?nicos y el suboficial al que est?bamos subordinados defendi? con firmeza la autonom?a de nuestro grupo. Est?bamos dispensados de todos los ejercicios militares y ninguno osaba inmiscuirse en nuestro peque?o mundo [?] m?s all? de mis horas de servicio, pod?a hacer todo aquello que quer?a y dedicarme sin graves obst?culos a mis intereses. Adem?s de todo, sorprendentemente, estaban ah? un conspicuo grupo de convencidos cat?licos que llegaron a organizar clases de religi?n y a obtener el permiso de frecuentar ocasionalmente la iglesia?.?

En 1944, llegado al l?mite de edad para el servicio militar, fue llamado a ?ste. El 20 de septiembre fue trasladado a los confines entre Austria, Hungr?a y Checoslovaquia: ?Aquellas semanas de servicio laboral se han quedado en mi memoria como un recuerdo oprimente [?] una noche fuimos levantados de la cama y reunidos, todav?a medio dormidos. Un oficial de la SS nos llam? uno por uno fuera de la fila y trat? de inducirnos al enrolamiento ?voluntario? en el cuerpo de la SS explotando nuestro cansancio y la posici?n de cada uno delante de todo el grupo reunido. Muchos fueron enrolados de este modo en ese cuerpo criminal. Junto a algunos otros yo tuve la fortuna de poder decir que ten?a la intenci?n de hacerme sacerdote cat?lico. Venimos cubiertos de burlas y de insultos y devueltos dentro, pero esta humillaci?n nos hab?a agradado mucho desde el momento que nos liberamos de la amenaza de ese enrolamiento falsamente ?voluntario? y de todas las consecuencias?.?

?Era com?n que aquellos que prestaban servicio laboral, con el acercarse del frente, vinieran enrolados en el ej?rcito; y era esto lo que nosotros esper?bamos. Pero para agradable sorpresa, las cosas fueron diversamente [?] el 20 de noviembre nos fueron dadas las maletas con nuestros vestidos civiles y vinimos despedidos en un tren que nos regres? a casa, con un viaje continuamente interrumpido por las alarmas a?reas. Viena, que en septiembre no hab?a sido tocada por los eventos de la guerra, mostraba ahora las heridas de los bombardeos. Todav?a m?s impresionante se me hizo la vista de la amada Salzburgo donde no s?lo la estaci?n estaba reducida a un c?mulo de escombros sino tambi?n el s?mbolo de la ciudad ?el grandioso domo del renacimiento? hab?a sido duramente golpeado; si bien recuerdo, la c?pula hab?a sido derrumbada [?]?. Pero al fin lleg? a casa el joven Joseph: ?Era un encantador d?a de oto?o? raramente he sentido tan fuertemente la belleza de mi tierra como en este retorno a casa de un mundo desfigurado por la ideolog?a?.?


C?mo sali?

Al regreso se encontr? nuevamente con la llamada a las armas aunque le fueron concedidas tres semanas para el descanso. Tuvo que ir. La Navidad la pas? en las barracas. Meses m?s tarde ser?a exonerado del servicio por enfermedad pero tuvo que continuar enrolado en el ej?rcito aunque nunca fue en el frente de batalla. La muerte de Hitler reforz? la esperanza de que el final de la guerra estuviese cerca? ?Al final de abril o en los primeros de mayo, no recuerdo con precisi?n, decid? regresar a casa. Sab?a que la ciudad estaba circundada de soldados que ten?a la orden de fusilar sobre el puesto a los desertores. Por esto, para salir de la ciudad tom? un camino secundario con la esperanza de pasar desapercibido. Pero a la salida de una galer?a estaban dos soldados centinelas y por un momento la situaci?n se hizo extremamente cr?tica. Por fortuna, eran de aquellos que no pod?an m?s con la guerra y no quer?an transformarse en asesinos?.?

Finalmente llegaron los estadounidenses. A Joseph, como a tantos otros, le toc? convertirse en prisionero de guerra. La casa de los Ratzinger se convirti? en cuartel militar estadounidense. Joseph tuvo que marchar caminando a pie durante tres d?as hasta otro cuartel para prisioneros. Por junio los empezaron a dejar marchar; a ?l le toc? el d?a 19. Ya libre, se las tuvo que arreglar para llegar a su casa. Contar? despu?s, anecd?ticamente, con referencia a ese d?a: ?En mi vida nunca he comido alimento m?s felizmente como aquel que mi mam? prepar? aquella vez con los productos de nuestro huerto. Pero para que nuestra alegr?a fuese plena faltaba todav?a algo. Desde el inicio de abril no hab?amos tenido noticia de mi hermano [?] Por eso fue muy grande nuestra alegr?a cuando, en un d?a caliente de julio, se sintieron improvisamente los pasos y aquel por el cual por tanto tiempo no se hab?a sabido nada; estaba ahora en medio de nosotros, bronceado por el sol de Italia???

?Durante la fiesta de Navidad llegamos a tener un encuentro entre nuestros compa?eros de clase, los sobrevivientes agradecieron por el regalo de la vida y por la esperanza que renaci?, incluso en medio de todas las destrucciones?.?

Simplificar no siempre lleva a correctas comprensiones. No parece justo reducir la figura de un hombre de semejante estatura humana y espiritual a la mentira de quienes por intereses subjetivos quieren desprestigiarle. Lo bueno de todo esto, es que podemos cambiar nuestra opini?n, reforzarla y ayudar a otros a compartirla.?


Publicado por mario.web @ 18:11
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