S?bado, 26 de febrero de 2011

Fuente: Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud?
Autor: + Javier Card. Lozano Barrag?n?

Al m?dico cat?lico, su profesi?n le exige ser custodio y servidor de la vida humana. Debe hacerlo mediante una presencia vigilante y sol?cita al lado de los enfermos. La actividad m?dico-sanitaria se funda sobre una relaci?n interpersonal, es un encuentro entre una confianza y una conciencia. La confianza de un hombre marcado por el sufrimiento y la enfermedad que se conf?a a otro hombre que puede hacerse cargo de su necesidad y que lo va a encontrar para asistirlo, cuidarlo y sanarlo.?

El paciente no es s?lo un caso cl?nico sino un hombre enfermo hacia el cual el m?dico deber? adoptar una actitud de sincera simpat?a, padeciendo junto con ?l, mediante una participaci?n personal en las situaciones concretas del paciente individual. Enfermedad y sufrimiento son fen?menos que tocados a fondo van m?s all? de la medicina y tocan la esencia de la condici?n humana en este mundo.?

El m?dico que se ocupa de ellos deber? se consciente de que all? esta implicada toda la humanidad y le es requerida una entrega total. Esta es la misi?n que lo constituye, y es el fruto de una llamada o vocaci?n que el m?dico escucha, personificada en el rostro sufriente e invocante del paciente confiado a sus cuidados. Aqu? se enlaza la misi?n del m?dico de dar la vida, con la del mismo Cristo que vino a dar la vida y darla en abundancia (Jn 10,10). Esta vida trasciende la vida f?sica hasta llegar a la altura de la Sant?sima Trinidad, es la vida nueva y eterna que consiste en la comuni?n con el Padre a la que todo hom-bre est? llamado gratuitamente en el Hijo, por obra del Esp?ritu Santo.?

El m?dico es como el buen samaritano que se detiene al lado del enfermo haci?ndose su pr?ximo (pr?jimo) por su comprensi?n y simpat?a, en una palabra, por su caridad. As? el m?dico participa del amor de Dios como su instrumento difusivo y a la vez se contagia del amor de Dios hacia el hombre.?

Esta es la caridad terap?utica de Cristo que pas? haciendo el bien y sanando a todos (Hch 10,38). Y al mismo tiempo, la caridad hacia Cristo representado en cada paciente. El es el que es curado en cada hombre o mujer, "cuando estaba enfermo, me fuiste a ver", como dir? el Se?or en el Juicio final (Mt 25,31-40).?

De aqu? resulta que la identidad del m?dico es la identidad recibida por su ministerio terap?utico, su ministerio de la vida. Es un colaborador de Dios en la recuperaci?n de la salud en el cuerpo del enfermo. La Iglesia asume el trabajo del m?dico como un momento de su ministerio, pues considera el servicio a los enfermos, parte integrante de su misi?n; sabe bien que el mal f?sico aprisiona al esp?ritu, as? como el mal del esp?ritu somete al cuerpo. De esta manera, el m?dico con su ministerio terap?utico participa de la acci?n pastoral y evangelizadora de la Iglesia. Los caminos por los que debe caminar son los marcados por la dignidad de la persona humana y por tanto de la ley Moral. En especial cuando trata de ejercer su actividad en el campo de la Biogen?tica y la Biotecnolog?a. La Bio?tica le dar? sus cauces deline?ndole sus principios de acci?n .?

La identidad del m?dico?

En esta posici?n del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud se encuentra una s?ntesis apretada de la identidad cristiana del m?dico; como lo hab?a ya mencionado, me esforzar? por reflexionar sobre dicha identidad fij?ndome en especial en que se trata de una identidad recibida por una vocaci?n y una misi?n que funda un ministerio del to-do especial, el ministerio terap?utico, el ministerio de la vida, el minis-terio de la salud.?

La Vocaci?n y la Iglesia?

Empezamos refiri?ndonos a la significaci?n de la vocaci?n en la Iglesia. Muchas veces las etimolog?as ayudan a remontarnos al sentido original de palabras que usamos con frecuencia y que parecen desgastadas por el uso. Una de ellas es la palabra Iglesia. Nos situamos en dos etimolog?as, la griega y la latina. Su etimolog?a griega nos lleva al verbo ’EKKALEIN, llamar. La Iglesia, "EKKLESIA", ser?a el participio plural del verbo ’ekkalein, y significar?a los llamados.?

Ahora, situ?ndonos en la perspectiva etimol?gica latina, La Iglesia es el efecto de la "Vocaci?n"; La "Vocaci?n", etimol?gicamente hablando, es la acepci?n latina sustantivada del verbo latino VOCARE, llamar, (lo mismo que "ekkalein") significar?a as? la misma llamada que congrega a los llamados, esto es, que congrega a la Iglesia. La vocaci?n pues hace la Iglesia.?

La ?nica "Vocaci?n" o llamada fundamental es la que hace Dios con la Palabra con la que llama a la existencia a todo lo que existe, y esta llamada, esta "vocaci?n" primigenia, es Cristo; que es la Palabra de Dios por la que todo lo que existe y cada uno de nosotros, se llama a la existencia (Cf Ef 1,3-10; Col 1,15-20). Es en particular interesante constatar que la forma m?xima de llamar hoy de parte de Dios a todo lo que existe, la m?xima presencia de Cristo en el mundo, tenga su realizaci?n en la Eucarist?a, pues es el memorial, la presencializaci?n de Cristo en el hoy de la historia (Cf Lc 22,19).?

En esta llamada de Dios, descubrimos tres momentos esenciales de la misma que la constituyen y que podemos sintetizar con tres palabras: "SER", "CON", "PARA". Esto es, somos llamados para ser (existir), con Dios, para los dem?s.?

As? por ejemplo lo podemos comprobar en la llamada que Cristo hace a sus ap?stoles (Mc 3,14-15), y muy en especial en la llamada que hace a la Virgen Mar?a para que sea la Madre de Dios, el Mes?as (Lc 1,26-38). Pero se trata de un paradigma que se extiende por toda la historia de la Salvaci?n.?

Estas tres palabras de la Vocaci?n nos van a servir como pauta para reflexionar sobre la doctrina pontificia acerca de la identidad del m?dico cat?lico que expusimos en la Carta del Pontificio Consejo.?

1. "SER"?

Cuando hablamos del "Ser" en la vocaci?n, hablamos de la existencia total. Dios habla y todo empieza a existir. Dice el G?nesis: "Entonces dijo Dios: que haya luz. Y hubo luz...(1,3). Cuando Dios pronuncia su Palabra, ?sta es pr?ctica: hace lo que dice, y todo tiene en ella su consistencia, su inicio y su fin, su totalidad.?

Cuando hablamos del aut?ntico m?dico cat?lico, ?ste es tal por una verdadera vocaci?n recibida de Dios mismo del cual recibe toda su existencia, por supuesto que sin excluir la colaboraci?n al llamado de parte del mismo m?dico. ?C?mo y en qu? consiste la vocaci?n m?di-ca, a qu? llama Dios al m?dico?: dise?amos a continuaci?n algunos rasgos del "ser" de esta llamada.?

1.1. La profesi?n?

En primer lugar diremos que Dios llama al m?dico para una profesi?n, que no es lo mismo que para un oficio. Profesiones propiamente se reconocen en la historia tres, la del sacerdote, la del m?dico y la del gobernante o del juez. Hay que notar que como dec?amos anteriormente la profesi?n es algo ligado con la profesi?n de la fe, es algo re-igioso. La profesi?n no es algo propiamente jur?dico, pues lo jur?dico en sentido positivo puede llevarse a cabo o no, o cambiarse seg?n la voluntad de los que contraen una obligaci?n, en cambio, la profesi?n es una obligaci?n y una responsabilidad que se contrae con Dios mismo. Es una responsabilidad, y una responsabilidad significa origi-nariamente la capacidad de responder, responder viene del griego "Spenden" que originariamente significa ofrecer un sacrificio de liba-ci?n a Dios. La responsabilidad profesional m?dica significa un com-promiso (Compromiso es syngrafein en griego, significa escribir jun-tos) que se escribe a partida doble entre el hombre y Dios.?

De esta sacralidad de la profesi?n m?dica se origina el juramento de Hip?crates, es el juramento de no hacer el mal al paciente, hacerle siempre el bien y estar totalmente por la vida en todas sus etapas, juramento que no es una promesa que se hace al paciente, sino que se hace directamente a Dios. La vocaci?n del m?dico en este contexto es una vocaci?n que nace del amor de Dios, es a Dios a quien el m?dico sigue en esta profesi?n, como el Bien sumamente amable .?

1.2. El amor de Dios en el m?dico?

Sin embargo, a pesar de lo sublime de esta posici?n hipocr?tica, ?sta es limitada y defectuosa. Habl?bamos del amor de Dios, pero este amor, de acuerdo con la mentalidad griega cl?sica, la mentalidad de S?crates y Plat?n, de la cual participaba Hip?crates, es algo defectuoso pues presupone necesidad y nunca es plenitud. De hecho, para la Filosof?a cl?sica griega, Dios no ama. Es sumamente amable, pero no ama, pues amar significar?a carencia y Dios no puede carecer de nada. El amor es propio s?lo del hombre necesitado e interesado en sa-ciarse, no de Dios el Omniperfecto. En la Mitolog?a griega, el amor na-ce de Poros y Penia en las bodas de Afrodita. Poros representa el expediente, la necesidad, y Penia, la pobreza; juntando necesidad con pobreza, nace el amor como deseo interesado.?

Esta mentalidad es totalmente corregida por la Revelaci?n divina: Dios mismo es Amor. Es esta la definici?n m?s profunda de Dios. Su amor no consiste en que carezca de algo, sino en la m?xima difusi?n de su propia bondad, que en tal forma se presenta que Dios Padre llega a amar tanto al mundo al que ha creado por amor difusivo de s?, que le entrega hasta la muerte a su Hijo Unig?nito (Jn 3,16).?

Por eso la profesi?n cristiana m?dica se centra en el amor, pero no en el amor interesado y pobre, hipocr?tico, sino que imita al amor perfecto de Dios y tiene su paradigma en el Buen Samaritano que en tal manera padece juntamente con el enfermo, en tal forma lo compadece, que provee a todo lo que ?ste necesita para su curaci?n. En esta forma el Buen samaritano viene a ser el ejemplo a imitar por el m?di-co cristiano. El Buen samaritano es la figura de Cristo que se ha com-padecido de toda la humanidad enferma y ca?da, y la ha levantado hasta su deificaci?n; es el amor infinito y est? tanto en el que ama como en el que es amado, est? en ambos como plenitud. Y as? el Buen Samaritano es la figura que identifica al m?dico que se compa-dece en hasta tal punto del paciente que hace todo lo que est? de su parte para devolverle la salud, por amor de plenitud .?

Hablando del amor que el m?dico debe tener a Dios y as? a sus pacientes, el Papa P?o XII nos habla de los mandamientos de la ley de Dios en el ?mbito de la medicina. Nos habla del primer mandamiento que es amar a Dios sobre todas las cosas y del segundo que es amar al pr?jimo como a uno mismo y en este amor hace consistir la identidad del m?dico cuando sus relaciones con el paciente est?n rodeadas de humanidad y comprensi?n, de delicadeza y solicitud.?

El mismo Papa P?o XII complementa los rasgos del ser del m?dico aludiendo a otros dos mandamientos en especial, al quinto, "no matar?s" y al octavo, "no mentir?s" .?

1.3. Respeto y Defensa de la Vida?

En cuanto al quinto mandamiento nos recuerda c?mo la identidad del m?dico cristiano consiste en que por el amor que est? obligado a tener a Dios y a su paciente, est? totalmente obligado a defender la vida en cualquier etapa en la que ?sta se encuentre, pero en especial en las etapas en las que m?s d?bil se sienta, como son las iniciales y terminales. Su personalidad se dise?a desde un claro y absoluto no al aborto y no a la eutanasia. En el quinto mandamiento se comprende toda la significaci?n de la vida humana, como un don dado por Dios en mera administraci?n al hombre y a la mujer, y que s?lo deber? tener su origen dentro del matrimonio.?

1.4. La formaci?n m?dica?

En el octavo mandamiento, "no mentir?s", nos habla del compromiso claro del m?dico hacia la verdad, tanto a la verdad de la enfermedad y de la salud, como a la verdad de la ciencia m?dica .?

La identidad del m?dico viene desde la formaci?n que recibe, ahora bien, si atendemos a la que viene d?ndose en muchas Facultades de medicina podemos constatar que ?sta tiene muchas deficiencias, en efecto, el curriculum escol?stico de la carrera m?dica tiene dos partes esenciales, la primera es de los conocimientos b?sicos y la segunda de los conocimientos que se obtienen por las ciencias cl?nicas dividi-das por disciplinas o bien por su consideraci?n de los diversos ?rga-nos del cuerpo humano. Es obvio que estas asignaturas deban impar-tirse, pero lo que a la vez se constata es que hay un reduccionismo bio-t?cnico; en la exposici?n de las materias se ha perdido su valor antropoc?ntrico y los valores ?ticos, afectivos y existenciales. El m?dico se entiende desde los requerimientos del paciente y las exigencias de un sistema economicista sanitario con plena indiferencia por las violaciones de los derechos del hombre, en especial de la vida humana.?

Muchas veces encontramos como paradigma de las aplicaciones cl?nicas actuales una fragmentaci?n y reducci?n del paciente a ?rganos y funciones biol?gicas o tecnol?gicas y a medicamentos; se pretende llegar a un dominio de conocimientos especializados fragmentados sin la perspectiva de totalidad mediante conocimientos y competencias relacionales con otros campos humanos fuera de la medicina; la idea de salud se propone como adaptaci?n pasiva a est?mulos pat?genos y de naturaleza biof?sica; la adaptaci?n de la cl?nica se hace con referencia tantas veces exclusiva a los requerimientos, incluso econ?micos, del sistema sanitario nacional; se constata la p?rdida de los valo-res ?ticos en la medicina y el anonimato de los pacientes; incluso se ve que se da poco valor a los aspectos existenciales de la profesi?n m?dica, a la persona del paciente, del m?dico y de la enfermera.?

Frente a esta problem?tica del "ser" m?dico desde sus inicios en la formaci?n que se recibe, se han formulado una serie de m?todos que han sido concebidos para hacer activa la ense?anza, especialmente desde el llamado PBL (Problem Based Learning) y el m?todo de ense?anza orientado hacia la comunidad que entiende al m?dico como una persona necesariamente competente a nivel relacional y cient?fico, inserto en una realidad comunitaria, capaz de colaborar con otras figuras sanitarias y administrar los recursos a disposici?n en un continuo aprendizaje, como abogado siempre de la salud del paciente, capaz de conjuntar los conocimientos con la pr?ctica m?dica, y por ello, en formaci?n continua.?

Esta clase de formaci?n m?dica dar?a una nueva comprensi?n de la salud y de la enfermedad, atender?a a la prevenci?n y manejo de la enfermedad en el contexto de la individualidad del paciente que se complementa por su propia familia y la sociedad entera; desarrollar?a as? un aprendizaje basado m?s en la curiosidad e investigaci?n continua que en adquisiciones pasivas; reducir?a la carga de la informaci?n; propiciar?a el contacto directo con los pacientes mediante el an?lisis personalizado de sus problemas y de todo su curriculum.?

Se deber?a pues elaborar un programa que se basara en los siguientes principios:?
1. Existencia de un significado comprensivo y ?ltimo del saber m?dico.?
2. Definici?n de su orientaci?n epistemol?gica.?
3. Definici?n de los valores, de las motivaciones, de la madurez psicol?gica, de la calidad de los conocimientos objetivos y de las capacidades metodol?gicas, relacionales, t?cnicas, aplicadas al ejercicio de la profesi?n.?
4. Definici?n de los valores, de las motivaciones y de las capacidades y de la calidad de la formaci?n de los docentes.?
5. Definici?n de los objetivos generales y parciales de la formaci?n.?
6. Definici?n de los m?todos did?cticos. Estos principios acogen los conocimientos epistemol?gicos de la medicina actual que consideran la salud como una construcci?n psico-biol?gica determinada por la posibilidad y la calidad de los recursos de la persona y finalizada en dar una respuesta unitaria a las preguntas fundamentales de la existencia humana .?

1.5. La formaci?n permanente?
La identidad del m?dico no se forja una vez por todas en su formaci?n inicial, sino que debe prolongarse en su formaci?n permanente. Exige la preparaci?n muy cuidadosa de los estudiantes de medicina, pero a la vez requiere la preparaci?n continua y progresiva de los profesores que imparten cualquier asignatura m?dica, preparaci?n que nunca de-be de faltar. Los profesores en especial tienen la responsabilidad de la promoci?n de los nuevos m?dicos, la que nunca facilitar?n si no les consta en conciencia de la capacidad de cada alumno para llevar a cabo tan delicada misi?n.?

En virtud del mismo octavo mandamiento les obliga a todos los m?dicos el secreto profesional, y como lo hemos ya repetido, poseer una s?lida cultura m?dica que debe constantemente perfeccionarse mediante la formaci?n permanente.?

2. "CON"?
Dec?amos que el segundo rasgo de la vocaci?n cristiana se expresa por la preposici?n "con", con Dios. Esto es, toda vocaci?n es para estar con Dios nuestro Se?or, que es Quien capacita al hombre para llevar a cabo una misi?n que sin su fuerza ser?a in?til emprenderla. Leemos en el libro del Exodo que dice Mois?s a Dios en el monte Horeb: "Y quien soy yo para presentarme ante el Fara?n y sacar de Egipto a los israelitas, y Dios le contest?: Yo estar? contigo..." (Ex 3,12).?

2.1. Transparencia de Cristo m?dico?
En este apartado esbozamos los m?s profundos valores que deben configurar la identidad del m?dico cat?lico. La personalidad del m?dico cristiano se identifica as? como transparencia de Cristo m?dico. Cristo envi? a sus ap?stoles a curar toda dolencia y enfermedad y les dijo, Yo estar? con Ustedes hasta que se acabe el mundo (Mc 16,17; Mt 28,20), el ministerio terap?utico lo ejerce as? el m?dico, al lado de los ap?stoles, como una continuaci?n de la misi?n de Cristo y como su propia transparencia.?

Hay que entender esta transparencia en toda su amplitud, el m?dico debe transparentar toda la vida de Cristo, ?sta es la presencia de Cristo en el m?dico. Pues Cristo cura toda dolencia y enfermedad con toda su actuaci?n tomada integralmente. Los milagros de curaciones que efectu?, incluso la resurrecci?n de los muertos, no eran algo definitivo en su lucha contra el mal que existe en la humanidad, contra su dolencia y muerte, sino s?lo un signo de la realidad profunda que entra?a su propia muerte y resurrecci?n.?

2.2. El Dolor?
El tom? todos los sufrimientos, todas las dolencias, todas las enfermedades, sin excepci?n y las resumi? en su propia muerte como la muerte del Dios hecho hombre, de manera que nada de dolor quedase fuera; y desde su muerte hizo explotar a la misma muerte, la venci? en la plenitud de su resurrecci?n. Uno de los grandes interrogativos del m?dico es siempre el problema del dolor, esta interrogaci?n tiene s?lo aqu? su respuesta, cuando el dolor no aparece como algo negativo, sino como una positividad que culmina es verdad en la muerte, pero en una muerte fecunda de resurrecci?n.?

As? el m?dico debe de curar, transparentando la muerte y la resurrecci?n de Cristo. Para esta transparencia es necesaria una identificaci?n del m?dico como tal, como sanador, con Cristo sanante. Esta identificaci?n hoy se lleva a cabo en especial en la Eucarist?a y en los dem?s sacramentos. Los sacramentos son la presencia hist?rica de Cristo en el hoy, en el momento concreto que atravesamos en la vida.?

2.3. La Salud?

Consecuentemente el m?dico deber? darse cuenta que la salud es complexiva y no se debe hablar de la salud corporal como algo radicalmente distinto de la salud completa que llamamos salud eterna o bien salvaci?n. Por eso el ministerio del m?dico es un ministerio ecle-sial que se dirige a la salvaci?n misma del hombre desde su cuerpo, pero que entra?a sus dem?s aspectos.?

As? describimos la salud como una tensi?n din?mica hacia la armon?a f?sica, ps?quica, social y espiritual y no s?lo la ausencia de enfermedad, que capacita al hombre para llevar a cabo la misi?n que Dios le ha encomendado, seg?n la etapa de la vida en la que se encuentre.?

La misi?n del m?dico es por tanto ocuparse de que se tenga esta tensi?n din?mica hacia la armon?a integral, tal como se requiere en cada etapa de la vida de este hombre concreto que es su paciente, de ma-nera que pueda llevar a cabo la misi?n que Dios le ha encomendado. De aqu? la incongruencia de reducir la funci?n m?dica al s?lo aspecto f?sico-qu?mico de la enfermedad, su funci?n es integral y adem?s no puede ser est?tica, sino que debe de insertarse dentro del dinamismo del paciente que tiende hacia su propia armon?a.?

En este contexto, la muerte no aparece como la frustraci?n del m?dico, sino como su triunfo, ya que ha acompa?ado a su paciente de manera que ?ste haya podido hacer rendir sus talentos al m?ximo en cada etapa de la vida y cuando ?sta llega a su final, cesa la funci?n m?dica, no en un grito de impotencia, sino en la satisfacci?n de la mi-si?n cumplida, tanto de parte del paciente, como de parte del mismo m?dico.?

As? el m?dico verdaderamente est? con Cristo y se identifica su profesi?n en esta comuni?n con Cristo mismo y entonces el m?dico se une con nuestro Padre Dios como un hijo con su Padre, y su amor profesional se vuelve la acci?n del Amor de Dios en s? mismo, que es el Esp?ritu Santo. Por eso el m?dico cristiano es aquel que es guiado siempre por el Esp?ritu Santo. Desde el Esp?ritu Santo y con el Esp?ritu Santo se entiende toda la simpat?a que deba existir entre el m?dico y el paciente, toda la debida humanizaci?n de la medicina y toda la exi-gencia hacia la actualizaci?n y formaci?n permanente, pues el Amor del Esp?ritu Santo hace al m?dico una persona esencialmente abierta para los dem?s, es a lo que se ha obligado ante Dios por su profesi?n de Fe que significa su profesi?n m?dica. As? llegamos a delinear aho-ra el tercer rasgo de la identidad m?dica, ser para los dem?s, es el "PARA" de su vocaci?n y de su identidad profesional.?

3. "PARA"?
Cuando Dios ha elegido a Mois?s, es muy claro que lo ha hecho para que saque a su pueblo del poder de los egipcios, dice Dios, "He baja-do para salvarlos del poder de los egipcios" ( Ex 3,8).?

El m?dico no puede encerrarse en s? mismo. No puede simplemente pensar que ya tiene suficiente dinero, que ya no necesita trabajar, y que por tanto ahora se retira de su profesi?n, un verdadero m?dico es m?dico para toda la vida, si verdaderamente ha recibido esta vocaci?n, la tendr? para siempre y la deber? ejercer para la humanidad como una misi?n precisamente recibida para bien de todos, y de la cual deber? dar cuenta a Dios cuando El le diga "estuve enfermo y me fuiste a ver" (Mt 25, 36.43).?

3.1. Apertura al paciente?
Dec?amos que el amor de la profesi?n m?dica se calca en el amor de Dios que es difusivo de s?. No puede encerrar su conocimientos en puras teor?as y laboratorios, sino que debe de expanderlos en favor de la comunidad. Ha recibido el don de vigilar y hacer crecer la vida. Su vocaci?n es para la vida, nunca para la muerte, ser?a cegar la misi?n que Dios le ha encomendado a cada persona humana. Al ministerio religioso se acopla hoy, dice el Papa Juan Pablo II, el ministerio tera-p?utico de los m?dicos en la afirmaci?n de la vida humana y de todas aquellas singulares contingencias en las cuales la misma vida puede estar comprometida por un prop?sito de la voluntad humana. En su m?s profunda identidad llevan consigo el ser ministros de la vida y nunca instrumentos de muerte. Esta es la naturaleza m?s ?ntima de su noble profesi?n. Est?n llamados a humanizar la medicina y los lugares en los que se ejerce, y a hacer que las tecnolog?as m?s avanzadas se usen para la vida y no para la muerte; teniendo siempre como supre-mo modelo a Cristo, m?dico de los cuerpos y de las almas .?

El m?dico cat?lico, dice el Papa P?o XII, debe poner a disposici?n de los enfermos su saber, sus fuerzas, su coraz?n y su devoci?n. Debe comprender que ?l y sus pacientes se encuentran sujetos a la voluntad de Dios. La medicina es un reflejo de la bondad de Dios. Debe ayudar a que el enfermo acepte su enfermedad, y ?l mismo debe cuidarse del encandilamiento de la t?cnica y hacer fructificar los dones que Dios le ha dado y no ceder a las presiones para realizar atentados contra la vida. Debe permanecer fuerte frente a las tentaciones del materialismo .?

El buen m?dico debe tener as? las virtudes diano?ticas y las pol?ticas y hacer de ellas una virtuosidad, esto es, un h?bito, de manera que tanto las virtudes que ven a las ciencias te?ricas como aquellas que ven a las pr?cticas, se encuentren en ?l como si fueran su segunda naturaleza .?

3.2. Cualidades fundamentales del m?dico?

As? se han llegado a tipificar las cualidades fundamentales del m?dico en 5 renglones: Conciencia de responsabilidad, humildad, respeto, amor y veracidad. La conciencia de responsabilidad lo lleva a trabajar con el enfermo y ser consciente de que el m?dico es el que da la di-recci?n; la humildad le dice que el m?dico vale por sus enfermos y no al rev?s, la humildad lo hace reconocerse como deudor del enfermo; el m?dico no puede hablar de "sus" pacientes, sino m?s bien los en-fermos hablar?n de "su" m?dico. El m?dico debe recibir a sus enfer-mos como est? escrito en el dintel de un viejo hospital alem?n: "recipere quasi Christum", debe recibir a sus enfermos como si fueran el mismo Cristo. El respeto y el amor al enfermo, del que hemos ya hablado, fundamentan su humildad, se sabe depositario de una misi?n para la cual no tiene las fuerzas necesarias, sino que las recibe de quien lo env?a para la misma. La veracidad entra?a ser consciente de la gran confianza que le tiene el enfermo al revelarle sus intimidades; se exige veracidad en el diagn?stico y en la terapia, no s?lo en el plano corporal sino integral, mental, social, ps?quico, espiritual; nunca debe de experimentar en el enfermo si en ello se encuentra un peligro desproporcionado al bien que se pretende alcanzar, que esto sea ab-solutamente necesario y que el enfermo est? de acuerdo; debe comu-nicar al enfermo el desarrollo de su enfermedad, decirle la verdad de su estado cu?ndo y c?mo sea m?s oportuno. Debe complementar su acci?n con la acci?n del sacerdote pues ambas misiones, la del sacerdote y la del m?dico, se encuentran estrechamente enlazadas .?

3.3. Retrato del M?dico?

No deja de tener actualidad el "Retrato del perfecto m?dico" que en la Espa?a del siglo XVI, con el lenguaje florido de aquella ?poca describi? Enrique Jorge Enriquez y que dice as?: "El m?dico ha de ser temiente del Se?or y muy humilde, y no soberbio y vanaglorioso, y que sea caritativo con los pobres, manso, benigno, afable y no vengativo. Que guarde el secreto, que no sea lenguaraz ni murmurador, ni lisonjero ni envidioso. Que sea prudente, templado, que no sea demasiado osado..., que sea continente y dado a la honestidad y recogido; que trabaje en su arte y que huya de la ociosidad. Que sea el m?dico muy le?do y que sepa dar raz?n de todo" .?

En la actualidad hablar?amos de la excelencia m?dica, ser?a lo que Arist?teles llamaba el "Teleios iatr?s" (perfecto m?dico), o Galeno, "Arist?s iatr?s" (M?dico mejor).?

3.4. Moral y Derecho?

Hab?amos dicho en un principio que la profesi?n m?dica es algo que excede al Derecho y se sit?a dentro de los marcos de la Moral, y es cierto, pero no por eso puede prescindir del Derecho m?dico. Un Derecho m?dico sin una Moral adecuada, ser?a una arbitrariedad fundada en intereses inconfesables; una Moral sin un Derecho m?dico quedar?a en principios generales sin aplicaci?n directa. Las normas del Derecho m?dico deben ser suficientemente claras y breves para facilitar la acci?n del m?dico. El principio conductor siempre es el mismo: la finalidad del m?dico es socorrer y sanar, no hacer el mal ni matar.?

Menci?n especial merece pues el campo de la Etica, el campo de la Moral, en el que el m?dico debe ser competente, pero en el que tantas veces no es un especialista; por eso se exigen los comit?s de Bio?tica en cada centro de salud, y tambi?n su erecci?n en los centros docentes, en franco di?logo con los especialistas en las diversas materias implicadas.?

De esta manera el m?dico se capacita para dar testimonio de Dios en todos los ambientes m?dicos, sindicales, pol?ticos, etc., incluso, pueden ser v?lidos portadores del di?logo ecum?nico y con otras religiones, ya que la enfermedad no conoce las barreras religiosas. As? el m?dico activamente pertenecer? a la Iglesia como persona individual y como grupo .?

3.5. Trabajo en equipo?

Para llevar a cabo esta misi?n tan exigente, el m?dico no puede quedarse encerrado en su propia individualidad, debe abrirse en primer lugar a otros m?dicos y tener la humildad suficiente para trabajar en colaboraci?n y en equipo; tanto en cuestiones estrictamente fisiol?gicas, como en especial en aquellas relacionales que tienen que ver con campos que no necesariamente domina y que en cierto modo caen fuera de su competencia, vgr., aspectos sociol?gicos, antropol?gicos, pol?ticos, de campos t?cnicos m?s all? de su profesi?n, vgr., todo lo referido al campo estricto de la inform?tica.?

En cierta forma, dentro de esta apertura, en el campo espa?ol de la medicina se dise?a lo que dos autores llaman el dec?logo del nuevo m?dico y lo expresan as?:?
1. Trabajo en equipo multidisciplinar y con un responsable final ?nico.?
2. Cuanto m?s cient?fico sea el profesional, mejor.?
3. Se reforzar?n los aspectos humanos en el ejercicio profesional.?
4. Se ajustar? la actuaci?n a protocolos diagn?sticos y terap?uticos cient?ficos consensuados.?
5.Tendr?n conciencia del gasto. Utilizar? adem?s de los protocolos, gu?as de buena pr?ctica.?
6. Facilitar? la convivencia y la solidaridad con los compa?eros de trabajo y con los enfermos.?
7. Pensar? que todo acto asistencial puede comportar una actuaci?n preventiva, e incluso, de promoci?n de la salud.?
8. Tendr? presente en todo momento la necesidad de cuidar de la satisfacci?n del usuario del servicio.?
9. Se reforzar?n las Unidades de Atenci?n al paciente, difundiendo las quejas y sugerencias que se produzcan entre las personas a quienes afecte. Se realizar?n frecuentes encuestas de opini?n.?
10. Ser? fundamental aplicar los principios ?ticos a las ac-tividades profesionales.?

Conclusi?n?

Ser m?dico cat?lico es un ministerio que surge de una vocaci?n en la Iglesia. Es el ministerio terap?utico. Est? ligado fuertemente a Dios nuestro Padre, transparentando a Cristo m?dico, lleno del Amor que es el Esp?ritu Santo. Ser m?dico es un camino para llegar a la plenitud del ser humano; incoar ya la resurrecci?n. Comporta una proximidad e intimidad especial con Dios, a la vez que significa una apertura y una donaci?n total a los dem?s. Esta es la identidad cat?lica del m?dico, ser la transparencia de Cristo que sana.?

Ser profesor cat?lico de medicina es tener la profundidad de mirada para poder ver en la misma muerte la resurrecci?n. Pero no s?lo, es la capacidad de intuir en la salud una tensi?n arm?nica que camina hacia la plenitud, de acuerdo a las diversas etapas de la vida de las personas; y es palpar en las ciencias, t?cnicas y artes m?dicos la fuerza omnipotente de Dios que resucita a su Hijo Jesucristo y que nos da ya un pregustar de la resurrecci?n en los adelantos m?dicos. Ser profesor cat?lico de medicina es ense?ar al Amor con el que el Esp?ritu Santo entrega al Padre a Jesucristo en la cruz, y con su fuerza amorosa lo resucita. Ser profesor cat?lico de medicina es ense?ar al m?dico a ser la caricia amorosa de Dios que cuida de sus hijos en la enfermedad y en la muerte, haci?ndoles m?s llevadera su condici?n y abri?ndolos a una esperanza total de una salud que no ser? ya tensi?n hacia la armon?a, sino la armon?a total del amor. Ser profesor cat?lico de medicina es ense?ar al m?dico a ser la transparencia de Cristo que sana,?

CD. del Vaticano, abril 15 de 2007.?
+ Javier Card. Lozano Barrag?n.?
Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud.


Publicado por mario.web @ 19:21
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